miércoles, 29 de abril de 2015

Aguirre: la de los altos techos y los bajos principios morales

Ahora resulta que la cínica y lenguaraz Aguirre, candidata a la Alcaldía madrileña por el partido que alberga más corruptos por metro cuadrado, quiere remodelar la estética de las calles de la ciudad expulsando de ellas a la gente sin techo. La que no tiene otro recurso que dormir en ellas.

Dormir en la calle es algo que admite diversos enfoques. Para un nómada o un neoliberal —cuyas respectivas doctrinas ideológicas no se diferencian gran cosa en el repudio de cualquier traba que se oponga a la libertad del individuo— la pernocta allí donde caiga la noche es un derecho inalienable. Con vitriólica agudeza, Anatole France, Nobel de Literatura (1921), señaló que: "La justicia, en su majestuosa igualdad, permite tanto al rico como al pobre dormir de noche bajo un puente y mendigar en la calle".

No es habitual ver a los ricos ejerciendo este derecho a dormir bajo los puentes, pero para los desposeídos de fortuna, los así llamados sin techo, dormir en la puñetera calle, más que una opción, es el último recurso que les queda para subsistir por debajo de las coberturas elementales de la pirámide de Maslow
Tener una vivienda, especialmente cuando se trata de un palacete con techos altos también puede suponer un problema. La condesa consorte de Murillo, Esperanza Aguirre Gil de Biedma, acomodada terrateniente con una dilatada carrera política, declaró tener dificultades para llegar a final de mes cuando era presidenta de la Comunidad de Madrid. “Lo que peor llevo es la electricidad. Tengo unos techos altísimos y la calefacción es eléctrica, ¡un horror!, no tener pagas extras me tiene mártir, las he tenido toda mi vida y las echo de menos en Navidad y en verano. No es que haga números a final de mes; es que muchas veces no llego, con la excepción de cuando fui presidenta del Senado, que entonces sí cobraba un buen sueldo”.(1) Con el tiempo saldría a la luz que la Comunidad de Madrid pagó la factura de electricidad de Aguirre entre finales de 2003 y principios de 2012. El monto total acumulado costeado con fondos públicos se situó entre los 21.000 y 32.000 euros. 

Pese a presumir de liberal, Aguirre, con manifiesta ignorancia de su propia doctrina, se comprometió con representantes del sector turístico a "estudiar a fondo" por qué "está permitido vivir en la calle". Y añadió: "Hoy, será casualidad, pero en el barrio de Las Letras, Azca, en la Plaza Mayor, en Arganzuela, en todas partes, la mayor queja de los vecinos por lo que no pueden [sic] disfrutar los parques es porque hay una serie de personas, generalmente de origen extranjero y muchas veces formando parte de organizaciones, que no sé si llamar mafias, no solo para sobrevivir o tener un buen vivir a base de estas cuestiones que hay que estudiar y erradicar".

Las calles de Madrid son un ejemplo de la precariedad instalada por la políticas neoliberales. Hay un pobre pidiendo en la puerta de cada supermercado, un desharrapado en cada semáforo intentando vender pañuelos de papel a los conductores. Y hay mendigos durmiendo entre cartones en los parques, en los bancos, en los recintos de los cajeros automáticos de los bancos que han originado la crisis económica. 
 

En un Estado digno tal vez se pudiera plantear la oportunidad de prohibir la mendicidad, que es obvio que afea las calles y las conciencias. Pero una prohibición de esa índole sólo podría fundamentarse en la garantía de que todo ciudadano contase con una renta mínima, viniese esta del mercado o del Gobierno. El problema deriva de que no vivimos en un Estado digno, sino en un Estado que, más que de derecho, está hecho a la medida y conveniencia de esa derecha casposa y dura a la que, tanto Aguirre como su predecesor en el gobierno regional y nefasto alcade de Madrid, Alberto Ruiz-Gallardón, representan.

Porque, ay la memoria frágil, como en su momento anoté en esta bitácora, también Ruiz-Gallardón tuvo la tentación totalitaria de proponer que el Parlamento estudiase una ley que permitiera a la policía expulsar de las calles a los indigentes que viven en ellas.

Aparte de por su acción depredadora sobre los servicios públicos, Aguirre se caracteriza por un cinismo lenguaraz que no mide el alcance de sus palabras. Y en aquella ocasión, ¡ay las hemerotecas! se desmarcó de su correligionario: "No soy amiga de las prohibiciones. Hay muchos ciudadanos que consideran que se estaría muchísimo mejor durmiendo en un albergue que durmiendo al raso y, sin embargo, hay otros que no lo estiman así. Eso no quiere decir que, por opinar eso, que nos parece a todos muy raro, vayamos a privarles de sus derechos. El hecho de que no quieran aceptar esos servicios municipales es algo que muchos no compartimos y no comprendemos, pero es un hecho real, no hay que asomarse a la calle, no ya en Madrid, en todas las ciudades más avanzadas del mundo", explicó la condesa. Que por entonces todavía no se había aficionado al deporte de huir alocada y vergonzosamente de los agentes municipales de tráfico. 

Por estas declaraciones, sobre Aguirre ha caído un alud de justificadas críticas que en su mayoría suscribo y a las que no añadiré un ápice para no acumular redundancias. Me limitaré a recordar algo leído en un texto del fallecido profesor Gregorio Peces-Barba, y que cito en su textualidad: 
 
"Wittgenstein, en sus Philosophical Investigations, identificará certeramente esos comportamientos en los que el lenguaje 'se va de vacaciones y empieza a operar locamente, como una turbina que girase en el aire fuera de sus engranajes'. Lanzar 'la lengua a paseo' es irresponsable: expresa una categoría ínfima y poca grandeza".


Si hay algo que ensucia nuestros espacios públicos de diálogo y rebaja la acción política a los más ínfimos niveles es esa irresponsable tendencia de muchos de sus actores a lanzar la lengua a paseo. 

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(1) Drake,Virginia: Esperanza Aguirre: la presidenta, Esfera de los libros, Madrid, 2006, p. 479. 


 

martes, 21 de abril de 2015

Tragedia en el Mediterráneo: 700 muertos

La tragedia del pasado fin de semana es la más grande en cuanto a pérdida de vidas humanas que se ha producido en el Mediterráneo. Semanas antes, 400 personas perdieron la vida en un incidente similar. Y miles más perderán sus vidas en las próximas semanas si la Unión Europea no actúa ahora. En el año 2014 aproximadamente 219.000 personas cruzaron el Mediterráneo, y 3.500 personas perdieron la vida.


Una de las muchas objeciones manejadas por los opositores a la Renta Básica de Ciudadanía es el riesgo de que la instauración de esta medida en un país como el nuestro, ejerciera como hipotético atractor de migrantes venidos de países más pobres con el propósito deliberado de beneficiarse de esta medida. En definitiva, que la RBC actuase como un 'efecto llamada'.
                                   
Es una hipótesis que cabe inscribir en el marco de prejuicios contra la pobreza en general. Porque como la realidad se encarga de demostrar, a través de episodios tan dolorosos como este, el hecho cierto es la existencia de un flujo constante e imparable de gentes de distintas regiones de África que huyen de la miseria, la persecución política, ideológica o religiosa. Aunque en ningún país europeo haya establecido nada parecido al ingreso universal garantizado. 


Es el caso de Tareke Brahne (*). "Huí de Eritrea cuando tenía 17 años, escapando de los militares, la guerra y una dictadura feroz. Estaba desesperado. Nada me podía parar, ni siquiera el miedo a morir en el mar. Fui rechazado en un primer intento de llegar a Italia, pero lo intenté de nuevo, y lo conseguí". 


El Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) confirma que se ha reducido el perfil de los que viajan motivos económicos y ha aumentado el de personas afectadas por conflictos en sus países de origen.

Es decir, que cabría más bien hablar de 'efecto escape' antes que de efecto llamada. La presión social, económica y política que soportan los habitantes de los países más conflictivos es la que empuja a la población a buscar una válvula de escape a toda costa. A todo riesgo. 

Firmar la petición: "No más muertes en el Mediterráneo"
 
http://www.change.org/p/no-m%C3%A1s-muertes-en-el-mediterr%C3%A1neo-junckereu-marianorajoy-nom%C3%A1smuertes

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(*)Tareke Brhane es el presidente del "Comité 3 de Octubre", una organización sin ánimo de lucro fundada tras el hundimiento de un barco en Lampedusa el 3 de octubre de 2013, donde 368 personas perdieron la vida. El objetivo de la organización es la adopción de un día conmemorativo en honor a los migrantes que han muerto, así como las personas que han arriesgado sus vidas para salvarles, a celebrarse cada 3 de octubre. Tareke ha recibido la medalla al activismo social en 2014, durante la XIV Cumbre de Premios Nobel de la Paz.
 

lunes, 6 de abril de 2015

We (must) are all kenians

"El olor de la muerte flota en los pasillos vacíos de la universidad. Libros esparcidos en el suelo entre charcos oscuros de sangre seca: se retiraron los cuerpos, pero el lunes, un olor fétido impregnaba la Universidad keniana de Garissa, donde el comando islamista efectuó la carnicería".

Con estas tremendas palabras describe Jeune Afrique el dramático ambiente que se respira en la universidad de Garissa tras la horrible matanza de 148 estudiantes cristianos perpetrada el pasado jueves
por un grupo armado perteneciente a Al Shabab (Haraka al-shebab el-moudjahidin, en árabe "Movimiento Juvenil Mujahidin"). Un movimiento islámico nacionalista somalí, cuyos combatientes yihadistas niegan cualquier interferencia externa en Somalia y rechazan cualquier cosa que no esté relacionada con el Islam.


El comando separó a los estudiantes musulmanes de los cristianos, asesinando luego a estos últimos a mansalva. Los propios musulmanes de Kenia fueron los primeros en reaccionar, mostrando su repulsa por el crimen con pancartas en las que se podía leer We are all kenians

Después del lema Je suis Charlie, surgido tras el atentado contra Charlie Hebdo en París, ahora es el Je suis kenyan el nuevo lema que corre por las redes sociales de los países francófonos. Recorridas también por un flujo de indignación denunciando la actitud de los jefes de Estado ante esta nueva matanza. Que no ha suscitado reacciones como las que condujeron a la manifestación internacional celebrada el 11 de enero en París. 

Tampoco los media tradicionales le han concedido una importancia acorde a la magnitud de la tragedia. En EE.UU., por ejemplo, Charlie Hebdo había sido citado más de 1.400 veces  en los medios de comunicación estadounidenses en las 24 horas siguientes a los ataques de los hermanos Kouachi. El ataque en Garissa, se ha citado sólo 214 veces, según informa breaking3zero

Por su parte, el presidente del Gobierno español, Mariano Rajoy, ha demostrado su falta de sensibilidad confundiendo hasta el nombre del país (dice Nigeria en vez de Kenia) en el curso de una entrevista en RNE, que se puede escuchar en este audio. "Hemos visto las atrocidades de Túnez y las hemos visto ahora en Nigeria, algo verdaderamente dramático, más de 150 jóvenes asesinados por la barbarie y por el fanatismo".

Tremenda imagen de cadáveres de los estudiantes asesinados en la universidad de Garissa.

Por supuesto, también en Nigeria corre la sangre inocente a causa de las masacres llevadas a cabo por los yihadistas de Boko Haram. Pero en su declaración, señor presidente, tocaba conmoverse por Kenia: todos somos, o mejor dicho, deberíamos ser kenianos.