viernes, 25 de abril de 2014

Grândola, Vila Morena: 40 años después

A las 0.20 del día 25 de abril de 1974 en el programa Limite de Radio Renascença se emitió la canción Grândola, Vila Morena, que era la segunda y última señal para dar comienzo al movimiento revolucionario que derrotaría a la dictadura de Salazar y daría libertad a Portugal y a su gran imperio colonial.


Las fuerzas del ejército portugués organizadas por el MFA serían las encargadas de conseguir la libertad con el apoyo del pueblo, que colocó claveles rojos en las bocas de los cañones de los tanques y los fusiles de los soldados. La primera señal fue emitida a las 22.55 del día 24 de abril y fue la música E depois do adeus (Y después del adiós), cantada por Paulo de Carvalho.

Cuarenta años después, la sociedad portuguesa vive bajo las garras de otra dictadura, la impuesta por el neoliberalismo en toda la península Ibérica, que destruye el tejido social recortando brutalmente derechos básicos: sanidad, educación empleo y pensiones.




     Grândola, vila morena
    Terra da fraternidade
    O povo é quem mais ordena
    Dentro de ti, ó cidade

    Dentro de ti, ó cidade
    O povo é quem mais ordena
    Terra da fraternidade
    Grândola, vila morena

    Em cada esquina um amigo
    Em cada rosto igualdade
    Grândola, vila morena
    Terra da fraternidade

    Terra da fraternidade
    Grândola, vila morena
    Em cada rosto igualdade
    O povo é quem mais ordena

    À sombra duma azinheira
    Que já não sabia a idade
    Jurei ter por companheira
    Grândola a tua vontade

    Grândola a tua vontade
    Jurei ter por companheira
    À sombra duma azinheira
    Que já não sabia a idade

  

sábado, 19 de abril de 2014

Gabriel García Márquez: Por un país al alcance de los niños


 Una imagen de perfil del escritor de enero de 2010. Foto: Daniel Mordzinski / EL PAÍS

Figuras de la talla de Gabriel García Márquez nos reconcilian con una civilización que sufre una crisis, sobre todo de valores, donde sólo lo económico parece tener importancia. Una civilización que no sólo ha producido banqueros, sino maestros en la literatura, las artes y las ciencias. Ahora, cuando el gran escritor ha emprendido su último viaje, el mejor homenaje que podemos rendirle es leer sus escritos. El que se reproduce a continuación es un ejemplo de reflexión histórica, política y moral con validez universal. Son estos los valores con los que podemos rearmarnos para combatir a los delincuentes financieros y a los gobernantes que los amparan.


                           Por un país al alcance de los niños    
GABRIEL GARCÍA MÁRQUEZ

Los primeros españoles que vinieron al Nuevo Mundo vivían aturdidos por el canto de los pájaros, se mareaban con la pureza de los olores y agotaron en pocos años una especie exquisita de perros mudos que los indígenas criaban para comer. Muchos de ellos, y otros que llegarían después, eran criminales rasos en libertad condicional, que no tenían más razones para quedarse. Menos razones tendrían muy pronto los nativos para querer que se quedaran.

Cristóbal Colón, respaldado por una carta de los reyes de España para el emperador de China, había descubierto aquel paraíso por un error geográfico que cambió el rumbo de la historia. La víspera de su llegada, antes de oír el vuelo de las primeras aves en la oscuridad del océano, había percibido en el viento una fragancia de flores de la tierra que le pareció la cosa más dulce del mundo. En su diario de a bordo escribió que los nativos los recibieron en la playa como sus madres los parieron, que eran hermosos y de buena índole, y tan cándidos de natura, que cambiaban cuanto tenían por collares de colores y sonajas de latón. Pero su corazón perdió los estribos cuando descubrió que sus narigueras eran de oro, al igual que las pulseras, los collares, los aretes y las tobilleras; que tenían campanas de oro para jugar, y que algunos ocultaban sus vergüenzas con una cápsula de oro. Fue aquel esplendor ornamental, y no sus valores humanos, lo que condenó a los nativos a ser protagonistas del nuevo génesis que empezaba aquel día.

Muchos de ellos murieron sin saber de dónde habían venido los invasores. Muchos de éstos murieron sin saber dónde estaban. Cinco siglos después, los descendientes de ambos no acabamos de saber quiénes somos.

Era un mundo más descubierto de lo que se creyó entonces. Los incas, con 10 millones de habitantes, tenían un estado legendario bien constituido con ciudades monumentales en las cumbres andinas para tocar al dios solar. Tenían sistemas magistrales de cuenta y razón, y archivos y memorias de uso popular, que sorprendieron a los matemáticos de Europa, y un culto laborioso de las artes públicas, cuya obra magna fue el jardín del palacio imperial, con árboles y animales de oro y plata en tamaño natural. Los aztecas y los mayas habían plasmado su conciencia histórica en pirámides sagradas entre volcanes acezantes, y tenían emperadores clarividentes y artesanos sabios que desconocían el uso industrial de la rueda, pero la utilizaban en los juguetes de los niños.

En la esquina de los dos grandes océanos se extendían 40.000 leguas cuadradas que Colón entrevió apenas en su cuarto viaje, y que hoy lleva su nombre: Colombia. Lo habitaban desde hacía unos 12.000 años varias comunidades dispersas de lenguas diferentes y culturas distintas, y con sus identidades propias bien definidas. No tenían una noción de Estado, ni unidad política entre ellas, pero habían descubierto el prodigio político de vivir como iguales en las diferencias. Tenían sistemas antiguos de ciencia y educación, y una rica cosmología vinculada a sus obras de orfebres geniales y alfareros inspirados. Su madurez creativa se había propuesto incorporar el arte a la vida cotidiana -que tal vez sea el destino superior de las artes- y lo consiguieron con aciertos memorables, tanto en los utensilios domésticos como en el modo de ser. El oro y las piedras preciosas no tenían para ellos un valor de cambio sino un poder cosmológico y artístico, pero los españoles los vieron con los ojos de Occidente: oro y piedras preciosas de sobra para dejar sin oficio a los alquimistas y empedrar los caminos del cielo con doblones de a cuatro. Esa fue la razón y la fuerza de la Conquista y la Colonia, y el origen real de lo que somos.

Tuvo que transcurrir un siglo para que los españoles conformaran el estado colonial, con un solo nombre, una sola lengua y un solo dios. Sus límites y su división política de 12 provincias eran semejantes a los de hoy. Esto dio por primera vez la noción de un país centralista y burocratizado, y creó la ilusión de una unidad nacional en el sopor de la Colonia. Ilusión pura, en una sociedad que era un modelo oscurantista de discriminación racial y violencia larvada, bajo el manto del Santo Oficio. Los tres o cuatro millones de indios que encontraron los españoles estaban reducidos a un millón por la crueldad de los conquistadores y las enfermedades desconocidas que trajeron consigo. Pero el mestizaje era ya una fuerza demográfica incontenible. Los miles de esclavos africanos, traídos por la fuerza para los trabajos bárbaros de minas y haciendas, habían aportado una tercera dignidad al caldo criollo, con nuevos rituales de imaginación y nostalgia, y otros dioses remotos. Pero las leyes de Indias habían impuesto patrones milimétricos de segregación según el grado de sangre blanca dentro de cada raza: mestizos de distinciones varias, negros esclavos, negros libertos, mulatos de distintas escalas. Llegaron a distinguirse hasta 18 grados de mestizos, y los mismos blancos españoles segregaron a sus propios hijos como blancos criollos.

Los mestizos estaban descalificados para ciertos cargos de mando y gobierno y otros oficios públicos, o para ingresar en colegios y seminarios. Los negros carecían de todo, inclusive de un alma; no tenían derecho a entrar en el cielo ni en el infierno, y su sangre se consideraba impura hasta que fuera decantada por cuatro generaciones de blancos. Semejantes leyes no pudieron aplicarse con demasiado rigor por la dificultad de distinguir las intrincadas fronteras de las razas, y por la misma dinámica social del mestizaje, pero de todos modos aumentaron las tensiones y la violencia raciales. Hasta hace pocos años no se aceptaban todavía en los colegios de Colombia a los hijos de uniones libres. Los negros, iguales en la ley, padecen todavía de muchas discriminaciones, además de las propias de la pobreza.

La generación de la Independencia perdió la primera oportunidad de liquidar esa herencia abominable. Aquella pléyade de jóvenes románticos, inspirados en las luces de la Revolución Francesa, instauró una república moderna de buenas intenciones, pero no logró eliminar los residuos de la Colonia. Ellos mismos no estuvieron a salvo de su hados maléficos. Simón Bolívar, a los 35 años, había dado la orden de ejecutar 800 prisioneros españoles, inclusive a los enfermos de un hospital. Francisco de Paula Santander, a los 28, hizo fusilar a los prisioneros de la batalla de Boyacá, inclusive a su comandante. Algunos de los buenos propósitos de la república propiciaron de soslayo nuevas tensiones sociales de pobres y ricos, obreros y artesanos y otros grupos marginales. La ferocidad de las guerras civiles del siglo XIX no fue ajena a esas desigualdades, como no lo fueron las numerosas conmociones políticas y civiles que han dejado un rastro de sangre a lo largo de nuestra historia. Dos dones naturales nos han ayudado a sortear ese destino funesto, a suplir los vacíos de nuestra condición cultural y social, y a buscar a tientas nuestra identidad. Uno es el don de la creatividad, expresión superior de la inteligencia humana. El otro es una arrasadora determinación de ascenso personal. Ambos ayudados por una astucia casi sobrenatural, y tan útil para el bien como para el mal, fueron un recurso providencial de los indígenas contra los españoles desde el día mismo del desembarco. Para quitárselos de encima, mandaron a Colón de isla en isla, siempre a la isla siguiente, en busca de un rey vestido de oro que no había existido nunca. A los conquistadores convencidos por las novelas de caballería los engatusaron con descripciones de ciudades fantásticas construidas en oro puro. A todos los descaminaron con la fábula de El Dorado mítico que una vez al año se sumergía en su laguna sagrada con el cuerpo empolvado de oro. Tres obras maestras de una epopeya nacional, utilizadas por los indígenas como un instrumento para sobrevivir. Tal vez de esos talentos precolombinos nos viene también una plasticidad extraordinaria para asimilarnos con rapidez a cualquier medio y aprender sin dolor los oficios más disímiles: fakires en la India, camelleros en el Sáhara o maestros de inglés en Nueva York.

Del lado hispánico, en cambio, tal vez nos venga el ser emigrantes congénitos con un espíritu de aventura que no elude los riesgos. Todo lo contrario: los buscamos. De unos cinco millones de colombianos que viven en el exterior, la inmensa mayoría se fue a buscar fortuna sin más recursos que la temeridad, y hoy están en todas partes, por las buenas o por las malas razones, haciendo lo mejor o lo peor, pero nunca inadvertidos. La cualidad con que se les distingue en el folclor del mundo entero es que ningún colombiano se deja morir de hambre. Sin embargo, la virtud que más se les nota es que nunca fueron tan colombianos como al sentirse lejos de Colombia.

Así es. Han asimilado las costumbres y las lenguas de otros como las propias, pero nunca han podido sacudirse del corazón las cenizas de la nostalgia, y no pierden ocasión de expresarlo con toda clase de actos patrióticos para exaltar lo que añoran de la tierra distante, inclusive sus defectos. En ciudades menos pensadas de cualquier país puede encontrarse a la vuelta de una esquina la reproducción en vivo de una calle cualquiera de Colombia: las casas de colores intensos, la fonda con el nombre de la ciudad amada, el salón de cine en español, la escuela 20 de Julio junto a la cantina 7 de Agosto con sus chorros de músicas enloquecidas, la plaza de árboles polvorientos todavía con las guirnaldas de papel del último viernes fragoroso.

La paradoja es que estos conquistadores nostálgicos, como sus antepasados, nacieron en un país de puertas cerradas. Los libertadores trataron de abrirlas a los nuevos vientos de Inglaterra y Francia, a las doctrinas jurídicas y éticas de Bentham, a la educación de Lancaster, al aprendizaje de las lenguas, a la popularización de las ciencias y las artes, para borrar los vicios de una España más papista que el Papa y todavía escaldada por el acoso financiero de los judíos y por 800 años de ocupación islámica. Los radicales del siglo XIX, y más tarde la Generación del Centenario, volvieron a proponérselo con políticas de inmigraciones masivas para enriquecer la cultura del mestizaje, pero unas y otras se frustraron por un temor casi teológico de los demonios exteriores. Aún hoy estamos lejos de imaginar cuánto dependemos del vasto mundo que ignoramos.

Somos conscientes de nuestros males, pero nos hemos desgastado luchando contra los síntomas mientras las causas se eternizan. Nos han escrito y oficializado una versión complaciente de la historia, hecha más para esconder que para clarificar, en la cual se perpetúan vicios originales, se ganan batallas que nunca se dieron y se sacralizan glorias que nunca merecimos. Pues nos complacemos en el ensueño de que la historia no se parezca a la Colombia en que vivimos, sino que Colombia termine por parecerse a su historia escrita.

Por lo mismo, nuestra educación conformista y represiva parece concebida para que los niños se adapten por la fuerza a un país que no fue pensado para ellos, en lugar de poner el país al alcance de ellos para que lo transformen y engrandezcan. Semejante despropósito restringe la creatividad y la intuición congénitas, y contraría la imaginación, la clarividencia precoz y la sabiduría del corazón, hasta que los niños olviden lo que sin duda saben de nacimiento: que la realidad no termina donde dicen los textos, que su concepción del mundo es más acorde con la naturaleza que la de los adultos, y que la vida sería más larga y feliz si cada quien pudiera trabajar en lo que le gusta, y sólo en eso.

Esta encrucijada de destinos ha forjado una patria densa e indescifrable donde lo inverosímil es la única medida de la realidad. Nuestra insignia es la desmesura. En todo: en lo bueno y en lo malo, en el amor y en el odio, en el júbilo de un triunfo y en la amargura de una derrota. Destruimos a los ídolos con la misma pasión con que los creamos. Somos intuitivos, autodidactas espontáneos y rápidos, y trabajadores encarnizados, pero nos enloquece la sola idea del dinero fácil. Tenemos en el mismo corazón la misma cantidad de rencor político y de olvido histórico. Un éxito resonante o una derrota deportiva pueden costarnos tantos muertos como un desastre aéreo. Por la misma causa somos una sociedad sentimental en la que prima el gesto sobre la reflexión, el ímpetu sobre la razón, el calor humano sobre la desconfianza. Tenemos un amor casi irracional por la vida, pero nos matamos unos a otros por las ansias de vivir. Al autor de los crímenes más terribles lo pierde una debilidad sentimental. De otro modo: al colombiano sin corazón lo pierde el corazón.

Pues somos dos países a la vez: uno en el papel y otro en la realidad. Aunque somos precursores de las ciencias en América, seguimos viendo a los científicos en su estado medieval de brujos herméticos, cuando ya quedan muy pocas cosas en la vida diaria que no sean un milagro de la ciencia. En cada uno de nosotros cohabitan, de la manera más arbitraria, la justicia y la impunidad; somos fanáticos del legalismo, pero llevamos bien despierto en el alma un leguleyo de mano maestra para burlar las leyes sin violarlas, o para violarlas sin castigo. Amamos a los perros, tapizamos de rosas el mundo, morimos de amor por la patria, pero ignoramos la desaparición de seis especies animales cada hora del día y de la noche por la devastación criminal de los bosques tropicales, y nosotros mismos hemos destruido sin remedio uno de los grandes ríos del planeta. Nos indigna la mala imagen del país en el exterior, pero no nos atrevemos a admitir que la realidad es peor. Somos capaces de los actos más nobles y de los más abyectos, de poemas sublimes y asesinatos dementes, de funerales jubilosos y parrandas mortales. No porque unos seamos buenos y otros malos, sino porque todos participamos de ambos extremos. Llegado el caso -y Dios nos libre- todos somos capaces de todo.

Tal vez una reflexión más profunda nos permitiría establecer hasta qué punto este modo de ser nos viene de que seguimos siendo en esencia la misma sociedad excluyente, formalista y ensimismada de la Colonia. Tal vez una más serena nos permitiría descubrir que nuestra violencia histórica es la dinámica sobrante de nuestra guerra eterna contra la adversidad. Tal vez estemos pervertidos por un sistema que nos incita a vivir como ricos mientras el 40 por ciento de la población malvive en la miseria, y nos ha fomentado una noción instantánea y resbaladiza de la felicidad: queremos siempre un poco más de lo que ya tenemos, más y más de lo que parecía imposible, mucho más de lo que cabe dentro de la ley, y lo conseguimos como sea: aun contra la ley. Conscientes de que ningún gobierno será capaz de complacer esta ansiedad, hemos terminado por ser incrédulos, abstencionistas e ingobernables, y de un individualismo solitario por el que cada uno de nosotros piensa que sólo depende de sí mismo. Razones de sobra para seguir preguntándonos quiénes somos, y cuál es la cara con que queremos ser reconocidos en el tercer milenio.

La Misión de Ciencia, Educación y Desarrollo no ha pretendido una respuesta, pero ha querido diseñar una carta de navegación que tal vez ayude a encontrarla. Creemos que las condiciones están dadas como nunca para el cambio social, y que la educación será su órgano maestro. Una educación desde la cuna hasta la tumba, inconforme y reflexiva, que nos inspire un nuevo modo de pensar y nos incite a descubrir quiénes somos en una sociedad que se quiera más a sí misma. Que aproveche al máximo nuestra creatividad inagotable y conciba una ética -y tal vez una estética- para nuestro afán desaforado y legítimo de superación personal. Que integre las ciencias y las artes a la canasta familiar, de acuerdo con los designios de un gran poeta de nuestro tiempo que pidió no seguir amándolas por separado como a dos hermanas enemigas. Que canalice hacia la vida la inmensa energía creadora que durante siglos hemos despilfarrado en la depredación y la violencia, y nos abra al fin la segunda oportunidad sobre la tierra que no tuvo la estirpe desgraciada del coronel Aureliano Buendía. Por el país próspero y justo que soñamos: al alcance de los niños.

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Palabras pronunciadas por el Premio Nobel de Literatura, Gabriel García Márquez, en la ceremonia de entrega del informe de la Misión de Ciencia, Educación y Desarrollo, en el palacio de Nariño.


jueves, 17 de abril de 2014

Cambien la ley y protejan a los enfermos de cáncer

Una abogada y periodista desempleada, enferma de cáncer, emprende una campaña para pedir que la ley General de Seguridad Social sea modificada para otorgar una protección especial a los afectados por esta enfermedad.


Beatriz Figueroa, abogada y periodista, es una de las muchas  personas que han emprendido una batalla clínica contra el cáncer que les afecta. Además, ha emprendido otra lucha en paralelo contra la Administración que, según sus propias palabras, "me va a matar de hambre". Beatriz ha emprendido una campaña de recogida de firmas en Change.org con el propósito de conseguir que cambien la ley y protejan a los enfermos de cáncer. Este es el texto de su llamamiento:

Aunque he cotizado a la Seguridad Social durante más de 20 años, tuve la mala suerte de caer enferma estando desempleada. Cuando se me acabó el paro, pasé a recibir una '"tarifa plana" de 426 euros, con los que tengo que pagar el 40% de las medicinas, mi hipoteca y todo lo demás. Como te imaginas, con ese dinero no hay quien pueda vivir.

Y eso es lo que quiero cambiar, para mí y para todas las personas que están pasando lo mismo que yo. La solución es sencilla: cambiar la ley de la Seguridad Social para que proteja económicamente a los enfermos de cáncer. Ya hay una propuesta de ley en el Congreso de los Diputados para hacerlo. Ayúdame a pedirle al Congreso que la apruebe: firma mi petición.

El cáncer muchas veces nos imposibilita para ejercer nuestro oficio durante un largo período de recuperación. Cuando se agota el periodo máximo de incapacidad temporal, y te deniegan de oficio la pensión de incapacidad, no estando restablecidos de nuestra dolencia, nos vemos abocados al desempleo cobrando un subsidio de 426,00€ en el mejor de los casos, pagando también el 40% medicinas.

La Administración nos coloca en una situación de exclusión social, solo porque hemos enfermado. ¿Te parece justo?

Por este motivo te pido tu firma para que la ley General de Seguridad Social sea modificada para otorgar una protección especial a enfermos de cáncer y nos confiera seguridad jurídica y económica, otorgándonos la incapacidad permanente si fuese necesaria.



La petición "Cambien la ley y protejan a los enfermos de cáncer" en Change.org puede firmarse a través de este enlace.




lunes, 14 de abril de 2014

14 de Abril: subiré al Puerto Viejo a dejar mi canción".

"¡Con la Cuarenta y tres, (madre, no llore usted),
por el mundo en que creo con fe lucharé!
¡No pienso vivir sus inviernos sin fin,
ni arriar tricolores banderas de Abril!"


Hace ya algún tiempo, en concreto en 2007, tuve ocasión de celebrar el 14 de abril de una manera algo más emotiva, y también más ardua, que marchar por una avenida urbana, como acabo de hacer hoy. En aquella ocasión, integrado en una columna de miembros de la Memoria Histórica de Aragón, subí al Puerto Viejo de Bielsa a colocar la bandera republicana en memoria de los sucesos que allí ocurrieron.

La bolsa de Bielsa fue un episodio histórico que ocupa un lugar omnipresente en la memoria colectiva del Alto Aragón. Fue un ejemplo de organización y solidaridad del ejército republicano y, sobre todo, de la población civil. Los habitantes de la zona, conocedores del terreno y disponiendo de los medios necesarios, fueron piezas clave para permitir la evacuación de los refugiados, que terminaron en campos de concentración franceses. Una vez finalizada la guerra, los que volvieron a España tuvieron que afrontar la dura reconstrucción de sus pueblos y de sus vidas, en un contexto de pobreza y miseria, de represión y de construcción de nuevos valores y costumbres bajo la dictadura militar franquista. Que hizo añicos, entre otros derechos, la concepción republicana de la propiedad y del trabajo.

La Bolsa de Bielsa

El avance de las tropas nacionales en marzo de 1938 desnivela el frente del Ebro y aisla al Norte a la 31ª y 43ª Divisiones republicanas. Mientras la primera sufre una desbandada espectacular y sus hombres se retiran desperdigados hacia Francia, los restos de la 43ª División que manda Antonio Beltrán "El Esquinazau" se mueven hacia el norte y se parapeta en el Sobrarbe. La orografía proporciona una fortificación natural por detrás del desfiladero de las Devotas.

Los ocho mil soldados de la 43ª consiguen hacerse fuertes y aguantar las embestidas de los 14.600 hombres que los asedian. Desde el 14 de Abril al 15 de Junio, este incómodo foco de resistencia soporta escaramuzas y bombardeos. Hay numerosas bajas en los dos bandos. La guerra de "guerrillas" y un último golpe de efecto del Esquinazau logran irritar a Franco.


Los embolsados simulan la rendición durante la noche del 14 al 15 de Mayo. Encienden hogueras para simular el sacrificio de material antes de una retirada y algunas casas son regadas con agua y despues incendiadas para provocar un denso humo que impidiera cualquier observación del enemigo. A la mañana siguiente y escondidos tras las trincheras, los hombres de la 43ª aguantan el fuego de mortero sin rechistar. No se oye un alma. La treta surte efecto y los nacionales se disponen a avanzar. Tras encontrar Puyarruego abandonado, los oficiales franquistas se confían y caminan a campo abierto. Cuando alcanzan las posiciones enemigas se produce una auténtica masacre. Al día siguiente los embolsados reciben la visita de Juan Negrín, jefe del gobierno de la República que pasa revista a las tropas.

Ese fue el principio del fin. Los bombarderos Heinkel 45 y Savoia 79 peinan una y otra vez la zona hasta destruir completamente Bielsa. La 43ª organiza una retirada ordenada y agónica a través de los puertos Lera y Viejo. Al otro lado, la Gendarmerie espera. Las condiciones fueron durísimas: la población civil hubo de caminar por unas montañas nevadas en abril, hasta superar el paso, a 2.439 metros de altitud. Muchas de las personas eran enfermas, niños y mujeres, personas desnutridas por las penurias de la guerra, por el dolor de abandonar sus hogares y  partir hacia el exilio con las cuatro cosas que podían caber dentro de un saco o maleta, incómoda de transportar monte a través. 


Evacuación de la población civil por Puerto Viejo. Fotos: Museo Histórico de Bielsa

De los supervivientes de la 43ª, 411 deciden volver a Irún, mientras 6.889 regresan a la España republicana para seguir combatiendo. La represión sobre la zona fue terrible y la reconstrucción dolorosa. Tras combatir en la Segunda Guerra Mundial y graduarse Coronel en la Academia Frunze de la Unión Soviética, "El Esquinazau" pasa a dirigir la guerrilla antifranquista en el Pirineo (activa hasta los 50).
                            
                               Bajo dos tricolores


Tu nombre no sé, nunca lo he de saber;
no he hablado contigo y ya no hablaré.
Ni tan siquiera sé si tu casa está en pie,
o al faltar tú y los tuyos a tierra se fue.

Sólo sé que al partir se te vió sonreir
-"otro niño soldado que juega a morir..."-
Viendo a madre sufrir te abrazaste al fusil;
el futuro era negro, la mañana, gris.

"¡Con la Cuarenta y tres, (madre, no llore usted),
por el mundo en que creo con fe lucharé!
¡No pienso vivir sus inviernos sin fin,
ni arriar tricolores banderas de Abril!"

...De Escalona a Parzán nada te hizo reblar,
de trinchera en trinchera "avanzando" hacia atrás.
-"¡Resistir es ganar! ¡Bastará un día más!..."-
...Y por Junio, en las mugas pudiste llorar.

No, no fue fácil deciros adiós:
Pobres sueños en ruinas,¡adiós!
casas bombardeadas, ¡adiós!
días de sangre y pólvora, ¡adiós!
chamineras en llamas, ¡adiós!
camaradas y amigos, ¡adiós!
sucias páginas rotas, ¡adiós!
¡A la falsa, recuerdos...y adiós!

Volvió a amanecer, ¡quién lo iba a creer!
Tú mirabas Sobrarbe por última vez.
Volvió a alborear, ¡quién lo iba a pensar!
Y la "Bolsa de Bielsa" llegó a su final.

Te tocaba jugar.¿A qué carta apostar?
el exilio delante, la guerra detrás...
El Destino, feroz, su jugada cantó:
-"Tras la guerra, el exilio,¡otra guerra peor!"-

...Y no era un farol, ¡pero no le sirvió!
Encontraste otro idioma, otra patria, el amor.
Supiste sufrir, y venciste, por fin:
¡Bajo dos tricolores entraste en París!

¡Cuánto tiempo hace ya!, y de ti... nada más.
¿Qué destino burlón te impidió regresar?
¿Descubriste, tal vez, que no basta volver?
¡Los recuerdos y Bielsa no dejan de arder!

Tu nombre no sé, ni lo quiero saber;
al ser nadie, eres todos: "la Cuarenta y tres".
Sin rostro ni voz; ni francés, ni español,
sólo un hombre partido por la muga en dos.

En vez de una flor -clavel rojo en tu honor-
subiré al Puerto Viejo a dejar mi canción.

Letra: Manuel Domínguez. Música: Miguel Sorribes. La Ronda de Boltaña.



lunes, 7 de abril de 2014

¿Ayudar a los propietarios de las autopistas o a los pobres? El PP lo tiene claro

"Alguno replicará: qué bonito lo que estás diciendo. Pero ¿dónde está el dinero para hacer todo esto? Yo estoy tan lejos de creer que ha de sobrar como cierto de que ha de haber suficiente para hacer frente no sólo a las necesidades cotidianas, sino también a las extraordinarias que en gran cantidad aparecen a veces en cualquier ciudad". 
LUIS VIVES: De subventione pauperum


El 6 de enero de 1526, Johannes Ludovicus Vives, nombre latinizado del valenciano Juan Luis Vives (1492-1540), notable humanista y profesor en la universidad de Lovaina, se dirigió a las autoridades de la ciudad de Brujas para encarecerles que se encargaran de erradicar la pobreza. Este llamamiento encabezaba su Tratado del socorro de los pobres (De Subventione Pauperum) en el que plantea que más allá de la caridad cristiana, sean las autoridades públicas quienes tomen sobre sí la tarea de atender a los necesitados. La filosofía de Vives era pragmática, pues sostuvo que luchar contra la pobreza repercutirá en beneficio de toda la ciudad y en beneficio de los ricos, que así no verán amenazadas sus riquezas, que muchas veces se ven en peligro por las revueltas que pudieran emprender aquellos desheredados que no tienen nada que perder.

Juan Luis Vives a los burgomaestres y al Consejo Municipal de Brujas:
 

A vosotros dedico esta obra, [...] tanto porque sois extraordinariamente propensos a la beneficencia y a aliviar a los desgraciados, (lo que pone de manifiesto la multitud tan grande de necesitados, que afluye aquí de todas partes como a su refugio preparado para los menesterosos), como porque, siendo el origen de todas las ciudades el hecho de que cada una de ellas fuese un lugar en el que creciese el amor y se robusteciese la sociedad de los hombres mediante el intercambio de beneficios y la ayuda mutua, el deber de los administradores de la ciudad debe ser procurar y esforzarse en que unos se auxilien a otros, en que nadie sea oprimido, nadie sea abrumado recibiendo daño injustamente y el que es más poderoso ayude al más débil, a fin de que la concordia de la unión y congregación de ciudadanos aumente de día en día gracias al amor y dure eternamente. Y, así como es vergonzoso para un padre de familia dejar que en su opulenta casa alguien pase hambre o tenga un aspecto horrible por la desnudez o por los andrajos, de la misma forma no es adecuado que en una ciudad no completamente sin recursos los magistrados consientan que algunos ciudadanos sean apremiados por el hambre y la miseria. Que no os dé pesadumbre leer estas cosas o, si no os agrada, al menos que no os la dé examinar con la mayor diligencia este asunto, vosotros que con tanta preocupación juzgáis el litigio de un hombre particular en el que se discute por mil florines. Os deseo a vosotros y a vuestra ciudad todas las cosas prósperas y venturosas.  

Acabar con la pobreza en el mundo, comenzando por la región que tenemos más próxima, España, cuesta mucho menos de lo que la propaganda del Establecimento nos quiere hacer creer. Algo que ya intuía Luis Vives cuando, en un determinado pasaje de su Tratado afirma: "Alguno replicará: qué bonito lo que estás diciendo. Pero ¿dónde está el dinero para hacer todo esto? Yo estoy tan lejos de creer que ha de sobrar como cierto de que ha de haber suficiente para hacer frente no sólo a las necesidades cotidianas, sino también a las extraordinarias que en gran cantidad aparecen a veces en cualquier ciudad".

Hablando en números concretos y actuales, un total de 2.600 millones de euros sería el dinero que costaría rescatar a los 700.000 hogares sin ningún tipo de ingresos que hay en España, según el informe de Cáritas Análisis y perspectivas 2014. Esa cifra supone aproximadamente la mitad del dinero que el gobierno está barajando para salvar de la quiebra a las empresas que gestionan nueve autopistas de peaje que se encuentran en concurso de acreedores.

Según el informe, elaborado por la Fundación Foessa, más de 11 millones de personas están afectadas en España por distintos procesos de exclusión social, un 60% más que en 2007. Además, cinco millones de personas (1,5 millones de hogares) se encuentran en situación de "exclusión severa", casi el doble que hace seis años. El empleo, la vivienda y la salud, son los tres campos que han contribuido más a esa exclusión.

Especialmente cruel es el panorama de la pobreza infantil en España. A finales de enero, la ong Save the Children ya estimaba que uno de cada tres menores en España vive en la pobreza o en riesgo de exclusión. Según el informe de Cáritas Europa, España es el segundo país de la Unión Europea con el mayor índice de pobreza infantil, superado solo por Rumanía. Bulgaria y Grecia, están en tercer y cuarto lugar respectivamente. En España, el riesgo de pobreza entre los niños menores de 18 años se situó en 2012 en el 29,9%, casi nueve puntos por encima de la media de la UE, que estuvo en el 21,4%, según datos de 2013 de Eurostat.


El ministro Montoro se ha permitido, una vez más, la bajeza moral de descalificar estas cifras aludiendo a que se manejan 'otras estadísticas'. Pero la realidad es terca: más de dos millones y medio de menores viven en hogares por debajo del umbral de la pobreza relativa, es decir, con menos de 14.784 euros para dos adultos y dos hijos (308 euros al mes por miembro de la familia. "Ser pobre en España no es tener hambre, pero sí mala calidad de alimentación. No es no poder ir a la escuela, sino no tener material para estudiar. Hablamos de falta de oportunidades y vulneración de los derechos de los niños", según Marta Arias, de Unicef España.

Erradicar la pobreza de sectores críticos como este es uno de los objetivos de la propuesta del Observatorio de la Renta Básica de Ciudadanía de Attac Madrid bajo el lema Mayores y niños primero! Porque es una vergüenza nacional que puedan producirse casos como el siguiente: 

A finales de marzo, falleció Jomián Leonel, el niño gran dependiente de 13 años, con un grado de minusvalía del 100%, a cuya familia el Gobierno de Dolores de Cospedal no le reconoció el derecho a la prestación económica por cuidarle en su domicilio. A Leonel, con parálisis cerebral severa, le faltaba un pulmón y el otro estaba seriamente afectado por la escoliosis severa que padecía. Sufría de anemia constante, no podía hablar ni comunicarse, no controlaba esfínteres, y tenía que ser transfundido de forma habitual. Además, no podía comer vía bucal por lo que debía de ser alimentado mediante botón gástrico.

La Consejería de Asuntos Sociales del Gobierno de Castilla la Mancha decidió conceder a la madre un servicio de prevención de la dependencia y la autonomía personal, por el cual la madre debía pagar por adelantado los gastos relativos al cuidado de su hijo, en torno a 500 euros mensuales, sobre los que le reembolsaría al cabo de entre uno y tres meses, un máximo de 387 euros, previa presentación de las facturas. 


Esta es una de las numerosas tragedias humanas que pasan desapercibidas ante una opinión pública entretenida por los medios informativos que atienden más a las historietas protagonizadas por personajes moralmente repugnantes. Una pequeña historia más de esos millones de historias personales que jamás contará la Historia. Es decir, esa historia universal de la infamia que ha sido elevada a la categoría de historia universal de la humanidad. Un pensador de la talla de Karl Popper, nada sospechoso de izquierdismo, consideraba una ofensa contra cualquier concepción decente del género humano y equivale casi a tratar la historia del pecado, del robo o del envenenamiento, como la historia de la humanidad:"la historia del poder político no es sino la historia de la delincuencia internacional y del asesinato en masa". Esta es la historia, dice Popper, que "se enseña en las escuelas y se exalta a la jerarquía de héroes a algunos de los mayores criminales del género humano."


¿Ayudar a los propietarios de las autopistas o a los pobres? El PP lo tiene claro.


¿Qué habría dicho Popper, un liberal decente, de haberse enterado de los manejos y procederes de los personajes que aparecen en la foto ut supra? Especialmente, de la figura situada a la izquierda, de la foto, quiero decir.