domingo, 11 de junio de 2017

Renta Básica: en la universalidad está la clave

Persisten dudas respecto a que la renta básica universal sea una adecuada solución a la pobreza y desigualdad crecientes en nuestra sociedad. Pero la realidad palpable demuestra que el empleo precario —que convierte a los trabajadores en pobres estructurales— y las ayudas condicionales —que llevan décadas aplicándose y no han conseguido erradicar la pobreza— son medidas muchísimo peores. Son, de hecho, experiencias fracasadas. Es hora de abrir la mente, comprender las nuevas realidades del trabajo y la idea de libertad real que alienta en la propuesta del ingreso garantizado.



Participar en el debate convocado por la IMF Business School sobre Renta Básica Universal (RBU) resultó muy estimulante, pese a hallarme en franca minoría en la defensa de esta idea. Porque resulta alentador comprobar que, al margen de algún cálculo extremo, al selecto elenco de economistas allí reunido el coste de instaurar un ingreso garantizado a toda la población no les parecía del todo inasumible. Una vez compensadas las prestaciones actuales redundantes con el ingreso básico, éste podría ser viable, requiriendo un 5% del PIB. Sin embargo, casi todos mis compañeros de mesa coincidieron en rechazar la RBU con la tradicional batería de objeciones de índole antropológico y moral. 

 De izquierda a derecha, Cive Pérez; J. Manuel López Zafra, economista de CUNEF; Lorenzo Dávila, director del Dpto de Investigación de IMF; Miguel Sebastián, economista y ex ministro de Industria; y Carlos Martínez, presidente de IMF.
"Tiene muchos defectos, dice mi madre, y demasiados huesos, dice mi padre...", reza la letra de una vieja canción de Joan Manuel Serrat. Cuyos ecos vinieron a mi fuero interno al escuchar la nutrida batería de críticas formuladas por mis doctos compañeros de debate y, sobre todo, por los rotundos resúmenes de la prensa económica que dio cuenta del evento con titulares de este tenor: Más contras que pros a la renta básica universal.

Titular que responde a una profecía autocumplida, habida cuenta de que, salvo el que suscribe, el resto de convocados a esta mesa redonda son personas cuya posición es manifiestamente contraria a la RBU. Que cuando incluso los números demuestran la viabilidad de la propuesta, la rechazan con el argumento de que desincentivaría el trabajo.

¿Trabajo? ¿Qué trabajo desincentivaría un ingreso garantizado? ¿El empleo precario, que convierte a los trabajadores en pobres a su pesar? Las grandes cifras de desempleo estructural no las ha producido la hoy inexistente RBU. ¿El empleo cualificado que las nuevas tecnologías reservarán a una minoría? Estamos, pues, cada vez más cerca del modelo que hace tiempo se ha descrito como Sociedad 20-80, en la que bastará el trabajo de alrededor del 20% de la población activa para hacerla funcionar. Esa minoría de trabajadores cualificados será suficiente para asegurar el control de las máquinas y los procesos productivos. El 80% restante de la población sólo tendrá acceso a empleos de bajísima cualificación, serviles en su mayoría, o se verá condenada al desempleo estructural. 

Es preciso que, entre todos, logremos salir de la zona de confort ideológico sobre la noción de trabajo en la que todavía sigue instalado el pensamiento convencional: trabajo como vía de dignificación del ser humano / empleo como solución política a la pobreza. Porque empleo y trabajo son categorías conceptuales radicalmente distintas. En la era de la Cuarta Revolución Industrial, cuando el actual modelo productivo ya no es capaz de ofrecer empleo digno a toda la población, está claro que habrá que garantizar la supervivencia de las personas respetando al mismo tiempo su dignidad.

La única fórmula que, hoy por hoy, satisface la doble condición de asegurar la supervivencia y la dignidad de la gente es la Renta Básica Universal. Al igual que la democracia, pese a todos sus defectos, elimina al menos los males producidos por las dictaduras, el ingreso garantizado abre ante la mayoría de la población un horizonte de libertad real frente a la opresión liberticida del totalitarismo económico.

Resulta, por tanto, llamativa la objeción a la RBU planteada por Juan Manuel López Zafra, uno de los intervinientes: “La mejor forma es darle a cada individuo la capacidad para ser responsable de su desarrollo personal. No es ético plantearnos una mayor intervención en la esfera del individuo para conseguir una corrección de un problema sin atacar la fuente de ese problema: la cada vez mayor intervención del Estado. Con la renta básica, el ciudadano se convierte en un súbdito”.

Prima facie, tal objeción presume que la RBU incrementaría el grado de intervención del Estado en la vida personal. Sugiere la sombría y distópica visión de una sociedad en la que, para recibir la RBU, todas las personas deberíamos acudir periódicamente a las ventanillas de Leviatán. Que extendería así al conjunto de la población tanto el dominio como el estigma que hoy sufren los beneficiarios de la moderna sopa de convento que con gran cicatería otorgan las administraciones no a todos los necesitados.


En efecto, desde las Leyes de Pobres (Poor Laws) inglesas del siglo XIX —con sus tenebrosos centros de internamiento forzoso de parados e indigentes (workhouses)— hasta la fecha, las ayudas condicionales a la gente en situación de necesidad sí que constituyen un factor de servidumbre y dominación por parte del Estado sobre las personas. Sometidas a grandes humillaciones durante el proceso de concesión, vigilancia y eventual castigo de infracciones al régimen de ayudas.

Pero es la propia idea de universalidad de un ingreso básico que garantice a todo el mundo el derecho a la existencia la que rompe radicalmente con esa dependencia. Aspira a incrementar el grado de libertad real eliminando la intervención vigilante y punitiva del Estado. La RBU está concebida no como una ayuda del Estado sino como fruto de un contrato social entre todos los individuos que conforman la comunidad política. Su instauración adoptaría la forma de un derecho universal, igual para todas las personas incluidas en ese ámbito. La clave liberadora radica en la universalidad: pues, a partir de ahí, los agentes estatales pierden la actual potestad discriminatoria e intervencionista sobre los individuos. Al Estado no le queda otra misión que la de asegurar la correcta distribución del rédito.

¿Somos dependientes del Estado al utilizar una carretera? A juzgar por el entusiasmo con que tirios y troyanos circulamos por ellas en nuestros vehículos habría que forzar mucho el argumentario para asegurar que el Estado controla nuestra libertad de movimiento a través de la red vial. Una carretera es una infraestructura construida a instancias del Estado y puesta a disposición de toda la población como un servicio de carácter universal que a nadie discrimina. El único control ejercido por el Estado sobre las personas concierne al respeto de las reglas de juego orientadas a la seguridad de todos los usuarios. Y en esto hay un consentimiento general del conjunto de la sociedad. 


Por cierto, no está de más señalar que, si alguna detestable intromisión existe hoy en la vida personal, ésta viene dada por las cámaras de vigilancia, tanto estatales como privadas, que monitorizan la vida diaria de las personas en carreteras y resto de espacios públicos, bancos, centros comerciales, etc. Y que un genuino espíritu liberal debería clamar por su eliminación.

Elevando la mirada encontramos otra medida de conspicuo carácter universal: el derecho al sufragio, una conquista civil irrenunciable. En el ejercicio del mismo, a nadie se le ocurriría pensar que sufre una dependencia del Estado, aunque sean agentes estatales los encargados de organizar la infraestructura electoral y velar por el buen orden de los comicios.

De la misma forma en que hoy no sería de recibo establecer alguna forma discriminatoria en el ejercicio del voto, la RBU no puede ser otra cosa que un derecho de toda la ciudadanía. Sería contradictorio que una medida que persigue erradicar la pobreza —y su cortejo de trampas asistenciales— fuera concebida con carácter exclusivo para pobres. Esa es la crucial diferencia respecto a las rentas mínimas de inserción. El miembro de una sociedad políticamente bien articulada no necesita ser “insertado” en ningún lugar, pues forma parte, por propio derecho, del cuerpo social del que emana la soberanía que legitima al Estado.


La mujer que yo quiero, no necesita bañarse cada noche en agua bendita. Tiene muchos defectos, dice mi madre, y demasiados huesos, dice mi padre. Pero ella es más verdad que el pan y la tierra.  Cuando para la conquista del pan ya no cuenta ni la tierra ni el trabajo, factores de los que la mayoría social se ha visto desposeída, la renta básica universal se aproxima más a la verdad que los viejos convencionalismos socioeconómicos.



miércoles, 10 de mayo de 2017

Robotización y Renta Básica

 En el debate sobre la robotización, no perdamos de vista el hecho de que los robots no son una nueva 'especie invasora', sino máquinas inventadas por los humanos, cuyos propietarios también son humanos. Capitalistas que no comparten socialmente el extra de productividad obtenido con la automatización de la producción. El reto no es resistir a la conquista del mundo por los robots sino resistir al dominio del capital sobre la gente.


Compartiendo reflexiones con José Luis Rey, Javier Gallego y el equipo de Hoja de Router en el monográfico de Carne Cruda: Cuando nos sustituyan los robots.

La Renta Básica Universal está llamada a jugar un papel crucial de cara a compensar el desempleo producido por la creciente automatización, o robotización, del mundo laboral. 

En una columna publicada en el diario The Guardian, el astrofísico británico Stephen Hawking asegura que la inteligencia artificial y la creciente automatización reducirá el número de trabajos de la clase media, aumentará la desigualdad y se correrá el riesgo de un significativo aumento de la agitación política: "La automatización de las fábricas ya ha arrasado trabajos en la manufactura tradicional, y la proliferación de la inteligencia artificial posiblemente extienda esta destrucción de trabajo a las clases medias, donde solo sobrevivirán los roles creativos y de supervisión", advierte Hawking.
 

Automatización e ingreso garantizado

En 1948, Norbert Wiener (1894-1964), matemático estadounidense considerado ‘padre’ de la Cibernética, publicó Cybernetics or Control and Communication in the Animal and the Machine, obra en la que expone los fundamentos de las nuevas ciencias del control. Consciente de las consecuencias sociales que plantearía el desarrollo de las aplicaciones tecnológicas derivadas de la automatización, Wiener intentó advertir a gobernantes y sindicalistas sobre el conflicto entre tecnología y empleo que se avecinaba, sugiriendo la idea de compensar a los ciudadanos con algún tipo de ingreso garantizado.

“Este nuevo desarrollo —dice Wiener— tiene posibilidades ilimita das para bien y para mal. [...] Da a la raza humana una nueva y más eficaz colección de esclavos mecánicos para realizar su trabajo. Tal labor mecánica tiene la mayor parte de las propiedades del trabajo de esclavos, aunque, a diferencia de él, no lleva consigo los directos efectos desmoralizadores de la crueldad humana. Sin embargo, cualquier trabajo que acepta las condiciones de competencia con el trabajo de esclavos, acepta las condiciones del trabajo de esclavos y es esencialmente un trabajo de esclavos. La palabra clave de esta manifestación es competencia.

Quizá pueda clarificar la base histórica de la situación presente si digo que la primera revolución industrial, la revolución de las “negras hilanderías satánicas”, supuso la desvalorización del brazo humano en competencia con la máquina. No hay salario suficientemente bajo de un simple obrero de pico y pala de los Estados Unidos que pueda competir con el trabajo de una pala mecánica como una excavadora. La moderna revolución industrial se limita similarmente a desvalorizar el cerebro humano, al menos en sus decisiones más simples y rutinarias. Por supuesto, del mismo modo que un carpintero experto, un mecánico experto, un sastre experto, en cierto grado han sobrevivido a la primera revolución industrial, así el científico y el administrador experto pueden sobrevivir a la segunda. Sin embargo, considerando la segunda revolución como realizada, el ser humano medio de mediocres conocimientos no tiene nada que vender que merezca la pena comprarse. La respuesta, por supuesto, es tener una sociedad basada en valores humanos que no sean el comprar o vender. 

 1963: En línea con las preocupaciones adelantadas por Norbert Wiener, un grupo de distinguidos científicos, economistas y académicos encabezados por J. Robert Oppenheimer, director del Instituto de Estudios Avanzados de la Universidad de Princeton, publicó en The New York Times una carta abierta al presidente de la nación en la que advertían de los riesgos sociales derivados de la automatización. El grupo, que adoptó el nombre de Ad Hoc Committee on the Triple Revolution (cibernética, armamentística y derechos humanos), defendió con firmeza la idea de garantizar que cada ciudadano pudiera disponer de “unos adecuados ingresos como derecho inalienable”.

 1966: Influido por el Ad Hoc Committee, el economista Robert Theobald (1929-1999) formuló una propuesta concreta de ingreso garantizado. Theobald argumentaba que, ante el desempleo producido por la tecnología, los seres humanos necesitarían un ingreso para poder subsistir, al tiempo que el funcionamiento de la propia economía precisaría distribuir una renta que permitiera la adquisición de los bienes producidos. Theobald propone la institución de una renta garantizada que debería percibir mensualmente cada ciudadano por el mero hecho de nacer. La cuantía de esa renta vendría fijada en función de la renta per cápita del país. La prestación se extendería a todo el mundo, sin perjuicio de que trabajase o no, siendo libre cada ciudadano para decidir si desea obtener otros ingresos ejerciendo un trabajo adicional. 




viernes, 14 de abril de 2017

Más allá de la república: el republicanismo

El republicanismo es una doctrina política emergente que enfatiza la noción de que la soberanía de un cuerpo político, formado por ciudadanos libres, corresponde, por encima de todo, al imperio de la ley. Y que la ley sólo es legítima si garantiza la libertad, la igualdad y la fraternidad.

 
En el momento actual, el debate sobre la sustitución del régimen monárquico por una organización del estado más democrática y moderna como es la forma republicana no se encuentra, para general desgracia del país, entre las prioridades de la opinión pública. 
No obstante, más allá de algunas manifestaciones testimoniales ondeando la bandera tricolor, no estaría de más que los republicanos convencidos defendieran, en el día a día de la acción política, los valores del republicanismo.

República es la organización del Estado cuya máxima autoridad es elegida por los ciudadanos o por el Parlamento, para un periodo determinado. En principio, la república parece la forma de Estado más natural, justa y participativa, más actual y sin hipotecas dinásticas ni religiosas. No obstante, no todos los Estados que ostentan el nombre de república son democráticos. Algunos, caso de las repúblicas islámicas, adoptan este nombre para indicar que no son monarquías, pero la máxima autoridad no es elegida por el pueblo, sino nombrada por consejos de notables, a menudo oligárquicos e incluso familiares.

Los Estados Unidos de América del Norte se constituyeron como la primera república de la historia moderna, pero su organización política no impide que, en la práctica, sean las oligarquías las que detenten el poder. La experiencia demuestra que las repúblicas liberales no aseguran que las leyes tengan como guía la promoción y preservación de los tres componentes que debieran presidir toda comunidad cívica decente: la libertad, la igualdad y la fraternidad.

El republicanismo es una doctrina política emergente que enfatiza la noción de que la soberanía de un cuerpo político, formado por ciudadanos libres, corresponde, por encima de todo, al imperio de la ley. Y que la ley sólo es legítima si garantiza la libertad, la igualdad y la fraternidad. El republicanismo va más allá de la simple defensa de las formas republicanas en el gobierno del Estado y es, según explica Ramón Soriano en Democracia vergonzante y ciudadanos de perfil: “una concepción insurgente frente al liberalismo y al comunitarismo, comportando un rearme de la sociedad civil como colectivo de ciudadanos activos sensibilizados y preocupados por los asuntos públicos. [...] El ciudadano liberal se defiende y autoprotege. El ciudadano comunitarista se integra en una comunidad cuyos valores comparte. El ciudadano republicano participa en la sociedad que construye activamente, desplegando una virtud cívica”.

En la concepción republicana de la libertad, la ausencia de opresión y dominación desempeña una función crucial. La libertad entendida como no-dominación es la gran diferencia de esta filosofía política respecto a cualquier variante de liberalismo.

Antoni Doménech señala: “Para el republicanismo, y particularmente para el democrático, el mal supremo es la dominación por otro, y dominación —douleia, potestas, o como quiera que se le haya llamado— se opone directamente a libertad —eleuthería, libertas— en el siguiente preciso sentido: quien domina a otro tiene capacidad, tiene potencial para interferir arbitrariamente en sus decisiones; que haga un uso mayor o menor de esa capacidad —que sea un amo más o menos riguroso, que sea benevolente o cruel— no quita en nada a su dominación. Esencial para la dominación es que el dominado esté ‘a la discreción de otro’…”.

El trabajo por cuenta ajena, es decir, el empleo, se desarrolla en un marco de juego que permite una perfecta situación de dominio y, por tanto, una indeseable situación para los defensores de la libertad. Debería sorprender que el discurso liberal, que arremete implacable contra la menor injerencia en la autonomía del individuo, pase por alto la evidente dominación que ejerce un empleador sobre un empleado sobre el que tiene plena disposición de tiempo y actividad durante el horario laboral. Tan pronto se entra en el taller o en la oficina, el ciudadano pierde hasta los derechos democráticos formales. Si quiere votar, podrá hacerlo en su tiempo libre; en domingo, que es el día en que se convocan comicios para elegir representantes parlamentarios, pero en el lugar de trabajo las decisiones no están sujetas a ningún tipo de debate. El empleado debe hacer lo que se mande, sin protestar. Una objeción a una orden puede suponerle el despido.

Bajo una dictadura, nadie se sorprende por las arbitrariedades cometidas por las autoridades que ostentan el poder, pues la injusticia forma parte de la vida cotidiana. De una manera similar, en lo que se refiere al trabajo, las clases dominantes se las han arreglado para que la desigual relación que existe entre patrones y trabajadores no sea cuestionada, sea cual sea la circunstancia histórica. Pues, si el patrón es el propietario de los medios de producción, la patronal es la propietaria del empleo global en un país. Si no existe un freno legal, es la patronal la que ostenta el poder de decidir cuando, cómo, dónde y en qué condiciones se proporciona o se niega empleo a cada individuo. Luego hay una clara situación de dominio. La no-dominación, por el contrario, es la posición de que disfruta una persona cuando vive en presencia de otras personas y, en virtud de un diseño social, ninguna de ellas la domina. Como señala Philip Pettit, un teórico del republicanismo: “si un estado republicano está comprometido con el progreso de la causa de la libertad como no-dominación entre sus ciudadanos, no puede por menos que adoptar una política que promueva la independencia socioeconómica”.

Dado que sin independencia socioeconómica las posibilidades de disfrutar de la libertad como no dominación se ven menguadas, para buena parte de la ciudadanía la instauración de un ingreso garantizado supondría una autonomía personal mucho mayor que la actual. En este sentido, la propuesta de la Renta Básica Universal, o de ciudadanía, ofrece bastantes puntos de encuentro con el republicanismo y su teoría normativa de la libertad, abriendo una puerta en esos callejones sin salida a los que conduce en la vida real de las personas la concepción liberal negativa de la libertad.

La defensa de la RBU desde una perspectiva republicana coincide en esencia con la posición que, ya en 1955, sostenía Erich Fromm: 


El campo de la libertad personal se ampliaría enormemente con esta ley [del ingreso garantizado; una persona que es económicamente dependiente (de un padre, de un esposo, de un jefe) ya no se vería obligada a someterse a la extorsión del hambre; las personas talentosas que deseen prepararse para una vida diferente podrán hacer esto, siempre que deseen realizar el sacrificio de vivir en la pobreza durante algún tiempo. Los modernos estados benefactores ‘casi’ han aceptado este principio, pero no en la realidad. La burocracia aún ‘administra’ a la gente, aún la domina y la humilla; pero el ingreso garantizado no requeriría ninguna prueba de necesidad por parte de una persona para obtener un techo sencillo y un mínimo de alimentos. Por esto no se necesitaría una burocracia (con su inherente desperdicio y sus violaciones a la dignidad humana) para administrar un programa de seguridad social. El ingreso anual garantizado aseguraría una libertad y una independencia reales.



miércoles, 22 de marzo de 2017

Pensiones dignas: conversación con Carles Mesa en "Gente Despierta" (RNE)


Conversación con Carles Mesa en el programa "Gente Despierta", de RNE: cómo garantizar una retribución económica justa para la tercera edad.

  

Escuchar el podcast en gente despierta/pensiones
 
Continúa abierta la recogida de firmas en Change.org para la petición de un pacto de Estado que equipare pensiones mínimas contributivas y de viudedad al Salario Mínimo Interprofesional, cuyo razonamiento ya se ha expuesto en un artículo anterior publicado en este blog.

La petición puede firmarse a través de este enlace


 

martes, 21 de marzo de 2017

Malos tiempos para la lírica / Invocación a Sísifo



Malos tiempos para la lírica
 Bertolt Brecht

Cierta Sí, ya sé: sólo al que es feliz
se le quiere. Su voz
se oye con gusto. Su rostro es bello.

El árbol achaparrado del patio
indica que el terreno es malo, pero
los que pasan lo tildan de chaparro
con razón.

Los barcos verdes y las alegres velas del Sund
no los veo. De todo
veo sólo la gigantesca red del pescador
¿Por qué hablo únicamente
de que la aldeana a los cuarenta anda encorvada?
Los pechos de las chicas
son tibios como antaño

En mi canción una rima
casi me resultaría una insolencia.

En mí luchan
el entusiasmo por el manzano en flor
y el espanto ante los discursos del pintor de brocha gorda.
Pero sólo lo segundo
me impulsa a escribir.



Invocación a Sísifo
 María Ángeles Maeso
 
La piedra le dijo a Sísifo:
Como un ángel furioso te dejas en vano
tu par de alas sobre mí y soy yo.
quien enrojece con tu esfuerzo

Dijo: Mis caídas meten en la noche
un ruido de siglos, voy a plantarme
en medio del camino. Déjame.

La piedra le dijo a Sísifo: para ser agnóstico,
confías demasiado en el sudor del Génesis.
Para animal de carga, ya deberías
haber roto tu palabra con el siglo diecinueve

Dijo: Párate, has visto como yo
que los contratos con las nubes se acabaron.
Hazte pastor, mira hacia David,
el que hace bailar la honda y canta.

La piedra le dijo a Sísifo: Párteme
toma de mí lo que puedas subir
en la palma de tu mano. Nada
que haga enmudecer tu flauta vertical.

Y no me dejes rodar sola, tan cerca del lago.
 


En el Día mundial de la poesía, 2017. 



domingo, 12 de marzo de 2017

Mitos y realidades de la Renta Básica Universal


Entrevista en Diario Crítico a propósito de un debate que ya ha saltado a los medios de opinión, mientras la mayor parte de la clase política que, en teoría, debería adoptar soluciones sociales y económicas a la creciente precarización del empleo, guarda un pudoroso silencio al respecto. O lo que resulta más patético aún: reivindica la creación, incluso garantizada, de empleo. Aspirar a garantizar el factor tecnológicamente decreciente que caracteriza la época actual equivale a repartir los peces del Mar de Aral, seco desde hace décadas.

Leer la entrevista en este enlace

Los Ateliers Nationaux (Talleres Nacionales) fueron una organización estatal destinada a dar trabajo a los desempleados parisinos en los primeros meses de la Segunda República francesa. El Estado francés se encargaba de crear obras en las que emplear a los trabajadores en paro, de la organización, con carácter cuasi militar, de los Talleres, y de pagar a los obreros. Esta experiencia social duró del 27 de febrero de 1848 al 20 de junio de 1848.

Con la creciente automatización del trabajo, una experiencia similar resulta poco menos que irrealizable.
  

miércoles, 8 de marzo de 2017

Una pensión digna e individual para ‘cónyuges a cargo'


Llegadas a la edad de jubilación, las 'trabajadoras del hogar propio' no tienen derecho a recibir una pensión también propia. Sorprende que las políticas de igualdad de género sigan olvidando la situación de dependencia en que se encuentran miles de mujeres mayores cuya supervivencia se encomienda 'a cargo de otro'.

Existe en nuestro sistema público de pensiones una modalidad de prestación, mejor dicho una aberración, denominada pensión mínima ‘con cónyuge a cargo'. Que consiste en una levísima mejora en la paga de una persona jubilada perceptora de la pensión mínima y cuyo cónyuge no ha cotizado al sistema y, por tanto, no tiene derecho a percibir una pensión contributiva. Ni tampoco a la no contributiva, precisamente por el vínculo matrimonial.
 

En la práctica, en el 99 por cien de los casos, el 'cónyuge a cargo' pertenece al género femenino. Es decir, es una mujer casada que ha dedicado su vida a trabajar en el interior del hogar desarrollando lo que antaño se denominaba ‘sus labores'.  
 
La economía que hasta ahora se considera políticamente correcta ignora el valor de una infinidad de actividades socialmente útiles que realizan los individuos al margen de los circuitos de mercado. Por ejemplo, el coste de cuidar un niño en una guardería se incorpora al PIB por el importe del salario del empleado profesional más el beneficio obtenido por el propietario de la guardería, los alquileres, etc. Sin embargo, si quien se encarga de cuidar al pequeño es su madre, un abuelo o una tía soltera desempleada, pese a que el tiempo de trabajo dedicado a ocuparse del menor sería en principo exactamente el mismo que en la guardería, ni la patronal ni los sindicatos ni los ministerios de Empleo y Economía se darán por enterados de que han sido efectuadas esas horas de trabajo.

Arthur Pigou señaló con perspicacia que para las estadísticas de la Renta Nacional sería catastrófico el hecho de que un hombre soltero se casara con su ama de llaves. En efecto, bajo los roles clásicos, la feliz casada seguiría realizando exactamente el mismo trabajo que antes, sólo que sin percibir una retribución monetaria. En este sentido, el sociólogo estadounidense Alvin Toffler sugirió una forma irónica de incrementar el PIB: que cada ama de casa realice los trabajos domésticos de su vecina y se paguen mutuamente por ello.

"Si cada Susie Smith pagase a cada Bárbara Brown cien dólares a la semana por atender a su hogar y a sus hijos, recibiendo al mismo tiempo una cantidad equivalente por prestar los mismos servicios a cambio, el impacto sobre el PIB sería asombroso. Si cincuenta millones de amas de casa americanas se dedicaran a esta absurda transacción, el PIB de los Estados Unidos aumentaría inmediatamente en un 10%".

Desde una perspectiva más realista, un estudio elaborado ya hace tiempo en el seno del Consejo Superior de Investigaciones Científicas demuestra que las tareas domésticas (limpieza, comida, atenciones a los niños, mayores y enfermos) si fueran contabilizadas representarían el 55% del PIB regional de la región madrileña. Son las mujeres las que, en una proporción de tres a uno, cargan con este trabajo no remunerado sobre sus espaldas. Si cada madre que prepara la comida a sus hijos o atiende a un familiar con Alzheimer recibiera un sueldo por ello, la renta regional aumentaría en 55.500 millones de euros. De éstos, 40.700 irían a parar a manos femeninas, y 14.800, a hombres. Estas son algunas de las conclusiones del estudio La cuenta satélite del trabajo no remunerado en la Comunidad de Madrid.

Aunque el tipo de encuesta realizada sigue la metodología recomendada por Eurostat, el informe también incluye los datos que se obtendrían si se contabilizaran las actividades secundarias. Es decir, las que se realizan de forma  simultánea a otra que requiere mayor atención; por ejemplo: la persona que está cocinando y, al mismo tiempo, cuida a un niño. Según María Ángeles Durán, catedrática de Sociología que ha dirigido la investigación, la inclusión de las actividades secundarias refleja mejor la realidad del mercado laboral: "A nadie se le ocurre que un taxista que espera en la parada a que llegue un cliente no esté trabajando". En total, se está hablando de 6.000 millones de horas anuales de trabajo no remunerado. O de 15.000, si se incluyen las actividades secundarias. Considerando este matiz, las actividades domésticas no remuneradas tendrían un valor añadido equivalente al 130,78% del PIB regional.


Pese a todo esto, las trabajadoras del hogar propio, llegadas a la edad de jubilación no tienen derecho a recibir una pensión también propia. Sorprende que las políticas de igualdad de género hayan pasado por alto la situación de inferioridad en que se encuentran las/los cónyuges “a cargo de otro”.

Aparte de la aberración conceptual que supone esta atribución de dependencia, desde el punto de vista material, el caso de matrimonios o parejas de hecho donde sólo uno de los miembros cobra una pensión de cuantía mínima, significa condenarlos a vivir en situación de pobreza.

En 2017, la cuantía de la pensión mínima de carácter contributivo para mayores de 65 años es de 605,10 euros mensuales. Si el titular de la pensión tiene cónyuge a cargo, su paga se eleva hasta los 786,90 euros mensuales. Habida cuenta de que con ese dinero han de mantenerse dos personas, la renta per cápita de ese hogar se reduce a 393,45 euros. Una renta situada por debajo del umbral de pobreza por mucha economía de escala que se quiera aplicar a la pareja. El complemento con el que se supone debe mantener al cónyuge 'a su cargo' es de 181.8 euros al mes, lo que arroja una ratio casi tercermundista de 6 euros/día. 


Un cálculo más echando las 'cuentas de la vieja', como corresponde al caso. Dejemos al pensionista titular con 605,10 euros permitiendo que el cónyuge cobre la modestísima pensión no contributiva de 368,90 euros. Así, la pareja conseguiría sumar 974 euros.

En 1729, Jonathan Swift escribió Una modesta proposición (A Modest Proposal), un ensayo satírico en el que propone resolver el problema en Irlanda de campesinos inquilinos que no pueden alimentar a sus hijos porque los propietarios son inflexibles sobre el arriendo. Y sugiere como solución que los padres deben vender sus hijos a los terratenientes ricos para que se los coman. En esta línea de humor negro, se podría proponer que las señoras 'a cargo de' mataran a sus maridos como forma de mejorar sus ingresos. De esta manera obtendrían una pensión de viudedad para ellas solas cuya cuantía, aunque tampoco es como para tirar cohetes, triplica esa birria de complemento.




lunes, 27 de febrero de 2017

Petición de un pacto de Estado que equipare pensiones mínimas contributivas y de viudedad al Salario Mínimo Interprofesional

La pensión contributiva ha de entenderse como un salario diferido, con capacidad para hacer frente a los gastos elementales que permitan llevar una vejez digna. Por obvias razones de justicia, su cuantía mínima debe ser equiparada al Salario Mínimo Interprofesional. Una petición creada en Change.org solicita un pacto de Estado en este sentido que sea aprobado por unanimidad en el Congreso de los Diputados.

La Constitución Española dispone que los poderes públicos garantizarán, mediante pensiones adecuadas y periódicamente actualizadas, la suficiencia económica a los ciudadanos durante la tercera edad (Art. 50). Sin embargo, esta garantía constitucional no se está cumpliendo en absoluto. La política del Gobierno del Partido Popular, aplicando subidas anuales del 0,25%, no compensa los incrementos del coste de los productos básicos, que han subido 12 veces más que la pensión. 

Desde su entrada en el gobierno, el Partido Popular ha venido efectuando una demolición en toda regla al sistema público de pensiones español. No sólo se ha cargado el fondo de reserva, -la denominada 'hucha' que quedará literalmente vacía en 2017- además, ha introducido una reforma que supone, de hecho, una congelación perpetua de las pensiones.

En efecto, el factor de revalorización aprobado en 2013 es una compleja fórmula matemática que analiza la marcha del sistema (ingresos, gastos y número de pensionistas, de los últimos cinco años y las previsiones del Gobierno para los cinco siguientes). Fórmula ideada para que en el actual escenario de gastos crecientes de la Seguridad Social las pensiones suban el mínimo posible, es decir, el 0,25%. Una subida irrelevante que raya en el insulto a los más de 2,5 millones de personas que perciben pensiones mínimas, "revalorizadas" en 2017 con incrementos inferiores a dos euros mensuales.

«Subíronme a pensión 1,60 euros e hai días que non acendo a calefacción», se queja María Ramos, jubilada lucense entrevistada por La Voz de Galicia. Pese a lo cual, otro gallego, el presidente del Gobierno Mariano Rajoy Brey, dice que no ve razones para subir las pensiones más del 0,25%.

Esta falta de sensibilidad social de Rajoy sólo es comparable al rostro de cemento armado con el que encara los flagrantes casos de corrupción producidos en el seno de su partido. Porque el ataque al sistema público de pensiones ha sido tan crudo que hasta una entidad poco sospechosa de izquierdismo como Fedea, el laboratorio de ideas que cuenta entre sus patronos con los grandes bancos y empresas españolas, considera que, con la reforma de 2013, el gobierno del Partido Popular se ha pasado de frenada. 


En un estudio de 90 páginas, que Fedea publica en su web, se afirma que desvincular las pensiones del incremento de los precios generará "problemas de suficiencia importantes" a ciertos colectivos, por lo que propone que las pagas mínimas vuelvan a ligarse al IPC.
          
Es más, según Fedea, la reforma de 2013 supone que las pensiones subirán ese exiguo 0,25% al menos "hasta bien entrada la década" de 2060 al mantenerse los niveles de ingresos del sistema por debajo del flujo de gastos. Lo que confirma la tesis antes apuntada de la congelación permanente. En el informe, propone, entre otras medidas, volver a subir las pensiones mínimas, de entre 590 y 638 euros, conforme a la inflación para aliviar la situación de los que menos cobran.

Consciente de la gravedad de la situación, el gobierno autonómico de Navarra ha anunciado que las personas que reciben pensiones contributivas con rentas inferiores al Salario Mínimo Interprofesional (SMI) se beneficiarán de un complemento que, en tres años, equiparará su cuantía al SMI del año 2017.
 

Aunque esto es ir muy despacio para alcanzar el objetivo, es significativa la relación que se establece entre pensiones y salario mínimo. En efecto, la pensión contributiva y su derivada de viudedad deben entenderse como un salario diferido (de verdad, no el de Bárcenas) con capacidad para hacer frente a los gastos elementales que permiten llevar una vejez digna. Sin embargo, la cuantía de esas pensiones mínimas para una persona mayor de 65 años, individual o viuda, es de 637 euros mensuales. Ni siquiera alcanza el ya de por sí bajo nivel del SMI.

Tan bajo, que al comienzo de la actual Legislatura, el Partido Popular en el Gobierno y el PSOE llegaron a un acuerdo para incrementar en un 8% el SMI, situándolo en 707 euros mensuales en 2017. A mucha distancia todavía de los niveles europeos. Hasta el punto de que el Consejo de Europa ha criticado a España por incumplir seis artículos sobre derechos laborales contenidos en la Carta Social Europea, un tratado vinculante para los Estados adheridos. España, incumple el artículo 4 de la Carta en la que los Estados firmantes se comprometen a reconocer el derecho de los trabajadores "a una remuneración suficiente que les proporcione a ellos y sus familias un nivel de vida decoroso". La propuesta del Consejo de Europa es que la cuantía del salario mínimo constituya el 60% del salario neto medio del país. En España, este valor se sitúa casi a la mitad: en un 34,1%.

Uno de los principales motivos por el que muchas personas cobran hoy cuantías mínimas es que, al estallar la crisis en 2008, se vieron afectadas por el desempleo en los años previos a la jubilación, lo cual perjudicó su carrera de cotización a la Seguridad Social. Circunstancia que constituye una doble injusticia cuando se compara con las ingentes sumas de recursos públicos dedicados a salvar a instituciones financieras o empresariales de la ruina producida por sus propios errores.


No es la primera vez que desde este blog se ha planteado a necesidad de equiparar las pensiones mínimas al SMI. Entre otras razones, porque su reivindicación uniría la fuerza de dos grandes colectivos afectados: el de los pensionistas y el de los trabajadores precarios. Al que habría que agregar a toda la gente solidaria con este sensible aspecto de la cuestión social. Ahora, contando con la colaboración de la plataforma Change.org, hemos establecido la siguiente petición:

Las ciudadanas y ciudadanos firmantes de esta petición solicitamos a los parlamentarios de las distintas formaciones políticas del Congreso de los Diputados que alcancen un pacto de Estado en virtud del cual la cuantía de la pensión mínima contributiva y de viudedad sea equiparada al SMI en 2018 (*). Quedando, a partir de ese momento, indexada al SMI a efectos de aplicación automática de futuros incrementos del mismo.
 

 La petición, apoyada ya por más de 85.000 personas, puede firmarse pinchando en este enlace 
  
Una consideración final: este pacto debería ser suscrito por la totalidad de los 350 escaños del hemiciclo de las Cortes, ya que el compromiso moral y político de cumplir con un mandato constitucional que evite la pobreza de millones de personas se supone que debería estar por encima de rivalidades e intereses partidistas. 
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De esta petición se han hecho eco en:

Gente despierta (RNE)

Diario crítico


Attac España

Espacios europeos



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(*) En 2018, para evitar la posibilidad de impugnación por parte del Gobierno si afectara al Presupuesto de 2017.


sábado, 4 de febrero de 2017

El Congreso tramitará una iniciativa de renta mínima condicional para personas sin ingresos

Partido Popular y Ciudadanos votan en el Congreso en contra de la Iniciativa Legislativa Popular destinada a garantizar una renta mínima a las personas sin recursos. Iniciativa con unas leves gotas de sangre jacobina al plantearla como un derecho subjetivo de toda persona a percibir esa renta que habrá de ser financiada por los presupuestos generales del Estado.


Tras una década de rotundos fracasos al pretender reducir la pobreza con esa consigna viejuna de "más y mejor empleo", los sindicatos Comisiones Obreras y Unión General de Trabajadores han presentado en el Parlamento la propuesta de crear una renta mínima garantizada para personas sin recursos. Que no tiene nada que ver con el concepto de la Renta Básica Universal (RBU).

Demasiado débiles para agrupar a una fuerza de 700.000 afiliados dispuestos a plantar cara a los recortes sociales, los sindicatos han conseguido, al menos, reunir 700.000 firmas –el activismo de firma le sale gratis al firmante– apoyando una Iniciativa Legislativa Popular destinada a crear una renta mínima garantizada de 426 euros mensuales a personas de 18 a 64 años demandantes de empleo sin ingresos o con ingresos inferiores en cómputo anual al 75% del SMI, 5.837 € por persona al año.


El pleno del Congreso del pasado jueves 2 de febrero aceptó admitir a trámite dicha proposición de ley con los votos en contra del PP y Ciudadanos. El Gobierno de Mariano Rajoy está en contra de la proposición de ley por considerarla imposible de financiar. Aunque no tenga la misma opinión cuando se trata, tras el astronómico rescate a la banca, de hacer lo mismo con las autopistas en quiebra. Pero, conociéndolos, tampoco cabría esperar mucho más de la sensibilidad social de los popularistas.
Sólo les falta cantar aquello de Tanto vestido blanco, tanta parola. Y el puchero a la lumbre con agua sola.

El resto de partidos votaron a favor. Algo esperable del PSOE, cuyo programa contempla un Ingreso Mínimo Vital bastante parecido a la iniciativa sindical.

Hay que reconocer en esta propuesta unas gotas de sangre jacobina al plantearla como un derecho subjetivo de toda persona de nacionalidad española a percibir esa renta sin importar en qué región del territorio resida. Una prestación de rango estatal que vendría a superar la actual disparidad de cuantías y condiciones de las diversas ayudas establecidas por las diferentes administraciones autonómicas. En definitiva, un nuevo derecho subjetivo vinculado a la Seguridad Social, es decir, financiado a través de los presupuestos generales del Estado.

Otro aspecto novedoso es que desaparece la palabra inserción en el enunciado de la renta, que pasa ahora a ser garantizada. Que no es lo mismo que incondicional, puesto que se sólo se percibiría mientras se mantengan las condiciones que dan derecho a la prestación. Entre ellas, que los beneficiarios se encuentren inscritos como demandantes de empleo.

Donde la propuesta se queda corta, cortísima, es en su cuantía, al fijarla en 426 euros mensuales. Esa cifra que parece haberse convertido en un totem prestacional pese a situarse por debajo del umbral de la pobreza.
 
Esta iniciativa podría ofrecer una ayuda elemental a los más de 1.800.000 hogares cuya renta per cápita es inferior a 5.837 euros anuales. Aunque habría sido mucho más directo y propio de la acción sindical exigir el cumplimiento de una norma que ya existe en el Estatuto de los Trabajadores de manera que la cobertura del subsidio por desempleo llegase a todos los desempleados. 
Porque la tramitación parlamentaria de esta medida será necesariamente dilatada en el tiempo. Si llega a buen puerto, las personas en situación de pobreza que hayan sobrevivido al periodo de tramitación, y al posterior proceso de reconocimiento de la condición de beneficiario, algo cobrarán. A cambio, eso sí, de verse sometidos al humillante escrutinio administrativo para demostrar su pobreza. Siempre bajo sospecha, como de forma magistral retrata Ken Loachen la película I Daniel Blake.

Sentado esto, diremos una vez más que,
a estas alturas, este tipo de rentas condicionales no es la solución que pide a gritos la justicia social en un momento histórico caracterizado por los efectos de la Cuarta Revolución Industrial que se estima dejará sin empleo al 80% de la población. De hecho, la patronal CEOE ya avisa de que una bajada masiva del paro solo es posible si se crea "empleo de baja calidad".  

Recientemente, el filósofo Santiago Alba Rico, en una entrevista en el diario.es declaraba lo siguiente:

Creo que la izquierda es cada vez menos culta y más hipernormativa, y un sector vive en un pasado que le sigue proporcionando esquemas de interpretación muy cómodos pero que son cada vez más incompatibles con la realidad en que vivimos. Y hay una cosa identitaria, que es casi mística, que tiene que ver con el hecho de que finalmente allí donde no puedes introducir ningún efecto en la realidad, porque no tienes los medios y además nadie te sigue, necesitas tener correligionarios al lado de los cuales te sientas apoyado, respaldado, integrado. Y eso es muy bonito, pero no es ni política ni políticamente bueno. 

La reflexión de Alba Rico puede perfectamente aplicarse a cómo la izquierda española aborda el debate sobre la Renta Básica Universal. Una propuesta que ha cobrado actualidad ante la evidencia de la robotización de los procesos productivos. Ahora mismo, la RBU es defendida desde Silicon Valley hasta Finlandia. Donde, como ya es conocido, ha sido el propio gobierno el que ha propiciado un experimento práctico destinado a estudiar su aplicación generalizada 

Mientras tanto, aquí, en las socialmente desoladas tierras de Celtiberia Show, los que tienen la posibilidad de tomar medidas sociales, no quieren saber nada de esta garantía real de ingresos. Encastillada en el pasado, Izquierda Unida rechaza la RBU contraponiendo una propuesta de Trabajo Garantizado que no deja de ser un brindis al sol poniente de las políticas laborales. De entrada, porque salvo que se disponga de un poder absoluto, no es posible crear puestos de trabajo por decreto ley. Y aun en la hipótesis de que se llegara a ostentar tal poder resulta dudoso el tipo de empleos que podrían crearse. ¿Tal vez el de abrillantadores de robots?

Por su parte, el PSOE rechaza igualmente el ingreso incondicional. Su principal asesor en materia económica, José Carlos Díez, llegó a asegurar en televisión que una implantación generalizada de la RBU obligaría al uso de "francotiradores" para frenar la llegada de inmigrantes. Aunque e
l autor de esas palabras hubo de pedir perdón de inmediato, esa soberbia académica tiene mucho que ver con la llegada al poder de los Trump y Cía. Ya que las clases dirigentes llevan una década viviendo de espaldas a la realidad de la pobreza en que se ven obligados a vivir grandes sectores de la población desempleada o empleada en precario. Por cierto, en Alaska existe una forma de RBU y no se tiene noticia de que hayan tenido que poner francotiradores en sus fronteras.

¿Y Podemos? Es una lástima, pero Podemos tiene ahora mismo la vista puesta en otra cosa: Vistalegre o Vistatriste, ellos sabrán. Al menos, votaron a favor de la ILP.


domingo, 1 de enero de 2017

Compartir la luz de la solidaridad con los refugiados




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Compartiendo la luz de la solidaridad con los refugiados de Palestina, con los millones de refugiados que huyen de las guerras del mundo, dándoles apoyo en las noches más oscuras. Pidiendo a los Gobiernos que los acojan y a la ciudadanía de los países a los que llegan pidiendo asilo que desplieguen el humanitario calor de la solidaridad. 

Nadie es una isla, completo en sí mismo; cada hombre es un pedazo de continente, una parte de la tierra.; si el mar se lleva una porción de tierra, toda Europa queda disminuida, como si fuera un promontorio, o la casa de uno de tus amigos, o la tuya propia. La muerte de cualquier hombre me disminuye porque estoy ligado a la humanidad; por consiguiente, nunca preguntes por quién doblan las campanas: doblan por ti.

   John Donne: "Meditación XVII" de Devotions Upon Emergent Occasions (1624)