martes, 31 de diciembre de 2019

El idiota espabilado

La vida es tan sólo una sombra, que transcurre; un pobre actor que, orgulloso, consume su turno sobre el escenario para jamás volver a ser oído. Es una historia contada por un idiota, llena de ruido y  furia, que nada significa. [Macbeth, V, v.]
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Marcha por el clima en Madrid

El 6 de diciembre de 2019 tuvo lugar en Madrid una multitudinaria marcha a favor de adoptar medidas contra la crisis climática que afecta ya a la actual forma de vida sobre el planeta Tierra. Al final de la misma, y durante la lectura que hizo del manifiesto de la marcha, el actor Javier Bardem, a título "muy personal", llamó "estúpidos" al presidente de EE UU, Donald Trump y al Alcalde de Madrid, José Luis Martínez-Almeida (PP). En el caso de este último por querer "revertir Madrid Central y permitir circular por la capital a los vehículos contaminantes". 

Poco después, Bardem se vio obligado a disculparse por haberse "dejado llevar por un impulso en absoluto constructivo". Pues como él mismo señaló en su cuenta de Twitter: "El insulto ilegitimiza cualquier discurso y conversación". 

Totalmente de acuerdo. Por principio, no se debe insultar a nadie en un acto público. Ahora bien, la estupidez en el comportamiento de los dirigentes políticos debe ser estudiada con lupa, en tanto  en cuanto que determinadas disposiciones legales llevan implícito un grado de injusticia que aumenta cuando la norma ha sido promulgada por la acción u omisión de un idiota. O de un conjunto de ellos. 

"Los imbéciles causan más daños que los malvados", asegura Carlo M. Cipolla en su ensayo sobre Las leyes fundamentales de la estupidez humana, que enumera de la siguiente forma:

Siempre e inevitablemente cada uno de nosotros subestima el número de individuos estúpidos que circulan por el mundo.

La probabilidad de que una persona determinada sea estúpida es independiente de cualquier otra característica de la misma persona.

Una persona estúpida es una persona que causa un daño a otra persona o grupo de personas sin obtener al mismo tiempo un provecho para sí, o incluso obteniendo un perjuicio.

Las personas no estúpidas subestiman siempre el potencial nocivo de las personas estúpidas. Los no estúpidos, en especial, olvidan constantemente que en cualquier momento y lugar, y en cualquier circunstancia, tratar y/o asociarse con individuos estúpidos se manifiesta como un costosísimo error.

La persona estúpida es el tipo de persona más peligrosa que existe.

Corolario:


El estúpido es más peligroso que el malvado.  

Hay diferencias conceptuales entre la estupidez y la idiotez. Los griegos denominaban "idiotes"  ἰδιώτης idiṓtēs a aquél que sólo se ocupaba de sus propios asuntos en detrimento de su compromiso con la vida pública. En nuestra lengua, la voz "idiota" define a aquél que padece idiocia, una enfermedad mental o alteración de la conciencia que se traduce en imbecilidad, necedad, falta congénita y completa de las facultades intelectuales.

El término fue ampliamente utilizado en la literatura científica del siglo XIX para denominar lo que hoy se conoce como deficiencia mental, principalmente en sus formas más graves. Cuando, a comienzos de dicho siglo, este fenómeno comenzó a ser claramente diferenciado del de la enfermedad mental, la distinción se hizo precisamente en términos de idiocia frente a demencia, "el demente es un rico arruinado; el idiota es un pobre de nacimiento" afirmaba el psiquiatra parisino Esquirol. 

Interesante también es la figura del idiot-savant, una expresión utilizada por la Psicología clínica para designar a los individuos que, siendo débiles mentales en cualquier grado, poseen un talento especial en una o más direcciones. A día de hoy, idiota es una palabra en desuso del léxico científico ya que, por las connotaciones adquiridas, el lenguaje corriente lo utiliza como un insulto 

Otro enfoque del comportamiento ha acuñado la figura del idiota moral. Definido como aquel individuo que, pese a tener a su alcance los suficientes datos para rebelarse ante la injusticia, renuncia a su capacidad de análisis racional del mundo que le rodea y esconde su responsabilidad amparándose en el subterfugio de la obediencia a las instrucciones recibidas. 

Concluimos esta breve aproximación al universo de la idiotez con la figura del idiota espabilado, concepto acuñado por el físico inglés Martin Scorer en el libro que lleva ese título y en el que somete a una visión crítica las falsas soluciones a los problemas sociales basadas en el crecimiento económico.


Es, como si condujéramos un vehículo que llevase un remolque unido por un elástico, nos gusta acelerar porque es divertido, pero el elástico se ha tensado, de modo que tenemos que acelerar aún más para evitar que el remolque se incruste por detrás; de pronto, descubrimos que el camino está cortado por un muro de ladrillos que se alza ante nosotros. Sabemos que debemos cambiar de dirección, pero sólo estamos programados para progresar a mayor velocidad en la misma dirección. 

El muro ya se vislumbra con toda nitidez pero he aquí la visión de algunos espabilados con mando en plaza:

Al descubrirse que la causa del agujero abierto en la capa de ozono sobre la Antártida se debía a la emisión de gases clorofluorocarbonados (CFC), los científicos alertaron a la opinión pública sobre los peligros reales que se cernían sobre la biosfera y la necesidad de tomar medidas para prevenirlos. El entonces secretario del Interior de Estados Unidos, Donald Hodel, consideró que la industria podría seguir emitiendo los mismos niveles de CFC siempre que se adoptase un programa nacional de protección personal contra las radiaciones ultravioletas que, según él, consistiría en que los norteamericanos deberían portar grandes sombreros como los usados en Texas y permanecer en la sombra. "La gente que no esté expuesta al sol no se verá afectada", sentenció Hodel.  

De esto hace décadas, sin embargo, el presidente de EE UU, Donald Trump, se mofó recientemente de la energía limpia y del calentamiento global en un mitin en Pensilvania. Trump bromeó con que el país estaría cubierto de molinos de viento si la candidata demócrata Hillary Clinton hubiera ganado en las elecciones de 2016. "Tendríais molinos de viento por todas partes si hubiera ganado Hillary [Clinton], con pájaros derribados por todas partes. Esos molinos hacen ese ruido, wa, wa, wa", dijo el presidente. "Cariño, ¡Quiero ver la tele y no sopla el maldito viento! ¿Qué hago? Creo que por el calentamiento global... No hay viento, no hay vida, los océanos van a crecer 187 pulgadas [4,7 metros] en los próximos 250 años. Nos va a aniquilar", continuó en tono burlón.

En la ciudad de Madrid tenemos un Alcalde que también nos ha salido bastante espabilado. Aparte de su afición a colgar colchas en los balcones del Ayuntamiento, se ha distinguido por su labor negacionista respecto a las medidas de reducción del tráfico urbano. 

Dice el proverbio que cuando un tonto sigue una linde la linde se acaba y el tonto sigue. Y los electores, por acción de la derecha y omisión de la izquierda, hemos confiado el timón del barco a esta caterva de espabilados. Repasen, por favor, las leyes de la estupidez humana.       

Les deso un Feliz Año 2020, por si fuera el último antes de la anunciada colisión con el muro.