jueves, 14 de mayo de 2015

El voto al PP: ¿síntoma de ciega e irracional obediencia?

Hay mentiras, verdades a medias y estadísticas (Mark Twain). Las encuestas de opinión forman una rama de la estadística cuyos resultados suelen ser 'cocinados' con el propósito de influir o manipular el ánimo de los votantes. Hay muchos intereses en juego y los grandes poderes fácticos no gastan en balde el dinero invertido en propaganda. La estrategia busca la profecía autocumplida.
 
Las encuestas sobre intención de voto publicadas por lo que otrora se llamó Prensa y Radio del Movimiento, pronostican que, pese a que sufrirá un considerable desgaste, el Partido Popular (PP) será el más votado en las próximas elecciones municipales y autonómicas. 

¿Cómo es esto posible? Más allá de la gente sumida en la pobreza severa, de los casi cinco millones de parados, de los precarios, no hay franja de clase media asalariada que no haya sido perjudicada por las medidas antisociales del Partido Popular. Los recortes en todos los servicios esenciales, sobre todo en sanidad y educación, no han servido para equilibrar la economía y, tras desvalijar la caja de las pensiones, el PP ha aumentado la Deuda Pública situándola en más de un billón de euros, de los cuales 300.000 millones corresponden al mandato de Rajoy. El balance de gestión incluye la destrucción, en esta legislatura, de más de un millón de empleos.

Un evidente signo del Estado del Malestar lo aporta el informe de vulnerabilidad elaborado por Cruz Roja, del que se desprende que dos millones y medio de personas dejan de tomar medicamentos porque, forzados a elegir entre comprar fármacos o alimentos, optan por la comida.

Si a esto se añade la apestosa corrupción que salpica a los principales dirigentes populares, y las leyes mordaza que restringen las libertades políticas y de expresión, resulta incomprensible que una sociedad madura pueda seguir otorgando su confianza a quienes la han defraudado por activa y por pasiva. Sin ir más lejos, en plena campaña sale a la luz la noticia de que el Gobierno madrileño de Esperanza Aguirre pagó en 2011, a través de la sociedad Madrid Network, más de 600.000 euros al antiguo bufete de Cristóbal Montoro, Equipo Económico, y casi 350.000 a una compañía de Manuel Lamela, ex consejero de Transportes de la Comunidad durante el mandato de la condesa de los Altos Techos.

En estas circunstancias, ¿consentirá la ciudadanía madrileña llamada a las urnas volver a encumbrar al poder municipal a una candidata que, además de destrozar la sanidad pública regional, y flotar en un charco de corrupción, se jactó de desobedecer las normas de tráfico?  

Hay mentiras, verdades a medias y estadísticas, según sentencia atribuida a Mark Twain. Las encuestas de opinión forman una rama de la estadística cuyos resultados acostumbran a ser 'cocinados' con el propósito de influir o manipular el ánimo de los votantes. Con esta precaución hay que leer los resultados de esas encuestas que sitúan al PP en el primer lugar del ranking de votos. Ya que anunciando la victoria de Esperanza intentan sumirnos en la desesperanza para convencernos de que no hay nada que hacer, de que todo está perdido y renunciemos a cambiar el curso de las cosas.

Hay muchos intereses en juego y los grandes poderes fácticos no gastan en balde el dinero invertido en propaganda. La estrategia busca la profecía autocumplida. Y si esta nefasta predicción tuviera éxito, aparte de intentar marchar al exilio para no sufrir tanta iniquidad, cabría preguntarse sobre la salud mental de una gran parte del electorado. En este sentido, convendría recuperar un estudio realizado, en los años 60, por el psicólogo Stanley Milgram en la Universidad de Yale. El experimento  desveló que las mayoría de personas corrientes son capaces de hacer mucho daño, si se les obliga a ello.

Milgram quería averiguar con qué facilidad se puede convencer a la gente corriente para que cometan atrocidades como las que cometieron los alemanes en la Segunda Guerra Mundial. Quería saber hasta dónde puede llegar una persona obedeciendo una órden de hacer daño a otra persona. Puso un anuncio pidiendo voluntarios para un estudio relacionado con la memoria y el aprendizaje.

¡La mayoría de los participantes en el experimento accedieron a dar descargas eléctricas mortales a una víctima si se les obligaba a hacerlo!


                       El experimento de Milgram

Los participantes fueron 40 hombres de entre 20 y 50 años y con distinto tipo de educación, desde sólo la escuela primaria hasta doctorados. El procedimiento era el siguiente: un investigador explica a un participante y a un cómplice (el participante cree en todo momento que es otro voluntario) que van a probar los efectos del castigo en el aprendizaje.

Les dice a ambos que el objetivo es comprobar cuánto castigo es necesario para aprender mejor, y que uno de ellos hará de alumno y el otro de maestro. Les pide que saquen un papelito de una caja para ver qué papel les tocará desempeñar en el experimento. Al cómplice siempre le sale el papel de "alumno" y al participante, el de "maestro".

En otra habitación, se sujeta al "alumno" a una especie de silla eléctrica y se le colocan unos electrodos. Tiene que aprenderse una lista de palabras emparejadas. Después, el "maestro" le irá diciendo palabras y el "alumno" habrá de recordar cuál es la que va asociada. Y, si falla, el "maestro" le da una descarga.

Al principio del estudio, el maestro recibe una descarga real de 45 voltios para que vea el dolor que causará en el "alumno". Después, le dicen que debe comenzar a administrar descargas eléctricas a su "alumno" cada vez que cometa un error, aumentando el voltaje de la descarga cada vez. El generador tenía 30 interruptores, marcados desde 15 voltios (descarga suave) hasta 450 (peligro, descarga mortal).



El "falso alumno" daba sobre todo respuestas erróneas a propósito y, por cada fallo, el profesor debía darle una descarga. Cuando se negaba a hacerlo y se dirigía al investigador, éste le daba unas instrucciones (4 procedimientos):

Procedimiento 1: Por favor, continúe.
Procedimiento 2: El experimento requiere que continúe.
Procedimiento 3: Es absolutamente esencial que continúe.
Procedimiento 4: Usted no tiene otra alternativa. Debe continuar.

Si después de esta última frase el "maestro" se negaba a continuar, se paraba el experimento. Si no, se detenía después de que hubiera administrado el máximo de 450 voltios tres veces seguidas.

Este experimento sería considerado hoy poco ético, pero reveló sorprendentes resultados. Antes de realizarlo, se preguntó a psicólogos, personas de clase media y estudiantes qué pensaban que ocurriría. Todos creían que sólo algunos sádicos aplicarían el voltaje máximo. Sin embargo, el 65% de los "maestros" castigaron a los "alumnos" con el máximo de 450 voltios. Ninguno de los participantes se negó rotundamente a dar menos de 300 voltios.

A medida que el nivel de descarga aumentaba, el "alumno", aleccionado para la representación, empezaba a golpear en el vidrio que lo separa del "maestro", gimiendo. Se quejaba de padecer de una enfermedad del corazón. Luego aullaba de dolor, pedía que acabara el experimento, y finalmente, al llegar a los 270 voltios, gritaba agonizando. El participante escuchaba en realidad una grabación de gemidos y gritos de dolor. Si la descarga llegaba a los 300 voltios, el "alumno" dejarba de responder a las preguntas y empezaba a convulsionar.

Al alcanzar los 75 voltios, muchos "maestros" se ponían nerviosos ante las quejas de dolor de sus "alumnos" y deseaban parar el experimento, pero la férrea autoridad del investigador les hacía continuar. Al llegar a los 135 voltios, muchos de los "maestros" se detenían y se preguntaban el propósito del experimento. Cierto número continuaba asegurando que ellos no se hacían responsables de las posibles consecuencias. Algunos participantes incluso comenzaban a reír nerviosos al oír los gritos de dolor provenientes de su "alumno".

En estudios posteriores de seguimiento, Milgram demostró que las mujeres eran igual de obedientes que los hombres, aunque más nerviosas. El estudio se reprodujo en otros países con similares resultados. En Alemania, el 85% de los sujetos administró descargas eléctricas letales al alumno.

En 1999, Thomas Blass, profesor de la Universidad de Maryland publicó un análisis de todos los experimentos de este tipo realizados hasta entonces y concluyó que el porcentaje de participantes que aplicaban voltajes notables se situaba entre el 61% y el 66% sin importar el año de realización ni el lugar de la investigación.




miércoles, 29 de abril de 2015

Aguirre: la de los altos techos y los bajos principios morales

Ahora resulta que la cínica y lenguaraz Aguirre, candidata a la Alcaldía madrileña por el partido que alberga más corruptos por metro cuadrado, quiere remodelar la estética de las calles de la ciudad expulsando de ellas a la gente sin techo que no tiene otro recurso que dormir en ellas.

Dormir en la calle es algo que admite diversos enfoques. Para un nómada o un neoliberal —cuyas respectivas doctrinas ideológicas no se diferencian gran cosa en el repudio de cualquier traba que se oponga a la libertad del individuo— la pernocta allí donde caiga la noche es un derecho inalienable. Con vitriólica agudeza, Anatole France, Nobel de Literatura (1921), señaló que: "La justicia, en su majestuosa igualdad, permite tanto al rico como al pobre dormir de noche bajo un puente y mendigar en la calle".

No es habitual ver a los ricos ejerciendo este derecho a dormir bajo los puentes, pero para los desposeídos de fortuna, los así llamados sin techo, dormir en la puñetera calle, más que una opción, es el último recurso que les queda para subsistir por debajo de las coberturas elementales de la pirámide de Maslow
Tener una vivienda, especialmente cuando se trata de un palacete con techos altos también puede suponer un problema. La condesa consorte de Murillo, Esperanza Aguirre Gil de Biedma, acomodada terrateniente con una dilatada carrera política, declaró tener dificultades para llegar a final de mes cuando era presidenta de la Comunidad de Madrid. “Lo que peor llevo es la electricidad. Tengo unos techos altísimos y la calefacción es eléctrica, ¡un horror!, no tener pagas extras me tiene mártir, las he tenido toda mi vida y las echo de menos en Navidad y en verano. No es que haga números a final de mes; es que muchas veces no llego, con la excepción de cuando fui presidenta del Senado, que entonces sí cobraba un buen sueldo”.(1)

Pese a presumir de liberal, Aguirre, con manifiesta ignorancia de su propia doctrina, se comprometió con representantes del sector turístico a "estudiar a fondo" por qué "está permitido vivir en la calle". Y añadió: "Hoy, será casualidad, pero en el barrio de Las Letras, Azca, en la Plaza Mayor, en Arganzuela, en todas partes, la mayor queja de los vecinos por lo que no pueden [sic] disfrutar los parques es porque hay una serie de personas, generalmente de origen extranjero y muchas veces formando parte de organizaciones, que no sé si llamar mafias, no solo para sobrevivir o tener un buen vivir a base de estas cuestiones que hay que estudiar y erradicar".

Las calles de Madrid son un ejemplo de la precariedad instalada por la políticas neoliberales. Hay un pobre pidiendo en la puerta de cada supermercado, un desharrapado en cada semáforo intentando vender pañuelos de papel a los conductores. Y hay mendigos durmiendo entre cartones en los parques, en los bancos, en los recintos de los cajeros automáticos de los bancos que han originado la crisis económica. 
 

En un Estado digno tal vez se pudiera plantear la oportunidad de prohibir la mendicidad, que es obvio que afea las calles y las conciencias. Pero una prohibición de esa índole sólo podría fundamentarse en la garantía de que todo ciudadano contase con una renta mínima, viniese esta del mercado o del Gobierno. El problema deriva de que no vivimos en un Estado digno, sino en un Estado que, más que de derecho, está hecho a la medida y conveniencia de esa derecha casposa y dura a la que, tanto Aguirre como su predecesor en el gobierno regional y nefasto alcade de Madrid, Alberto Ruiz-Gallardón, representan.

Porque, ay la memoria frágil, como en su momento anoté en esta bitácora, también Ruiz-Gallardón tuvo la tentación totalitaria de proponer que el Parlamento estudiase una ley que permitiera a la policía expulsar de las calles a los indigentes que viven en ellas.

Aparte de por su acción depredadora sobre los servicios públicos, Aguirre se caracteriza por un cinismo lenguaraz que no mide el alcance de sus palabras. Y en aquella ocasión, ¡ay las hemerotecas! se desmarcó de su correligionario: "No soy amiga de las prohibiciones. Hay muchos ciudadanos que consideran que se estaría muchísimo mejor durmiendo en un albergue que durmiendo al raso y, sin embargo, hay otros que no lo estiman así. Eso no quiere decir que, por opinar eso, que nos parece a todos muy raro, vayamos a privarles de sus derechos. El hecho de que no quieran aceptar esos servicios municipales es algo que muchos no compartimos y no comprendemos, pero es un hecho real, no hay que asomarse a la calle, no ya en Madrid, en todas las ciudades más avanzadas del mundo", explicó la condesa. Que por entonces todavía no se había aficionado al deporte de huir alocada y vergonzosamente de los agentes municipales de tráfico. 

Por estas declaraciones, sobre Aguirre ha caído un alud de justificadas críticas que en su mayoría suscribo y a las que no añadiré un ápice para no acumular redundancias. Me limitaré a recordar algo leído en un texto del fallecido profesor Gregorio Peces-Barba, y que cito en su textualidad: 
 
"Wittgenstein, en sus Philosophical Investigations, identificará certeramente esos comportamientos en los que el lenguaje 'se va de vacaciones y empieza a operar locamente, como una turbina que girase en el aire fuera de sus engranajes'. Lanzar 'la lengua a paseo' es irresponsable: expresa una categoría ínfima y poca grandeza".


Si hay algo que ensucia nuestros espacios públicos de diálogo y rebaja la acción política a los más ínfimos niveles es esa irresponsable tendencia de muchos de sus actores a lanzar la lengua a paseo. 

___________
(1) Drake,Virginia: Esperanza Aguirre: la presidenta, Esfera de los libros, Madrid, 2006, p. 479. 


 

martes, 21 de abril de 2015

Tragedia en el Mediterráneo: 700 muertos

La tragedia del pasado fin de semana es la más grande en cuanto a pérdida de vidas humanas que se ha producido en el Mediterráneo. Semanas antes, 400 personas perdieron la vida en un incidente similar. Y miles más perderán sus vidas en las próximas semanas si la Unión Europea no actúa ahora. En el año 2014 aproximadamente 219.000 personas cruzaron el Mediterráneo, y 3.500 personas perdieron la vida.


Una de las muchas objeciones manejadas por los opositores a la Renta Básica de Ciudadanía es el riesgo de que la instauración de esta medida en un país como el nuestro, ejerciera como hipotético atractor de migrantes venidos de países más pobres con el propósito deliberado de beneficiarse de esta medida. En definitiva, que la RBC actuase como un 'efecto llamada'.
                                   
Es una hipótesis que cabe inscribir en el marco de prejuicios contra la pobreza en general. Porque como la realidad se encarga de demostrar, a través de episodios tan dolorosos como este, el hecho cierto es la existencia de un flujo constante e imparable de gentes de distintas regiones de África que huyen de la miseria, la persecución política, ideológica o religiosa. Aunque en ningún país europeo haya establecido nada parecido al ingreso universal garantizado. 


Es el caso de Tareke Brahne (*). "Huí de Eritrea cuando tenía 17 años, escapando de los militares, la guerra y una dictadura feroz. Estaba desesperado. Nada me podía parar, ni siquiera el miedo a morir en el mar. Fui rechazado en un primer intento de llegar a Italia, pero lo intenté de nuevo, y lo conseguí". 


El Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) confirma que se ha reducido el perfil de los que viajan motivos económicos y ha aumentado el de personas afectadas por conflictos en sus países de origen.

Es decir, que cabría más bien hablar de 'efecto escape' antes que de efecto llamada. La presión social, económica y política que soportan los habitantes de los países más conflictivos es la que empuja a la población a buscar una válvula de escape a toda costa. A todo riesgo. 

Firmar la petición: "No más muertes en el Mediterráneo"
 
http://www.change.org/p/no-m%C3%A1s-muertes-en-el-mediterr%C3%A1neo-junckereu-marianorajoy-nom%C3%A1smuertes

____________________
(*)Tareke Brhane es el presidente del "Comité 3 de Octubre", una organización sin ánimo de lucro fundada tras el hundimiento de un barco en Lampedusa el 3 de octubre de 2013, donde 368 personas perdieron la vida. El objetivo de la organización es la adopción de un día conmemorativo en honor a los migrantes que han muerto, así como las personas que han arriesgado sus vidas para salvarles, a celebrarse cada 3 de octubre. Tareke ha recibido la medalla al activismo social en 2014, durante la XIV Cumbre de Premios Nobel de la Paz.
 

lunes, 6 de abril de 2015

We (must) are all kenians

"El olor de la muerte flota en los pasillos vacíos de la universidad. Libros esparcidos en el suelo entre charcos oscuros de sangre seca: se retiraron los cuerpos, pero el lunes, un olor fétido impregnaba la Universidad keniana de Garissa, donde el comando islamista efectuó la carnicería".

Con estas tremendas palabras describe Jeune Afrique el dramático ambiente que se respira en la universidad de Garissa tras la horrible matanza de 148 estudiantes cristianos perpetrada el pasado jueves
por un grupo armado perteneciente a Al Shabab (Haraka al-shebab el-moudjahidin, en árabe "Movimiento Juvenil Mujahidin"). Un movimiento islámico nacionalista somalí, cuyos combatientes yihadistas niegan cualquier interferencia externa en Somalia y rechazan cualquier cosa que no esté relacionada con el Islam.


El comando separó a los estudiantes musulmanes de los cristianos, asesinando luego a estos últimos a mansalva. Los propios musulmanes de Kenia fueron los primeros en reaccionar, mostrando su repulsa por el crimen con pancartas en las que se podía leer We are all kenians

Después del lema Je suis Charlie, surgido tras el atentado contra Charlie Hebdo en París, ahora es el Je suis kenyan el nuevo lema que corre por las redes sociales de los países francófonos. Recorridas también por un flujo de indignación denunciando la actitud de los jefes de Estado ante esta nueva matanza. Que no ha suscitado reacciones como las que condujeron a la manifestación internacional celebrada el 11 de enero en París. 

Tampoco los media tradicionales le han concedido una importancia acorde a la magnitud de la tragedia. En EE.UU., por ejemplo, Charlie Hebdo había sido citado más de 1.400 veces  en los medios de comunicación estadounidenses en las 24 horas siguientes a los ataques de los hermanos Kouachi. El ataque en Garissa, se ha citado sólo 214 veces, según informa breaking3zero

Por su parte, el presidente del Gobierno español, Mariano Rajoy, ha demostrado su falta de sensibilidad confundiendo hasta el nombre del país (dice Nigeria en vez de Kenia) en el curso de una entrevista en RNE, que se puede escuchar en este audio. "Hemos visto las atrocidades de Túnez y las hemos visto ahora en Nigeria, algo verdaderamente dramático, más de 150 jóvenes asesinados por la barbarie y por el fanatismo".

Tremenda imagen de cadáveres de los estudiantes asesinados en la universidad de Garissa.

Por supuesto, también en Nigeria corre la sangre inocente a causa de las masacres llevadas a cabo por los yihadistas de Boko Haram. Pero en su declaración, señor presidente, tocaba conmoverse por Kenia: todos somos, o mejor dicho, deberíamos ser kenianos.




sábado, 21 de marzo de 2015

Los destructores de la felicidad

...Que todos los hombres son, por naturaleza, igualmente libres e independientes y tienen ciertos derechos innatos, de los que, cuando entran en estado de sociedad, no pueden privar o desposeer a su posterioridad por ningún pacto, a saber: el goce de la vida y de la libertad, con los medios de adquirir y poseer la propiedad y de buscar y obtener la felicidad y la seguridad...


Como hay gente para todo y días para todos los gustos, el 20 de marzo, ha sido declarado por la ONU como Día Internacional de la Felicidad. La cual, decían los antiguos, consiste en la ausencia de dolor. Es un concepto que contiene amplios matices en los que no entraremos hoy, pues es ardua cuestión. También se ha dicho que las cosas buenas de la vida, las que contribuyen a hacernos felices, no cuestan dinero. De manera que es a los individuos a quienes compete buscar su felicidad.

Pero, a la hora de la verdad, hay demasiadas trabas sociales que se oponen a la felicidad. Por lo que ésta se convierte en una utopía, es decir, la situación en la que desearíamos encontrarnos si cesaran las causas que llevan a vivir en su antagónico: la infelicidad del momento presente. Algo que sí puede definirse a partir de la propia experiencia.


La institución política del Estado no puede garantizar la felicidad individual, pero el individuo que vive dentro de su ámbito tiene derecho a ser protegido para que nada, ni nadie, entorpeza su derecho a buscar su propia felicidad. Este es un viejo principio formulado por primera vez en 1776. La guerra de las colonias inglesas en América del Norte contra la metrópoli consagró los principios del derecho natural en los diversos textos de corte constitucional que sirven de prolegómenos a la declaración de independendencia de los Estados Unidos de América. El 12 de junio de 1776 la Declaración de Derechos del Buen Pueblo de Virginia afirma en su artículo I:

Que todos los hombres son, por naturaleza, igualmente libres e independientes y tienen ciertos derechos innatos, de los que, cuando entran en estado de sociedad, no pueden privar o desposeer a su posterioridad por ningún pacto, a saber: el goce de la vida y de la libertad, con los medios de adquirir y poseer la propiedad y de buscar y obtener la felicidad y la seguridad.


De esta manera, el Bill of Rights de Virginia realiza la primera formulación expresa de los derechos, entonces llamados del hombre y que hoy resulta más acertado decir de la persona: vida, libertad y búsqueda de la felicidad y seguridad (life, liberty and pursuing happiness and safety), de los que hace derivar otro derecho fundamental, el de la resistencia política frente a todo gobierno que no los garantice, explicitado en su artículo III:

que cuando un gobierno resulta inadecuado o es contrario a estos principios, una mayoría de la comunidad tiene el derecho indiscutible, inalienable e irrevocable de reformarlo, alterarlo o abolirlo de la manera que se juzque más conveniente al bien público.


 
Sobre este punto es mucho más precisa la Declaración de Maryland (1776), cuando declara en su artículo IV:

La doctrina de la no resistencia al poder arbitrario y a la opresión es absurda, es propia de esclavos y destructiva para el bien común y la felicidad del género humano. 


Después de las primeras operaciones militares de Lexington, Concord y Bunker Hill, iniciadas por los colonos en 1775 contra las tropas reales, el Segundo Congreso Continental, dirigido por el gobierno revolucionario denominado The Association, acordó proclamar su separación de la corona inglesa. En Filadelfia, el 4 de julio de 1776, era aprobada una Declaración de Independencia de los trece Estados Unidos de América redactada por Jefferson, en la que se recogían todos los principios formulados anteriormente por las corrientes enciclopedistas y apuntados en las declaraciones precedentes.

Sostenemos por evidentes, por sí mismas, estas verdades: que todos los hombres son creados iguales; que son dotados por su Creador de ciertos derechos inalienables; entre los cuales están la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad; que para garantizar estos derechos se instituyen entre los hombres los gobiernos, que derivan sus poderes legítimos del consentimiento de los gobernados; que siempre que una forma de gobierno se haga destructora de estos principios, el pueblo tiene derecho a reformarla o a abolirla, e instituir un nuevo gobierno que se funde en dichos principios, y a organizar sus poderes en la forma que a su juicio sea la más adecuada para alcanzar la seguridad y la felicidad.



En España, un gobierno en concreto, el actual gobierno del Partido Popular, ha hecho casi todo cuanto estaba a su alcance para obstaculizar el derecho de la mayoría a buscar la propia felicidad. Pues, aun considerando la tesis ya apuntada de que las mejores cosas de la vida no cuestan dinero, no es menos cierto que la falta de un mínimo sustento material que posibilite cubrir las necesidades básicas de las personas, éstas no podrán transitar los caminos que conducen a la felicidad. 

El PP ha destruido las bases materiales de los millones de desempleados, cuya cifra total ha aumentado bajo el mandato de Rajoy, al recortar sensiblemente el subsidio por desempleo, que ahora apenas lo perciben la mitad de los afectados. Ha destruido las esperanzas de emancipación de los jóvenes, cuya tasa de paro se ha incrementado desde el 48,7% de finales de 2011 hasta el 51,4% del pasado diciembre. Ha sembrado en los jubilados la inquietud por el futuro de las pensiones al reducir el llamado Fondo de Reserva retirando de manera creciente un total de 32.651 millones de euros de los 66.881 millones que había antes de que el PP metiera mano a la hucha. 

Si a todo esto se añaden los salvajes recortes en Sanidad, Educación y ayuda a la Dependencia, no es extraño que los españoles declaren ser la población menos feliz de Europa. Así se pone de manifiesto en un estudio de Eurostat, la oficina estadística de la UE, sobre la satisfacción ciudadana con sus condiciones de vida. En el mismo se constata que la salud y factores como la situación económica y las relaciones sociales están muy relacionados con la percepción del bienestar individual. "Estar en riesgo de pobreza o en situación de falta de recursos es especialmente relevante", señala en su análisis Eurostat. Y añade: "Sin embargo, es la mala salud la que impacta de manera más negativa en la satisfacción con la vida".

En Andalucía, las elecciones autonómicas celebradas el 22-M han puesto de manifiesto que el electorado ha castigado al principal destructor de la felicidad en España. ¿Cundirá el ejemplo en los próximos comicios municipales y autonómicos en Madrid?  




lunes, 2 de marzo de 2015

Jornadas de Formación sobre Renta Básica de Ciudadanía



Las personas interesadas en conocer a fondo la propuesta del Ingreso de Ciudadanía, tienen ahora una excelente oportunidad de hacerlo a través de las Jornadas Formativas organizadas por el Observatorio de la Renta Básica de Attac Madrid. 

Formulada bajo diversas denominaciones según distintos autores y países: dividendo social (social dividend); ingreso básico (basic income); ingreso garantizado (guaranteed income); ingreso ciudadano (citizen’s income); ingreso social (social income), (revenue social); rédito de ciudadanía (reditto de cittadinanza); salario del ciudadano (citizen’s wage), (bürgergehalt); subsidio universal (allocation universelle), (universal grant).
 




Inscripción hasta completar cupo en:   

observatoriorentabasica@gmail.com

miércoles, 18 de febrero de 2015

La anti renta de ciudadanía de "Ciudadanos": ¡Vivan las caenas!


El Complemento Salarial Anual Garantizado, que propone el partido político Ciudadanos, perpetuaría la situación de dominio de los empleadores sobre los trabajadores precarios. Con cargo al dinero de todos. Quien pretenda dignificar el trabajo asalariado tiene una vía mucho más sencilla que la de inventar la pólvora: asegurar un Salario Mínimo Interprofesional digno. Quien pretenda aumentar la libertad real de la gente, haría bien en dejarse de tonterías y defender
 la Renta Básica de Ciudadanía en lugar de apostar por las cadenas del trabajo precario.

Asistimos al declive de la derecha brutal y casposa representada por el Partido Popular, cuya ministra de Empleo confía en la Virgen del Rocío para salir de la crisis. Con el riesgo para la divinidad de que las estadísticas de paro arruinen su prestigio. Para no irle a la zaga, tenemos un ministro de Exteriores dedicado a inventar embustes sobre las pensiones y los subsidios por desempleo.

Ahora, entre la gente conservadora del país gana adeptos por días Ciudadanos. Una nueva formación política de estricta derecha con apariencia algo más educada en sus formas. Ciudadanos acaba de esbozar las primeras líneas de su programa económico. Que en lo referente al trabajo reproduce el esquema puro y duro de la dominación de clase. Concepto estructural mucho más riguroso que el de casta, que se ha puesto de moda coyuntural. 

Según Luis Garicano, uno de los economistas responsables del programa de Ciudadanos, millones de españoles tienen ahora niveles de ingresos que ni siquiera llegan al nivel del Salario Mínimo Interprofesional, y eso es un lastre para toda la sociedad. De algún modo, esto viene a corregir la doctrina de la austeridad reconociendo un principio keynesiano: si no hay dinero en manos de la gente, no hay consumo. Pese a ello, en el más puro espíritu de la teoría defendida por FAES, Ciudadanos se opone a subir el SMI, pese a que, junto con el de Grecia, el español es uno de los más bajos de la Unión Europea.


A cambio, propone aplicar lo que denominan Complemento Salarial Anual Garantizado, que beneficiaría a las rentas más bajas —alrededor de cinco millones de hogares— y que sería financiado a través de créditos fiscales que se descontarían del IRPF.

La idea, en línea con la doctrina neoliberal del workfare, sería incentivar el trabajo a través de una ayuda estatal que complemente los ingresos laborales de los hogares de aquellos trabajadores con salarios más bajos y empleos más precarios. Un complemento con diferentes tramos según los niveles de renta y la situación familiar de las personas (soltero, pareja y número de hijos). Elemento clave de este programa es que sólo cobrarían el complemento quienes tuvieran un empleo. Precario, por supuesto. Con esa restricción pretenden que el Complemento sea más atractivo que cobrar el paro.

Al atento observador de la cruda realidad celtíbera se le ocurren, prima facie, las siguientes cuestiones:

1) Al invocar el manido tópico de la presunta holgazanería del parado (prefieren cobrar el subsidio a trabajar), la propuesta de Ciudadanos (que no de ciudadanía) incurre en una absoluta falta de realismo: en efecto, merced a las políticas socialmente represivas llevadas a cabo por el Partido Popular, la mitad de los desempleados no perciben ningún tipo de prestación. La tasa de cobertura (el número de parados que tiene acceso a algún tipo de beneficio) se situó en el 57,6% a finales de 2014. Al día de hoy, hablar de falta de incentivo para el trabajo producido por una prestación estatal es repetir un prejuicio, no un análisis riguroso de la realidad.

¿Cómo pretende la formación Ciudadanos ayudar a esos ciudadanos de carne y hueso en situación de total desamparo?

2) Otro aspecto perverso de este Complemento Salarial es que, puesto que la ayuda sólo se facilitaría a quienes tuvieran un trabajo, acepta la existencia de empleos remunerados con salarios tan precarios que no alcanzan para vivir con un mínimo de decencia. Ese Complemento Salarial, con el que se quieren eliminar presuntas holgazanerías, fomentaría otro tipo de pereza: la pereza del empresario para pagar un salario digno. O sea, arreglamos un roto con un descosido.

¿No sería mejor, en ese caso, apoyar un Salario Mínimo Interprofesional de cuantía suficiente para que el hecho de trabajar no lleve consigo el estigma de la pobreza?

Y, en todo caso, puesto que ese Complemento Salarial sería pagado por el Estado con dinero de todos, ¿qué razón hay para no entregarlo directamente a la persona como derecho de ciudadanía —que es una condición universal de todo miembro pleno de la sociedad inserta en ese Estado—, en lugar de hacerlo de forma discriminatoria sólo a la persona que tiene un trabajo precario —lo que constituye una situación de desigualdad en la que existe un grado de dominación por parte del empleador—. 

 
3) ¿Tiene Ciudadanos una visión liberal, en el mejor sentido de la palabra, de la dignidad de la persona? Porque ese intervencionismo sobre la situación familiar de las personas (soltero, pareja, número de hijos...) a la hora de aplicar el Complemento demuestra un talante poco liberador.


¿Acaso se pretende coartar la libertad personal a la hora de de elegir su opción de vida por parte del trabajador precario? ¿Además de pobre ha de someter su vida al escrutinio del inspector del sistema asistencial?

Hace años, los franceses André Gorz y Guy Aznar formularon una visión mucho más progresista de lo que ellos denominaron el segundo cheque. Un ingreso facilitado por el Estado a quienes trabajaran menos horas que la jornada habitual. Esto no se haría con la intención de perpetuar la precariedad, como en el fondo pretende Ciudadanos, sino bajo la perspectiva del reparto del tiempo de trabajo. A juicio de estos investigadores de las metamorfosis del trabajo, la solución de la desigualdad social creada por el incremento de la productividad vendría dada por la "recuperación del sentido" de la actividad humana, unida a un auténtico reparto de las obligaciones y derechos derivados del trabajo realizado con responsabilidad social.


Se trataría, en definitiva, de trabajar menos para trabajar todos. Una fórmula que no abunda en la solución de "repartir el paro", sino de que aspira a que todo el mundo participe en el esfuerzo productivo general de la sociedad, trabajando individualmente menos horas. Paralelamente, cada individuo debería recibir en forma de rentas crecientes su parte de riqueza en aumento producida socialmente. Esto supone "que el tiempo de trabajo, que actualmente es de alrededor de 1.600 horas al año, sea rebajado en quince a veinte años, escalonadamente y de forma programada, a más o menos 1.000 horas al año, sin disminución del nivel de vida, sino al contrario".

La financiación de esta "segunda nómina" complementaria a la percibida por la participación directa en la producción correría a cargo del Estado, que recaudaría los fondos necesarios mediante unos tipos impositivos directamente ligados a la trinidad maquinaria/energía/productividad, generadora de la riqueza en la civilización industrial. Una especie de "impuesto robótico". 

De todas formas, con el tiempo, André Gorz acabó reconociendo que una Renta Básica Garantizada, desvinculada del trabajo, sería a la postre una mejor solución técnica, a la par que más justa y liberadora para el conjunto de la sociedad. En el momento actual, el Ingreso Garantizado se perfila como la mejor fórmula para indemnizar a los perjudicados por la crisis económica inducida por unas políticas puestas al servicio de los grandes centros de poder financiero.