domingo, 11 de junio de 2017

Renta Básica: en la universalidad está la clave

Persisten dudas respecto a que la renta básica universal sea una adecuada solución a la pobreza y desigualdad crecientes en nuestra sociedad. Pero la realidad palpable demuestra que el empleo precario —que convierte a los trabajadores en pobres estructurales— y las ayudas condicionales —que llevan décadas aplicándose y no han conseguido erradicar la pobreza— son medidas muchísimo peores. Son, de hecho, experiencias fracasadas. Es hora de abrir la mente, comprender las nuevas realidades del trabajo y la idea de libertad real que alienta en la propuesta del ingreso garantizado.



Participar en el debate convocado por la IMF Business School sobre Renta Básica Universal (RBU) resultó muy estimulante, pese a hallarme en franca minoría en la defensa de esta idea. Porque resulta alentador comprobar que, al margen de algún cálculo extremo, al selecto elenco de economistas allí reunido el coste de instaurar un ingreso garantizado a toda la población no les parecía del todo inasumible. Una vez compensadas las prestaciones actuales redundantes con el ingreso básico, éste podría ser viable, requiriendo un 5% del PIB. Sin embargo, casi todos mis compañeros de mesa coincidieron en rechazar la RBU con la tradicional batería de objeciones de índole antropológico y moral. 

 De izquierda a derecha, Cive Pérez; J. Manuel López Zafra, economista de CUNEF; Lorenzo Dávila, director del Dpto de Investigación de IMF; Miguel Sebastián, economista y ex ministro de Industria; y Carlos Martínez, presidente de IMF.
"Tiene muchos defectos, dice mi madre, y demasiados huesos, dice mi padre...", reza la letra de una vieja canción de Joan Manuel Serrat. Cuyos ecos vinieron a mi fuero interno al escuchar la nutrida batería de críticas formuladas por mis doctos compañeros de debate y, sobre todo, por los rotundos resúmenes de la prensa económica que dio cuenta del evento con titulares de este tenor: Más contras que pros a la renta básica universal.

Titular que responde a una profecía autocumplida, habida cuenta de que, salvo el que suscribe, el resto de convocados a esta mesa redonda son personas cuya posición es manifiestamente contraria a la RBU. Que cuando incluso los números demuestran la viabilidad de la propuesta, la rechazan con el argumento de que desincentivaría el trabajo.

¿Trabajo? ¿Qué trabajo desincentivaría un ingreso garantizado? ¿El empleo precario, que convierte a los trabajadores en pobres a su pesar? Las grandes cifras de desempleo estructural no las ha producido la hoy inexistente RBU. ¿El empleo cualificado que las nuevas tecnologías reservarán a una minoría? Estamos, pues, cada vez más cerca del modelo que hace tiempo se ha descrito como Sociedad 20-80, en la que bastará el trabajo de alrededor del 20% de la población activa para hacerla funcionar. Esa minoría de trabajadores cualificados será suficiente para asegurar el control de las máquinas y los procesos productivos. El 80% restante de la población sólo tendrá acceso a empleos de bajísima cualificación, serviles en su mayoría, o se verá condenada al desempleo estructural. 

Es preciso que, entre todos, logremos salir de la zona de confort ideológico sobre la noción de trabajo en la que todavía sigue instalado el pensamiento convencional: trabajo como vía de dignificación del ser humano / empleo como solución política a la pobreza. Porque empleo y trabajo son categorías conceptuales radicalmente distintas. En la era de la Cuarta Revolución Industrial, cuando el actual modelo productivo ya no es capaz de ofrecer empleo digno a toda la población, está claro que habrá que garantizar la supervivencia de las personas respetando al mismo tiempo su dignidad.

La única fórmula que, hoy por hoy, satisface la doble condición de asegurar la supervivencia y la dignidad de la gente es la Renta Básica Universal. Al igual que la democracia, pese a todos sus defectos, elimina al menos los males producidos por las dictaduras, el ingreso garantizado abre ante la mayoría de la población un horizonte de libertad real frente a la opresión liberticida del totalitarismo económico.

Resulta, por tanto, llamativa la objeción a la RBU planteada por Juan Manuel López Zafra, uno de los intervinientes: “La mejor forma es darle a cada individuo la capacidad para ser responsable de su desarrollo personal. No es ético plantearnos una mayor intervención en la esfera del individuo para conseguir una corrección de un problema sin atacar la fuente de ese problema: la cada vez mayor intervención del Estado. Con la renta básica, el ciudadano se convierte en un súbdito”.

Prima facie, tal objeción presume que la RBU incrementaría el grado de intervención del Estado en la vida personal. Sugiere la sombría y distópica visión de una sociedad en la que, para recibir la RBU, todas las personas deberíamos acudir periódicamente a las ventanillas de Leviatán. Que extendería así al conjunto de la población tanto el dominio como el estigma que hoy sufren los beneficiarios de la moderna sopa de convento que con gran cicatería otorgan las administraciones no a todos los necesitados.


En efecto, desde las Leyes de Pobres (Poor Laws) inglesas del siglo XIX —con sus tenebrosos centros de internamiento forzoso de parados e indigentes (workhouses)— hasta la fecha, las ayudas condicionales a la gente en situación de necesidad sí que constituyen un factor de servidumbre y dominación por parte del Estado sobre las personas. Sometidas a grandes humillaciones durante el proceso de concesión, vigilancia y eventual castigo de infracciones al régimen de ayudas.

Pero es la propia idea de universalidad de un ingreso básico que garantice a todo el mundo el derecho a la existencia la que rompe radicalmente con esa dependencia. Aspira a incrementar el grado de libertad real eliminando la intervención vigilante y punitiva del Estado. La RBU está concebida no como una ayuda del Estado sino como fruto de un contrato social entre todos los individuos que conforman la comunidad política. Su instauración adoptaría la forma de un derecho universal, igual para todas las personas incluidas en ese ámbito. La clave liberadora radica en la universalidad: pues, a partir de ahí, los agentes estatales pierden la actual potestad discriminatoria e intervencionista sobre los individuos. Al Estado no le queda otra misión que la de asegurar la correcta distribución del rédito.

¿Somos dependientes del Estado al utilizar una carretera? A juzgar por el entusiasmo con que tirios y troyanos circulamos por ellas en nuestros vehículos habría que forzar mucho el argumentario para asegurar que el Estado controla nuestra libertad de movimiento a través de la red vial. Una carretera es una infraestructura construida a instancias del Estado y puesta a disposición de toda la población como un servicio de carácter universal que a nadie discrimina. El único control ejercido por el Estado sobre las personas concierne al respeto de las reglas de juego orientadas a la seguridad de todos los usuarios. Y en esto hay un consentimiento general del conjunto de la sociedad. 


Por cierto, no está de más señalar que, si alguna detestable intromisión existe hoy en la vida personal, ésta viene dada por las cámaras de vigilancia, tanto estatales como privadas, que monitorizan la vida diaria de las personas en carreteras y resto de espacios públicos, bancos, centros comerciales, etc. Y que un genuino espíritu liberal debería clamar por su eliminación.

Elevando la mirada encontramos otra medida de conspicuo carácter universal: el derecho al sufragio, una conquista civil irrenunciable. En el ejercicio del mismo, a nadie se le ocurriría pensar que sufre una dependencia del Estado, aunque sean agentes estatales los encargados de organizar la infraestructura electoral y velar por el buen orden de los comicios.

De la misma forma en que hoy no sería de recibo establecer alguna forma discriminatoria en el ejercicio del voto, la RBU no puede ser otra cosa que un derecho de toda la ciudadanía. Sería contradictorio que una medida que persigue erradicar la pobreza —y su cortejo de trampas asistenciales— fuera concebida con carácter exclusivo para pobres. Esa es la crucial diferencia respecto a las rentas mínimas de inserción. El miembro de una sociedad políticamente bien articulada no necesita ser “insertado” en ningún lugar, pues forma parte, por propio derecho, del cuerpo social del que emana la soberanía que legitima al Estado.


La mujer que yo quiero no necesita bañarse cada noche en agua bendita. Tiene muchos defectos, dice mi madre, y demasiados huesos, dice mi padre. Pero ella es más verdad que el pan y la tierra.  Cuando para la conquista del pan ya no cuenta ni la tierra ni el trabajo, factores de los que la mayoría social se ha visto desposeída, la renta básica universal se aproxima más a la verdad que los viejos convencionalismos socioeconómicos.



9 comentarios:

  1. Lo que no puede ser la Renta Básica Universal:

    -Redistributiva
    -Suficiente

    Y son justamente los dos aspectos fundamentales en lo que está instalado el discurso de la RBU.

    Que enfrenta a las facciones que defienden el capitalismo y el socialismo, absurda e innecesariamente, cuando es una medida que a todos nos beneficia sin excepción

    No es redistributiva, no tiene que pagar más el 20 por cien mas ricos, por que el dinero de la Renta Básica Universal va en su práctica totalidad a consumo, y por tanto a producción, y por tanto más puestos de trabajo, y por tanto mas crecimiento para la economía nacional. El Producto Interior Bruto de la nación aumenta exactamente igual a la cantidad de dinero que se pone en circulación con la RBU, y por tanto, con los mismos políticas fiscales se recauda más, suficiente, no solo para financiarse a si misma la RBU, sino para sacar al país de la ruina de la deuda.

    La Renta Básica Universal, no puede ni debe ser suficiente para cubrir las necesidades básicas, es el trabajo que nos procura la R B U el que ha de ser suficiente, y no solo para cubrir nuestras necesidades básicas, sino para una vida digna y satisfechas nuestras necesidades mas elevadas. Y esa la especial virtud de al RBU, que parece nadie quiere entender. No regular las necesidades básicas, sino el equilibrio en el mercado laboral. La cuantía de la R B U debe tener ese único objetivo, regular el mercado laboral de oferta y demanda de mano de obra. Ni que sea la clase empresarial que tenga sometida, como ahora ocurre, al resto de la sociedad por la imperiosa necesidad de tener que aceptar un trabajo a cualquier coste y en cualquier condición, ni que el trabajador tenga poder sobre el sector empresarial sometiéndole a un bloqueo productivo y elevación continuada de los costes de producción. No hay mayor estimulo al trabajo que este sea grato y justamente remunerado, y eso es lo procura la RBU, si queremos verla y entenderla en su función primordial y dejamos de utilizarla para enfrentamientos ideológicos, que es lo único que la está haciendo inviable.

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    1. Juan Manuel, te agradezco tu comentario, extenso y constructivo. Dado que el 'advenimiento' de la RBU parece inevitable, como señalaba el título del debate en IMF, lo mejor será llegar a un entendimiento que perfile mejor la propuesta. Que conste que yo no soy un partidario ideológico a priori de la RBU, sino un convencido a posteriori, a la vista del marco general de la automatización. No tengo tiempo ahora para mayores precisiones: dentro de un rato viene un amigo a recogerme pues partimos hacia el Pirineo central para realizar una corta travesía. Saludos

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    2. La RBIU no es un incentivo para el empleo, o el trabajo, ni una solución económica a la crisis recaudatoria del estado, ni la solución al problema de la pobreza, ni el suelo que de seguridad y libertad a las personas, ni tantas otras cosas que la "RBIU auténtica" va a aportar, sino que es un nuevo paso en la andadura evolutiva del ser humano, un paso hacia un nuevo paradigma social mucho mas humano y muchísimo menos bárbaro que el actual.

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    3. Esperemos que ese nuevo paradigma, o al menos panorama, social sea como dices más humano y menos bárbaro. Pero lo cierto es que es un nuevo paso en la evolución social, y como tal, genera resistencias inerciales.

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    4. El gran problema con que se está encontrando la RBU es que se pretende rentabilizar como una medida socialista, cuando la RBU es una medida puramente capitalista, de libre mercado, es su regulador natural. Con la RBU el capitalismo se encuentra con el mecanismo que debería haber adoptado desde un principio como regulador de libre mercado, para mantener el necesario equilibrio entre la oferta y demanda, tanto de productos como de servicios, y que se está dejando al capricho de los propios mercados, de los que saben aprovecharse convenientemente los grandes especuladores.
      Los sistemas no son buenos ni malos en si mismo, sino depende como se apliquen. Tanto el socialismo como el capitalismo pueden ser sistemas válidos, de crecimiento y prosperidad para todos, si se aplica con honestidad y por gente decente, y se adoptan las medidas estructurales que le corresponden. Y la RBU es una medida estructural que corresponde a un sistema capitalista, no socialista.
      El capitalismo sin su medida reguladora natural, es como un pollo sin cabeza, dando bandazos, tropiezos y ocasionando graves accidentes, haciendo sumamente vulnerable la sociedad a los intereses elitistas.

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    5. Hola Cive, gracias por tu respuesta. Al igual que tú, yo también he visto a posteriori las enormes ventajas de la RBU, pero cuando la he considerado en sus funciones dentro del marco capitalista de libre mercado. Al principio me parecía una medida idealista, una aspiración muy legitimas y justa de las clases mas desfavorecida, pero que se iba a encontrar con enorme escollos, al plantearse la necesidad de tener que redistribuir la riqueza. Sin embargo, como medida reguladora de nuestro sistema capitalista beneficia a todos, no sale nadie perjudicado, todos las clases sociales crecen a la par.
      La RBU como medida reguladora de nuestro sistema capitalista, no necesita para nada, ser redistributiva. Toda la pirámide social crece a la par, los ricos evidentemente son mas ricos, pero la franja media social se abre con infinitas posibilidades, y las clases mas desfavorecidas elevan su nivel de prosperidad y riqueza desapareciendo la franja de pobreza.

      Pero esto siendo muy positivo para todos, en especial para las clases mas acomodadas, no lo es para las élites dominantes. Esta gente en la cumbre y en la sombra, nos quieren siempre jodidos y sometidos. Y esta es una cuestión muy importante a tener en cuenta, por que en la medida que la RBU vaya calando en la sociedad como una medida necesaria y se haga inevitable su implementación, en esa misma medida van a estar las élites, no solo impidiendo frontalmente llevarlas a cabo, sometiendo a nuestro legisladores, sino procurando controlar estas iniciativas para hacerlas inviables. De ese modo, estamos viendo como algunos lacayos incondicionales del sistema, se están interesando y auspiciando esta medida como deseable y buena. Evidentemente para tomar el control y que nunca pueda ocurrir. Es su estrategia clásica de disidencia controlada. Si quieres talar un bosque, lo primero que tienes que hacer en una organización en defensa del bosque.

      El que la RBU sea en verdad un cambio de paradigma como apunta Etual, depende de cómo se aplique, pues en la misma medida puede ser un perfecto desastre, para así disuadir de una vez por todas de futuras iniciativas. Y ese es el camino que se nos va a ofrecer desde arriba como deseable. Ellos ya han visto el punto vulnerable de la RBU y lo van a trabajar, recurriendo al idealismos socialista, como tantas veces han hecho, y tantas veces les ha dado el “maravilloso” resultado de arruinar economías y naciones enteras, por eso, es necesario saber en que aspectos trampa de la RBU no hay que caer:

      -No puede ser redistributiva
      - No puede ser suficiente para cubrir las necesidades básicas
      - Debe aplicarse de una vez a todo el conjunto social, que abarca la misma unidad fiscal. Es decir, no puede se de aplicación local, no sirven de nada esas estadísticas que se van a hacer a nivel local, ni refleja la realidad del potencial de la RBU. Cualquier cantidad que se pretenda distribuir ha de ser a la totalidad, a toda la nación, o unidad fiscal que abarque, aunque sean cantidades pequeña y de momento aparentemente insuficientes. Hay que recordad que cualquier cantidad que se invierta o distribuya en este sentido, es un incremente prácticamente neto en el Producto Interior Bruto de la nación.
      - Y ser planteada no como una medida puramente fiscal, financiera, sino de recurso, concretamente de recursos propios.

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  2. Hola, Juan Manuel,regreso del Pirineo celebrando encontrar tus reflexiones.

    Punto ‘namber uán': la idea del Basic Income (desde el remoto antecedente de Paine a Openheimer, Wiener, Theobald, incluso Betrand Russell) no nació en el marco conceptual de la izquierda clásica, firmemente anclado en torno a la Consagración del Trabajo. Y no me consta que ninguna formación de las izquierdas oficiales la defienda en serio. Al margen de la frivolidad con que ha sido utilizada por algún partido de cuyo nombre no quiero acordarme.

    En cualquier caso, personalmente considero irrelevante la etiqueta ideológica a la que pueda adscribirse la RBU. Más bien, la acepto, y como es notorio la defiendo con cierto ardor, desde una perspectiva utilitarista, benthamita: si la RBU puede, como parece cada vez más evidente, evitar la pobreza y, sobre todo, la dominación que el conglomerado Estado_Capitalismo ejerce sobre los que no tienen acceso a ganarse dignamente la vida, bienvenida sea. Pese a ese abanico de ‘pecadillos menores' que pudiera traer asociados: por ejemplo, que la gente se negara a aceptar empleos basura. Porque el apriorismo 'nadie trabajaría' es absurdo. Mientras el modelo siga ofreciendo incentivos al consumo, existirá el deseo de adquirir bienes inalcanzables con el mero ingreso básico.

    La perspectiva que aportas: RBU como reguladora del mercado, me parece altamente sugestiva y espero impaciente leer algún paper de tu autoría que desarrolle a fondo lo que ahora apuntas. Así, en la eventualidad de que volvamos a coincidir en otro debate, ya seremos dos en la mesa a favor de la idea. Y la prensa podrá titular: 'los pros comienzan a vencer a los contras' ;-)

    Por cierto, me da la impresión de que gozas de aire acondicionado a la hora de escribir de forma tan prolija. Dado que yo no disfruto de ese lujo (salvo cuando viajo en transporte público)no puedo extenderme más desde mi escritorio-horno. Saludos

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    1. La izquierda está manejada por el capitalismo más elitista, que no tiene que ver con las clases adineradas, o la mayoría capitalistas, a esta gente no les interesa nada que suponga prosperidad, pero si que les interesa encandilar a la gente con mensajes de amor e igualdad, para controlar las masas en su prosperidad. A las élites no les interesa ganar más dinero, tener mas riqueza, que seria el resultado de una sociedad prospera, eso no es lo que les da mas poder, para ellos la mayor amenaza es una sociedad fuerte y prospera. Su poder es nuestra pobreza y esclavitud. La izquierda cacarea las enormes ventajas sociales de medidas como la RBU, pero nunca la llevaran a cabo en su esencia, sino para hundirnos mas en la pobreza.

      El plebiscito que recientemente se ha hecho en Suizas para adoptar la Renta Básica Universal fue una propuesta de la derecha empresarial y tumbada por la izquierda y sindicatos, era evidente que estos últimos no la podían rentabilizar para sus intereses egoístas y como fieles lacayos del poder en la sombra.
      En este sector empresarial se dieron cuenta que todos los proyectos de crecimiento y expansión había llegado a su limite, y poco mas se podía hacer si no se potencia la capacidad de consumo de la sociedad.
      Es muy elemental, demasiado, que el capitalismo necesita del consumo, y lo único que puede aportar ese extra de consumo, es una sociedad con un elevado poder adquisitivo. Y lo único que puede elevar el poder de consumo a sus niveles óptimos y de máximos estandars de calidad de vida, es la RBU.
      La RBU en un sistema capitalista es una fórmula de crecimiento y prosperidad netas, y regula el mercado laboral si se aplica con esos criterios, osea, ademas es su estabilizador natural.
      Calculo que entre un 3 a 5 por cien sería el margen de paro deseable para que el poder negociador de ambos bandos, empresarial y trabajador, estuviese equilibrado. La cuantía de la renta básica debe oscilar en función de ese porcentaje. Si aumenta ese porcentaje, aumenta la renta y si disminuye, ha de disminuir la renta.
      Esta es una medida puramente capitalista y no puede ser aplicada con criterios socialistas, si no queremos que se traduzca en un perfecto desastre.
      PD Estimado Cive, si se le puede llamar aire acondicionada al pequeño ventilador que saque de mi pc anterior, ahora montón de chatarra, y que me pongo a corta distancia para que me alcance su escasa brisa, pues algo alivia si, y parece que se me calienta menos el cerebro con estas disertaciones, jaja. Saludos

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    2. A la vista de lo inspirador que parece tu sistema de ventilación estoy pensando en chatarrear schumpeterianamente mi pc :-) Mientras tanto, añoro estos territorios, donde puedo afirmar, y afirmo,que pasé menos calor del que ahora mismo me desinfla en Madrid:

      http://carnetdeparo.blogspot.com.es/2014/12/viaje-al-trou-au-natron.html

      saludos

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