
“Por sus hechos los conoceréis”. Conociendo la trayectoria de Elon Musk cabe sospechar que su defensa de la RBU no se inspira en la filantropía, sino en la estrategia: un caballo de Troya con el que la élite tecnológica busca legitimidad social mientras consolida su poder económico y político. Figuras como Elon Musk y Sam Altman presentan la RBU como una respuesta necesaria a las disrupciones económicas causadas por la IA y la automatización. Una narrativa de apariencia benevolente que encubre un objetivo más profundo: lograr la aceptación pública de la omnipresencia de la IA en la sociedad bajo la apariencia de beneficio universal.
Considerado el "padre" de la cibernética por sus notables trabajos sobre las ciencias del control, el matemático estadounidense Norbert Wiener (1894-1964) fue uno de los primeros intelectuales en advertir que la segunda revolución industrial (la de la automatización) podía ser socialmente devastadora si no se gestionaba con justicia. Consciente de las consecuencias sociales que plantearía el desarrollo de las aplicaciones tecnológicas derivadas de la automatización de los procesos industriales, intentó advertir a gobernantes y sindicalistas sobre el conflicto planteado entre tecnología y empleo.
Tres cuartos de siglo más tarde, el desarrollo de los procesos de Inteligencia Artificial (IA) y, sobre todo, el control de los mismos por parte de las empresas desarrolladoras de la misma, vuelve a poner de relieve ese conflicto entre tecnología y empleo recuperando la propuesta de la RBU. Si la IA y la automatización generan enormes ganancias de productividad desplazando trabajadores, una parte de esas ganancias debería redistribuirse a la sociedad. La gran novedad es que son ahora los magnates de las grandes empresas tecnológicas, en concreto Sam Altman y Elon Musk quienes propugnan la implantación de la RBU.
Samuel Harris Altman es un influyente empresario, inversor y programador estadounidense, conocido principalmente por ser el director ejecutivo (CEO) de OpenAI, la organización detrás de ChatGPT y DALL-E. Considerado una de las figuras más visibles en el desarrollo de la inteligencia artificial, financió el mayor experimento de RBU en EE. UU a través de la organización OpenResearch. Durante tres años, proporcionó 1.000 dólares mensuales a 1.000 personas de bajos ingresos, comparándolas con un grupo de control.
Entre los principales hallazgos del experimento destaca, en primer lugar, el de una ligera reducción laboral: Los beneficiarios trabajaron, en promedio, 1.3 horas menos a la semana en comparación con el grupo de control. Mayor selectividad: La seguridad financiera permitió a los participantes buscar empleos de mejor calidad o más satisfactorios, en lugar de aceptar lo primero disponible por desesperación. Hubo un aumento del 14% en la probabilidad de que los beneficiarios iniciaran estudios o capacitaciones laborales durante el último año del programa.
Por lo que se refiere a los hábitos de gasto, la mayor parte del dinero se destinó a comida, alquiler y transporte. Los participantes gastaron un 26% más en ayudar económicamente a familiares o amigos en comparación con quienes no recibieron la renta. Se registró un incremento del 12% en el gasto en cuidados médicos y dentales. Durante el primer año hubo una reducción significativa del estrés y la inseguridad alimentaria, efecto que disminuyó en los años siguientes.[i]
En un post reciente publicado el 17/04/26 en X, la red social de su propiedad, el multimillonario Elon Musk afirmó textualmente: "Un ingreso universal alto, vía cheques emitidos por el gobierno federal es la mejor manera de abordar el desempleo causado por la IA. La IA/robótica producirá bienes y servicios muy por encima del aumento en la masa monetaria, por lo que no habrá inflación".
Que sea precisamente alguien como Elon Musk quien proponga una medida de índole social suscita de inmediato una alarma comparable a la que expresó el sacerdote Laocoonte a la vista del caballo de madera construido por los griegos: "Quidquid id est, timeo Danaos et dona ferentis", es decir: "sea lo que sea, temo a los dánaos (griegos) incluso cuando traen regalos", leemos en de La Eneida de Virgilio.[1] Desoyendo a Laocoonte, los troyanos arrastraron el caballo dentro de sus murallas, creyendo que era un trofeo de victoria o una ofrenda religiosa. Mientras tanto, el astuto Ulises estaba escondido dentro del caballo junto con otros guerreros esperando la noche para atacar.
Elon Musk fue uno de los principales donantes de la campaña electoral de Donald Trump en 2024, lo que consolidó una alianza que se describió como un "bromance" entre dos de los hombres más poderosos del mundo. Tras la victoria electoral, Trump lo designó al frente del recién creado Departamento de Eficiencia Gubernamental (DOGE), con la misión de adelgazar radicalmente el Estado federal, a través de una figura legal que limita el mandato a 130 días
Musk emprendió una campaña agresiva de recortes: redujo la plantilla federal en un 9%, recortó programas de ayuda exterior por casi 10.000 millones de dólares y eliminó gastos que consideraba superfluos. Mientras tanto, su papel en el gobierno tuvo un evidente impacto en sus negocios privados. Las investigaciones federales sobre sus empresas disminuyeron. Varios países que negociaban aranceles con EE.UU. firmaron contratos con Starlink buscando favorecer su relación con la Casa Blanca. SpaceX se benefició de mayores contratos gubernamentales.
El "bromance" con Trump acabó como el rosario de la aurora en mayo de 2025 cuando Musk criticó la gran ley fiscal de Trump —la Big Beautiful Bill—, argumentando que disparaba el déficit y contradecía el espíritu del DOGE. Eso precipitó su salida del gobierno y la relación se deterioró con rapidez con ataques mutuos en redes sociales.
Musk ha sido un defensor público de la idea de la renta básica universal desde al menos 2016. En 2019, respaldó públicamente al candidato presidencial demócrata Andrew Yang, quien impulsó una idea similar, denominado "dividendo de la libertad". Musk finalmente cambió de enfoque y lo llamó "ingresos altos universales", afirmando que, en el mejor de los casos, la IA podría traer consigo "un nivel de prosperidad… que aún no podemos imaginar".
"Por sus hechos los conoceréis". Así que cabe sospechar que la propuesta de RBU de Musk no obedece a la filantropía, sino que es cuestión de estrategia: un caballo de madera con el que la élite tecnológica busca legitimidad social mientras consolida su poder económico y político.
Jean-Christophe Bélisle-Pipon, de la Simon Fraser University, sostiene que figuras como Elon Musk y Sam Altman presentan la RBU como una respuesta necesaria a las disrupciones económicas causadas por la IA y la automatización. Sin embargo, esa narrativa aparentemente benevolente encubre un objetivo más profundo: obtener una licencia social, es decir, lograr la aceptación pública de la omnipresencia de la IA en la sociedad bajo la apariencia de beneficio universal.
Bélisle-Pipon toma del sociólogo francés Pierre Bourdieu el concepto de violencia simbólica para describir cómo la RBU impulsada por la élite tecnológica sirve como solución simbólica que permite a esos actores desviar la atención de su propia complicidad en la creación de desigualdades estructurales, proyectando una imagen de benevolencia mientras evitan cambios sustantivos que desafiarían sus motivaciones de lucro.[ii]
Al prometer un futuro menos sombrío a quienes corren el riesgo de perder sus empleos debido a la IA, estos gigantes tecnológicos también se desentienden de las consecuencias de sus innovaciones. Porque, a la postre, es el Estado quien debería financiar esta renta básica universal. Pero si la IA destruye empleos masivamente, habrá menos ingresos sobre los que recaudar impuestos. En ese caso, la única forma de financiar un plan de RBU sería mediante un aumento de los impuestos a las empresas. Sin embargo, sabemos que estas grandes multinacionales son muy hábiles para reducir los impuestos que deben pagar.
La actitud de Elon Musk se sitúa a años luz de distancia moral de la expresada por Norbert Wiener. Este expuso el resultado de sus investigaciones sobre las ciencias del control en Cybernetics: Or Control and Communication in the Animal and the Machine (1948). En este libro aparece por primera vez el término "cibernética" que construye a partir del griego κυβερνήτης (kybernḗtēs) ("timonel" o "piloto") para referirse a la ciencia del control y la comunicación en sistemas complejos, tanto en animales como en máquinas.
En el debate actual sobre renta básica y automatización hay ecos de las reflexiones de Norbert Wiener, aunque sus propuestas quedaron más en el plano ético y filosófico que en el político-económico concreto. Aspectos que desarrolla en The Human Use of Human Beings: Cybernetics and Society (1950). Advirtió que la automatización y las máquinas cibernéticas desplazarían masivamente a los trabajadores, especialmente en trabajos repetitivos y rutinarios. Ante esto, consideró que la sociedad tendría la responsabilidad de redistribuir la riqueza generada por las máquinas.
Aunque no propuso un mecanismo concreto como una renta básica universal con cifras o estructuras específicas, Wiener defendió que los beneficios de la automatización no debían concentrarse en manos de los propietarios del capital. Que el trabajo humano liberado por las máquinas debía traducirse en mayor tiempo libre y bienestar, no en pobreza. Una especie de responsabilidad social colectiva frente al desempleo tecnológico. Afirmaba Wiener:
Este nuevo desarrollo tiene posibilidades ilimitadas para bien y para mal. [...] Da a la raza humana una nueva y más eficaz colección de esclavos mecánicos para realizar su trabajo. Tal labor mecánica tiene la mayor parte de las propiedades del trabajo de esclavos, aunque, a diferencia de él, no lleva consigo los directos efectos desmoralizadores de la crueldad humana. Sin embargo, cualquier trabajo que acepta las condiciones de competencia con el trabajo de esclavos, acepta las condiciones del trabajo de esclavos y es esencialmente un trabajo de esclavos. La palabra clave de esta manifestación es competencia. Puede ser algo muy bueno para la humanidad el tener máquinas que le eviten las tareas serviles y desagradables, o quizá no lo sea. Yo no lo sé. No puede ser bueno para esas nuevas potencialidades ser contabilizadas en términos de mercado, o en cuanto al dinero que ahorran, y son precisamente los términos de mercado abierto, la “quinta libertad”, los que han llegado a ser la contraseña del sector de la opinión americana representado por la National Association of Manufactures y el Saturday Evening Post. Digo opinión americana porque, como americano, la conozco mejor, pero los mercachifles no reconocen fronteras.
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[1] Virgilio: Eneida. Libro II-49
[i] https://www.openresearchlab.org/studies/unconditional-cash-study/study
[ii] Jean-Christophe Bélisle-Pipon: “AI, universal basic income, and power: symbolic violence in the tech elite's narrative.“ https://www.frontiersin.org/journals/artificial-intelligence/articles/10.3389/frai.2025.1488457/full

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