domingo, 12 de abril de 2020

Una renta garantizada ante cualquier emergencia


Crece por días el clamor que pide algún tipo de renta mínima para las amplias capas de la población que han perdido su fuente de ingresos por el Covid19. El Gobierno debe aprobar, cuanto antes, esa ayuda puntual. Pero el día siguiente a la catástrofe habrá que pensar en consolidar esa renta creada por el apremio en una renta inspirada en criterio idéntico al que guía los servicios de emergencia, es decir, una renta prevista con antelación. Porque esta pandemia podría no ser la última y además es muy posible que debamos enfrentarnos a otros desastres globales derivados de la crisis climática. Y la respuesta está en la Renta Básica Universal.

En tiempos de tribulación no hacer mudanza. Tal era el consejo que Ignacio de Loyola, el fundador de los jesuitas, daba a los nuevos miembros de la Compañía para que se mantuvieran prestos a resistir los embates de sus enemigos políticos y eclesiásticos. Consejo que, por lo que estamos viendo, no les sirve a los más conspicuos neoliberales del país. En estos tiempos de desolación vírica, se apresuran a hacer mudanza de la fe socioeconómica que con tanta devoción han profesado. Y ahora, piden a grandes voces la intervención del Estado. 

Muy poco convencidos de las bondades del modelo económico que propugnaban debían estar estos adalides de la privatización a ultranza para dar tal giro ideológico. Pues, de la noche a la mañana, estos recalcitrantes detractores de los sistemas de protección social, y en concreto enemigos declarados de la idea de proporcionar un ingreso garantizado a toda la ciudadanía, reclaman ahora el establecimiento de una renta de emergencia. 

Dice un adagio de los creyentes que arrepentidos los quiere Dios. Así que a quienes venimos defendiendo la Renta Básica Universal (RBU) desde hace décadas nos convendría correr, al menos temporalmente, un tupido velo sobre las farisaicas diatribas que nos dedicaron estos saulos antes de caerse del burro. Que ni a la categoría de caballo llegaban las críticas sobre las que cabalgaban. A cambio, ofrezcamos a los conversos la mejor de nuestras bienvenidas al seno del activismo contra la pobreza.  

En efecto, aprovechando del enemigo el consejo, los defensores de la RBU deberíamos apoyar sin reservas el establecimiento inmediato de esa renta de emergencia. Un ingreso destinado a atender de manera incondicional a todas las personas que hayan perdido su fuente de ingresos como consecuencia de los trastornos productivos generados por el Covid19.



Eso no significa renunciar a la mayor, es decir, al ingreso garantizado (guaranted income) con carácter universal. Sino aprovechar la inercia del movimiento contrario para proponer a la sociedad la conveniencia de consolidar en el sistema de protección social una auténtica renta garantizada ex ante que evite tener que acordarse de Santa Bárbara cuando truena. Porque ¿qué hacemos con quienes ya se encontraban carentes de ingresos antes de la propagación del virus? ¿Qué solución damos a quienes ya estaban instalados en la precariedad?

Atender sin mayor tardanza, aquí y ahora, la emergencia social planteada por la pandemia del Covid19 implica aparcar las diversas creencias ideológicas —que al fin y al cabo son como los sueños— y ponernos de acuerdo en lo material y tangible. Es preciso alcanzar un pacto social y político para establecer de inmediato esa renta de emergencia que pronto será una necesidad acuciante de miles y miles de ciudadanas y ciudadanos de España, cuyo Estado tiene la obligación constitucional de no dejar desatendidas en caso de privación de sus ingresos. 

Pero ¿qué pasará el día después? En ese deseado momento en el que felizmente podamos decir que se ha superado esa terrible pandemia —para la que nuestro sistema público de salud no estaba más que medianamente preparado— los sanitarios recuperarán su ritmo normal de atención, los equipos de protección civil volverán a sus bases y los militares a sus cuarteles. Y hasta puede que los políticos retornen a la palestra con unos modales menos agresivos y más constructivos.  

Será el momento de consolidar esa renta imperfecta, mejor o peor creada por el apremio de la catástrofe, en una renta preventiva. Pensada con un criterio idéntico al que guía los servicios de emergencia, es decir, una renta prevista con antelación. Pues el sentido común nos avisa de que esta pandemia podría no ser la última, y que es muy posible que debamos enfrentarnos a otros desastres globales derivados de la crisis climática.

Una convicción generalizada entre los bomberos forestales sostiene que los incendios se apagan en invierno. En la práctica, esto significa que es durante la estación fría cuando hay que realizar las labores de limpieza de bosques para retirar al máximo el exceso de restos de poda, arbustos, etc. con el fin de reducir la masa combustible potenciadora de la intensidad del fuego en caso de incendio estival.  


Esa precaución de los forestales responde a la empírica noción de que es mejor prevenir que curar. Por ello, existen sistemas y cuerpos civiles o militares cuya misión es la de actuar en situaciones de otros tipos de emergencias. Estas unidades no se improvisan de la noche a la mañana cuando surge una catástrofe, sino desde mucho antes. Encuadradas en sus sedes o cuarteles. Todas ellas están dotadas del equipo y material adecuado para hacer frente a las características de los accidentes o desastres en los que están llamados a intervenir.

Por definición, todos los sistemas de emergencia deben estar preparados antes de que se produzca la contingencia a la que deben hacer frente. Un barco se hace a la mar provisto de botes de salvamento, en previsión de naufragio. Los grandes edificios disponen de escaleras de evacuación en caso de incendio y los ascensores llevan frenos contra situaciones imprevistas. Determinadas instalaciones de servicios públicos o privados están dotadas de grupos electrógenos que entrarán en funcionamiento en caso de corte del suministro eléctrico. Y hay extintores de fuego por doquier.

En contraste, existe una gran laguna en lo que se refiere a la prevención de ese otro tipo de catástrofe personal que se produce cuando una persona, por una serie de circunstancias ajenas a su voluntad, pierde sus medios de subsistencia. Medios que, en las sociedades nucleadas en torno a la centralidad del trabajo, van íntimamente ligados al empleo por cuenta ajena. 

Para una persona asalariada, perder su empleo por causa de despido o por la demostrada ineficacia del mercado para proporcionar empleo digno, equivale a un naufragio en las turbulentas aguas de un océano social basado en la competencia entre todos los individuos por los recursos disponibles. Comparado con un naufragio marítimo, el actual sistema de rentas mínimas asistenciales equivale a arrojarle al náufrago un chaleco salvavidas cuya flotabilidad se perderá al cabo de poco tiempo
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Asignar a todo el mundo una renta garantizada ex ante sería mucho más eficaz, en términos de ahorro de sufrimiento social y complejidad administrativa, que las ayudas ex post a la indigencia que hoy, con gran cicatería, conceden los servicios sociales a la gente que demuestra haber caído en situación de pobreza. Ayuda que sólo se concede  tras someter al solicitante a humillantes procedimientos de investigación administrativa que confirmen que no dispone de medios suficientes para vivir. Y mientras se resuelve es expediente, la necesidad acucia a la persona.

La cruda realidad demuestra una evidencia: llevamos décadas experimentando fórmulas asistenciales de ayudas a la pobreza cuya incapacidad se manifista en el hecho de que esta lacra social sigue existiendo. Y entre otras causas del fracaso, no debe olvidarse la perversa tautología del principio para el que están establecidas: esas ayudas justifican su vigencia en el hecho de que siga habiendo pobres para, una vez comprobada su triste circunstancia, concederles una “renta de inserción”. ¡El sistema necesita que haya pobres para concederles el auxilio!

La mayor parte de los prejuicios ideológicos contra la idea del ingreso garantizado hace tiempo que cayeron por su propio peso. La sospecha de que la RBU sería un incentivo para la holgazanería, que era la principal de las objeciones, ha sido desmontada por el propio modelo productivo de nuestros días, que ha revelado su incapacidad para suministrar a toda la población esa mercancía o artefacto social denominado empleo. Y que es muy diferente de la potencialidad del ser humano para trabajar por sí mismo o por medio de las máquinas que ha inventado. 
  
Al igual que la democracia, pese a todos sus defectos, elimina al menos los males producidos por las dictaduras, el ingreso garantizado abre ante la mayoría de la población un horizonte de libertad real al evitar que una persona se vea sometida a la opresión producida por la falta de recursos materiales para llevar una vida digna. 

Puesto que todas las demás soluciones han demostrado conducir a un callejón sin salida, sobre todo a esa juventud que integra masivamente las filas del precariado, la propuesta del ingreso garantizado es uno de los ejes sobre los que ha de girar el nuevo contrato social que, más pronto que tarde, será preciso establecer para equilibrar la devastación causada por las políticas de la globalización neoliberal. Y se está haciendo tarde en el escenario social.

Hoy, cuando en el proceso desesperado de frenar la pandemia se han hecho tantas analogías con una guerra, me viene a la memoria cierta afirmación de Victor Hugo:  “Ningún ejército puede detener una idea a la que le ha llegado su momento”. Y eso es aplicable a la Renta Básica Universal. 

Si en esta situación de auténtica emergencia sanitaria y social que atraviesa España, los partidos políticos con ambición de gobierno renuncian a establecer un pacto de Estado introduciendo una medida que ya ha calado con fuerza en la sociedad civil tan sólo habrán conseguido demorar en el tiempo el sufrimiento de miles de personas que experimentan la pobreza en su cotidianidad y ven frustrado su proyecto de vida.

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martes, 4 de febrero de 2020

Pensiones: 100 días de cortesía al nuevo Gobierno de Pedro Sánchez para equiparar las mínimas al SMI

 Equiparar las pensiones mínimas al Salario Mínimo Interprofesional es algo prioritario para sacar de la pobreza a los dos millones y medio de personas jubiladas cuya pensión se sitúa por debajo de los 700 euros. Coespe, una asociación de pensionistas le concede al Gobierno 100 días de cortesía para que adopte esta medida política que dará idea de su compromiso social con la gente más desfavorecida.


El primer Consejo de Ministros del Gobierno de coalición, presidido por Pedro Sánchez, cumplió una promesa electoral: subir las pensiones en 2020 según el IPC, es decir, un 0,9%. Y, por otra parte, ha llegado a un acuerdo con patronal y sindicatos para elevar el Salario Mínimo Interprofesional a 950 euros. 

Junto a la revalorización de las pensiones conforme al coste real de la vida, otra de las principales reivindicaciones de los pensionistas es lograr la equiparación de la pensión mínima contributiva al salario mínimo interprofesional (SMI). Hay razones obvias para ello, y es que tanto esta prestación como su derivada de viudedad deben entenderse como un salario en diferido. Y una evidencia palpable es que, a la hora de realizar la declaración de la renta, la pensión de jubilación se considera un rendimiento del trabajo. Luego, de cara al Fisco, no hay ninguna diferencia conceptual entre los ingresos por pensión de un jubilado y los del salario de un trabajador en activo. 

El elemental principio de justicia social que inspira tanto el SMI como las pensiones mínimas es que su cuantía suponga la capacidad para hacer frente a los gastos básicos que permitan a la persona perceptora llevar una existencia digna. Y esto no es una simple opinión, sino el acuerdo de convivencia manifestado en la Constitución Española, que dispone en su Artículo 50:

Los poderes públicos garantizarán, mediante pensiones adecuadas y periódicamente actualizadas, la suficiencia económica a los ciudadanos durante la tercera edad. Asimismo, y con independencia de las obligaciones familiares, promoverán su bienestar mediante un sistema de servicios sociales que atenderán sus problemas específicos de salud, vivienda, cultura y ocio.

Sin embargo, por lo que respecta al nuevo Gobierno, todavía no se sabe en qué momento se van a aplicar el resto de medidas pactadas relacionadas con las pensiones e incluidas en el acuerdo firmado por el PSOE y Unidas Podemos para esta legislatura.Por ahora, lo único que se ha anticipado desde el Gobierno es que todos estos asuntos pasarán de nuevo a ser debatidos en la comisión del Pacto de Toledo.

Algo que no ha gustado a todos los colectivos sociales de pensionistas. En concreto, los representados por la Coordinadora Estatal por la Defensa del Sistema Público de Pensiones han puesto en marcha una cuenta atrás dándole al nuevo Gobierno lo que la oposición de la derecha asilvestrada le niega: 100 días de cortesía para que lleven a cabo las medidas previstas en el acuerdo. Así, cada uno de los días recordarán al Ejecutivo una de esas promesas o reivindicación hasta llegar a la fecha límite

«Lo normal es que cuando uno ocupa el poder se le de un margen de tiempo, para ver qué recorrido hace. El país necesitaba estabilidad, llevaba mucho tiempo sin Gobierno y con políticas antisociales. No podíamos exigirles de golpe y porrazo que cumplan con todas las exigencias que tiene la Coordinadora», sostiene Domiciano Sandoval, miembro de Coespe.

No obstante, con lo que serán menos complacientes es con una medida urgente: la equiparación de «la pensión mínima al salario mínimo», 950 euros, a día de hoy. Para Coespe, debe ser algo prioritario si se quieren «solucionar los problemas de dos millones y medio de personas que están cobrando por debajo de los 700 euros». Además, la Coordinadora entiende que esa cuantía se debería incrementar progresivamente hasta alcanzar los 1.084 euros, dando asi cumplimiento a lo establecido en la Carta Social Europea.


martes, 31 de diciembre de 2019

El idiota espabilado

La vida es tan sólo una sombra, que transcurre; un pobre actor que, orgulloso, consume su turno sobre el escenario para jamás volver a ser oído. Es una historia contada por un idiota, llena de ruido y  furia, que nada significa. [Macbeth, V, v.]
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Marcha por el clima en Madrid

El 6 de diciembre de 2019 tuvo lugar en Madrid una multitudinaria marcha a favor de adoptar medidas contra la crisis climática que afecta ya a la actual forma de vida sobre el planeta Tierra. Al final de la misma, y durante la lectura que hizo del manifiesto de la marcha, el actor Javier Bardem, a título "muy personal", llamó "estúpidos" al presidente de EE UU, Donald Trump y al Alcalde de Madrid, José Luis Martínez-Almeida (PP). En el caso de este último por querer "revertir Madrid Central y permitir circular por la capital a los vehículos contaminantes". 

Poco después, Bardem se vio obligado a disculparse por haberse "dejado llevar por un impulso en absoluto constructivo". Pues como él mismo señaló en su cuenta de Twitter: "El insulto ilegitima cualquier discurso y conversación". 

Totalmente de acuerdo. Por principio, no se debe insultar a nadie en un acto público. Ahora bien, la estupidez en el comportamiento de los dirigentes políticos debe ser estudiada con lupa, en tanto  en cuanto que determinadas disposiciones legales llevan implícito un grado de injusticia que aumenta cuando la norma ha sido promulgada por la acción u omisión de un idiota. O de un conjunto de ellos. 

"Los imbéciles causan más daños que los malvados", asegura Carlo M. Cipolla en su ensayo sobre Las leyes fundamentales de la estupidez humana, que enumera de la siguiente forma:

Siempre e inevitablemente cada uno de nosotros subestima el número de individuos estúpidos que circulan por el mundo.

La probabilidad de que una persona determinada sea estúpida es independiente de cualquier otra característica de la misma persona.

Una persona estúpida es una persona que causa un daño a otra persona o grupo de personas sin obtener al mismo tiempo un provecho para sí, o incluso obteniendo un perjuicio.

Las personas no estúpidas subestiman siempre el potencial nocivo de las personas estúpidas. Los no estúpidos, en especial, olvidan constantemente que en cualquier momento y lugar, y en cualquier circunstancia, tratar y/o asociarse con individuos estúpidos se manifiesta como un costosísimo error.

La persona estúpida es el tipo de persona más peligrosa que existe.

Corolario:


El estúpido es más peligroso que el malvado.  

Hay diferencias conceptuales entre la estupidez y la idiotez. Los griegos denominaban "idiotes"  ἰδιώτης idiṓtēs a aquél que sólo se ocupaba de sus propios asuntos en detrimento de su compromiso con la vida pública. En nuestra lengua, la voz "idiota" define a aquél que padece idiocia, una enfermedad mental o alteración de la conciencia que se traduce en imbecilidad, necedad, falta congénita y completa de las facultades intelectuales.

El término fue ampliamente utilizado en la literatura científica del siglo XIX para denominar lo que hoy se conoce como deficiencia mental, principalmente en sus formas más graves. Cuando, a comienzos de dicho siglo, este fenómeno comenzó a ser claramente diferenciado del de la enfermedad mental, la distinción se hizo precisamente en términos de idiocia frente a demencia, "el demente es un rico arruinado; el idiota es un pobre de nacimiento" afirmaba el psiquiatra parisino Esquirol. 

Interesante también es la figura del idiot-savant, una expresión utilizada por la Psicología clínica para designar a los individuos que, siendo débiles mentales en cualquier grado, poseen un talento especial en una o más direcciones. A día de hoy, idiota es una palabra en desuso del léxico científico ya que, por las connotaciones adquiridas, el lenguaje corriente lo utiliza como un insulto 

Otro enfoque del comportamiento ha acuñado la figura del idiota moral. Definido como aquel individuo que, pese a tener a su alcance los suficientes datos para rebelarse ante la injusticia, renuncia a su capacidad de análisis racional del mundo que le rodea y esconde su responsabilidad amparándose en el subterfugio de la obediencia a las instrucciones recibidas. 

Concluimos esta breve aproximación al universo de la idiotez con la figura del idiota espabilado, concepto acuñado por el físico inglés Martin Scorer en el libro que lleva ese título y en el que somete a una visión crítica las falsas soluciones a los problemas sociales basadas en el crecimiento económico.


Es, como si condujéramos un vehículo que llevase un remolque unido por un elástico, nos gusta acelerar porque es divertido, pero el elástico se ha tensado, de modo que tenemos que acelerar aún más para evitar que el remolque se incruste por detrás; de pronto, descubrimos que el camino está cortado por un muro de ladrillos que se alza ante nosotros. Sabemos que debemos cambiar de dirección, pero sólo estamos programados para progresar a mayor velocidad en la misma dirección. 

El muro ya se vislumbra con toda nitidez pero he aquí la visión de algunos espabilados con mando en plaza:

Al descubrirse que la causa del agujero abierto en la capa de ozono sobre la Antártida se debía a la emisión de gases clorofluorocarbonados (CFC), los científicos alertaron a la opinión pública sobre los peligros reales que se cernían sobre la biosfera y la necesidad de tomar medidas para prevenirlos. El entonces secretario del Interior de Estados Unidos, Donald Hodel, consideró que la industria podría seguir emitiendo los mismos niveles de CFC siempre que se adoptase un programa nacional de protección personal contra las radiaciones ultravioletas que, según él, consistiría en que los norteamericanos deberían portar grandes sombreros como los usados en Texas y permanecer en la sombra. "La gente que no esté expuesta al sol no se verá afectada", sentenció Hodel.  

De esto hace décadas, sin embargo, el presidente de EE UU, Donald Trump, se mofó recientemente de la energía limpia y del calentamiento global en un mitin en Pensilvania. Trump bromeó con que el país estaría cubierto de molinos de viento si la candidata demócrata Hillary Clinton hubiera ganado en las elecciones de 2016. "Tendríais molinos de viento por todas partes si hubiera ganado Hillary [Clinton], con pájaros derribados por todas partes. Esos molinos hacen ese ruido, wa, wa, wa", dijo el presidente. "Cariño, ¡Quiero ver la tele y no sopla el maldito viento! ¿Qué hago? Creo que por el calentamiento global... No hay viento, no hay vida, los océanos van a crecer 187 pulgadas [4,7 metros] en los próximos 250 años. Nos va a aniquilar", continuó en tono burlón.

En la ciudad de Madrid tenemos un Alcalde que también nos ha salido bastante espabilado. Aparte de su afición a colgar colchas en los balcones del Ayuntamiento, se ha distinguido por su labor negacionista respecto a las medidas de reducción del tráfico urbano. 

Dice el proverbio que cuando un tonto sigue una linde la linde se acaba y el tonto sigue. Y los electores, por acción de la derecha y omisión de la izquierda, hemos confiado el timón del barco a esta caterva de espabilados. Repasen, por favor, las leyes de la estupidez humana.       

Les deseo un Feliz Año 2020, por si fuera el último antes de la anunciada colisión con el muro.




lunes, 18 de noviembre de 2019

¡ Viva Conejalia !

La palabra Hispania tiene su origen en la forma con que la civilización romana se refería a la Península Ibérica, y cuyo significado vinculaban los escritores latinos a «tierra de conejos». En algunas monedas acuñadas en Hispania aparece una dama con un conejo a sus pies. Con la actual ola nacionalista, las banderas proliferan más que los conejos, cuya población registra un alarmante descenso. 


En lo tocante a cuestiones de índole marciana, tales como religión o nacionalismo, el escribidor de este blog declara su pertenencia a la escuela apateísta. En concreto, los nacionalismos de cualquier índole me aburren ya que mi concepto personal de patria no tiene nada que ver con territorios tradicionales sino con algo tan sencillo y utilitario como un lugar donde me pueda sentir bien (ubi bene, ibi patria). Uno de estos territorios es España, donde me siento razonablemente bien, al menos mientras no viene una panda de estúpidos a tocarme las narices.

A las puertas del año 2020, una persona adulta, provista de un elemental bagaje de conocimientos de historia y política, no puede tomarse en serio los argumentos nacionalistas, tanto sean periféricos como mesetarios. De ahí el tedio y hartura que invade mi ánimo ante la estomagante exhibición de banderas por los partidarios de Vox y del útero matriz que lo parió, o sea, el Partido Popular. Banderas y otros postureos de rancio patriotismo

Uno, que ha conocido y sufrido en carne propia las miserias políticas y abusos del franquismo, creía superadas dans l'air du temps esas liturgias patrióticas tras las que el régimen dictatorial trataba de ocultar sus crímenes. Liturgias que vuelven con el estruendo de los frenéticos vítores que, a este paso, acabarán desgastando el nombre de la tierra en la que he nacido. Cuyo nombre, por cierto, admite la sabrosa traducción de «tierra de conejos».

La palabra Hispania tiene su origen en la forma con que la civilización romana se refería a la Península Ibérica, y cuyo significado vinculaban los escritores latinos a «tierra de conejos». En algunas monedas acuñadas en Hispania aparece una dama con un conejo a sus pies.

Autores como Plinio el Viejo, Catón el Viejo y Catulo, se referían al territorio ibérico como un lugar abundante en conejos. En concreto, Catulo, quizás el más libertino de los poetas latinos, en un poema escrito con desvergonzado y soez lenguaje, habla con desprecio de un tal Egnacio, al que califica como «único de los de pelo largo, hijo de la conejosa Celtiberia» (tu praeter omnes une de capillatis, cuniculosae Celtiberiae fili, Egnati.

Según los que entienden de etimologías, la clave de esta asociación conejil podría residir en la adaptación latina Hispania de la voz fenicia Spania. Derivada a su vez de I-shphanim, término que literalmente viene a significar «de damanes». Ya que shphanim es la forma plural de shaphán, «damán». El damán (Hyrax syriacus) es un animal del orden Hyracoidea, mamíferos placentarios que se originaron en África hace 50 millones de años (Eoceno), y actualmente se extienden por toda África y la península arábiga.

Ejemplares de damán en las ruinas de la antigua fortaleza de Ouadane  (Mauritania)          
En la península ibérica no había damanes, sino conejos (Oryctolagus cuniculus) en abundancia. Y dado que guardan cierto parecido externo, los fenicios los denominaron damanes. De ahí, Hi-shphanim«Isla de damanes», que los latinos interpretan como conejos. 

En un pasaje de Napoleón en Chamartín, uno de los libros de la serie Episodios Nacionales, Benito Pérez Galdós trae a colación esta etimología:  

A todas estas, doña Gregoria no sabía lo que pasaba oyendo el diálogo de linajes; y absorta y suspensa aguardaba en silencio en qué vendría a parar todo aquel belén de mis apellidos.

 -Que es de buena sangre el niño, no lo puede negar -dijo al fin-, porque bien se conoce en la nobleza de su condición, que hartos hay por ahí llenos de harapos, y a lo mejor salen con la novedad de que son hijos de un duque; y aquí estoy yo que tampoco doy mi brazo a torcer, pues los Conejos de Navalagamella no son ningún saco de paja.

 - ¿Qué Conejos son esos, señora mía? 

-El mejor linaje de toda la tierra. Yo soy Coneja por los cuatro costados. El señor licenciado sabrá de qué fuentes antiguas vendrá este arroyo genealógico de la Conejería. 

-Como estos gazapos -contestó el licenciado- no vengan de aquellos tiempos remotísimos en que a España la llaman cunicullaria, es decir, tierra de los conejos, no sé de dónde pueden venir.

Abundan hoy ciertos patriotas de mierda, o mierda de patriotas, (dejo el calificativo al gusto del lector) que se han aficionado a gritar el nombre de España a la menor ocasión. Desgastándolo hasta tal punto que muy pronto no quedará otro remedio que recurrir a los orígenes y renombrarlo Conejalia.

Por lo que a las banderas se refiere, ya me he referido en anterior ocasión al estilo hortera con que algunos nacionalistas de uno u otro signo abordan la exhibición de sus respectivas enseñas, degradándolas a la condición de simples trapos. O lo que es mucho peor: arrastrando sus colores por el suelo. Justo lo que ha hecho el teniente general del Ejército del Aire retirado, y actual diputado de Vox Manuel Mestre, que se presentó en la recepción del aniversario de la Constitución española con unos zapatos rojos y amarillos. Parece mentira que sea precisamente un militar quien desprestigie los colores de la enseña nacional poniéndola a sus pies.   
Foto. CARMEN MORAGA  eldiario.es 
Actos como el del teniente general retirado Mestre ponen de manifiesto que las huestes de la  extrema derecha están perdiendo el oremus. Y esto quizá se deba a la disminución del conejo en las tierras a las que da nombre. En efecto, el Oryctolagus cuniculus se considera una especie en peligro ante el alarmante descenso de su población en España, Portugal y Francia. La caída del conejo desencadena una batería de problemas ambientales, al ser una presa fundamental para depredadores ibéricos en grave peligro como son el lince y el águila imperial. ¡Ay, el águila imperial! ahora se comprende la desazón de los ultramontanos nacionales. 

A todo esto, el horterismo banderil alcanza su cénit en un lugar tan emblemático como pueda ser el palacio de Cibeles, sede del Ayuntamiento de Madrid regido hoy por la vara del alcalde Martínez Almeida, del Partido Popular.

El caso es que la zona ya posee una gran abundancia de banderas, dada la ubicación de diversas instituciones del Estado (Cuartel General del Ejército, Cuartel General de la Armada, Banco de España) donde ondea de forma oficial y preceptiva la bandera constitucional, que ondea al viento con el donaire que le es propio.    

Lo que no se entiende muy bien es el motivo de que un monumento tradicional como la estatua y fuente de la Cibeles se encuentra rodeada por ocho banderas que no añaden ningún ornato a la efigie de la antigua Diosa de la Madre Tierra. Antes bien, le dan la apariencia de una vulgar tarta con velas de cumpleaños. A este paso, puede que la pareja de leones que tiran del carro sean sustituidos por una yunta de conejos.



Este desacato a la diosa frigia se complementa con el atentado estético nacionalista al Palacio de Cibeles (antiguo Palacio de Comunicaciones, o simplemente Correos para los castizos). En efecto, amén de su correspondiente bandera nacional prendida en asta como manda el reglamento, la actual Corporación Municipal que gobierna con la bendición de Vox, ha colocado una descomunal colgadura rojigualda, que más que bandera parece una vulgar colcha puesta a secar, que ni ondea ni ná. Y por lo que respecta al oso y al madroño, pues nada, desaparecidos en combate.

Anonadado ante tal espanto nacionalista, tras dedicar al alcalde Almeja el poema de Catulo que más abajo se reproduce, no me queda otro remedio que gritar:


 ¡Viva Conejalia






Catulo XXXVII. ad contubernales et Egnatium

Salax taberna vosque contubernales,
a pilleatis nona fratribus pila,
solis putatis esse mentulas vobis,
solis licere, quidquid est puellarum,
confutuere et putare ceteros hircos?
an, continenter quod sedetis insulsi
centum an ducenti, non putatis ausurum
me una ducentos irrumare sessores?
atqui putate: namque totius vobis
frontem tabernae sopionibus scribam.
puella nam mi, quae meo sinu fugit,
amata tantum quantum amabitur nulla,
pro qua mihi sunt magna bella pugnata,
consedit istic. hanc boni beatique
omnes amatis, et quidem, quod indignum est,
omnes pusilli et semitarii moechi;
tu praeter omnes une de capillatis,
cuniculosae Celtiberiae fili,
Egnati. opaca quem bonum facit barba
et dens Hibera defricatus urina.

Salaz taberna y vosotros, contubernales,
desde los hermanos del píleo la novena pila, 
¿solo pensáis que tenéis pollas vosotros,
que a solos vosotros lícito es cuanto hay de chicas
follaros y creernos a los demás hircos?
¿Acaso porque contiguos os sentáis, insulsos, 
cien o doscientos, no creéis que me atreveré
yo a que al par los doscientos me la maméis, los asistentes?
Y bien, pensadlo, pues para vosotros de toda 
la taberna el frente con polvos escribiré,
pues mi chica, que yo, la que de mi seno huyó,
amé tanto cuanto amada será ninguna,
por la que yo he grandes batallas luchado,
se ha sentado aquí. A ella, buenos y dichosos, 
todos la amáis, y, ciertamente, lo que indigno es, 
todos insignificantes y callejeros adúlteros,
tú antes que todos, único de los de pelo largo, 
de la conejosa Celtiberia hijo,
Egnacio, al que bueno hace tu opaca barba

y tu diente, fregado con ibera orina.







martes, 15 de octubre de 2019

Gobierne quién gobierne, las pensiones públicas se defienden


Hay otra concepción de independencia que no entiende de banderas sino de libertad real y autonomía personal. De ella forma parte el derecho a una existencia digna en la última etapa de la vida. Y esto es lo que reivindican, para sí mismos y para los que vienen detrás, las columnas de pensionistas que, caminando de norte a sur y de sur a norte, han confluido en Madrid para participar en la protesta  ante el Congreso de los Diputados por la ineficacia demostrada por la clase política a la hora de consolidar el sistema público de pensiones.

Partiendo de Bilbao y de Rota, respectivamente, dos columnas de aguerridos pensionistas han recorrido a pie parte del territorio español para confluir en Madrid y participar en la manifestación estatal en defensa del sistema público de pensiones convocada por la Coordinadora Estatal por la Defensa del Sistema Público de Pensiones, COESPE, el 16 de octubre. La manifestación comenzará en la Puerta del Sol, a las 11 horas, para culminar, a las 12 horas, ante el Congreso de los Diputados.

Estos jubilados caminantes han recorrido cientos de kilómetros en estas últimas semanas y mañana esperan que miles de pensionistas y personas en edad laboral (pensionistas en potencia) acudan a la concentración convocada frente a la Cámara Baja. 

Allí van a registrar un documento con sus principales demandas para que, por enésima vez, les lleguen al Gobierno central y a los distintos partidos. Reivindicaciones que no han variado desde que empezaron a tomar la calle hace ya casi dos años, que pasan por blindar las pensiones como derecho fundamental en la Constitución, por revalorizarlas por ley en función del IPC real, por la derogación de las dos últimas reformas laborales y otras tantas de pensiones, y por una prestación contributiva mínima que sea hoy igual al SMI, 900 euros, hasta llegar a los 1.084 euros recomendados por la Carta Social Europea; piden también que se eliminen los copagos farmacéuticos y que haya suficientes residencias públicas para mayores accesibles y de calidad. 

Los esforzados caminantes reprochan a los líderes de los partidos "que no estén dando en este tema el ejemplo de unidad" que han tenido oportunidad de ver en sus compañeros de formación, sin importar las siglas, en muchos de los pueblos por los que han pasado, donde los han alentado en su marcha hacia Madrid. Y les advierten de que no piensan parar hasta que se atiendan sus reivindicaciones.

Matizando que no se trata de una amenaza ni una exhibición de fuerza sino una demostración de constancia, convencidos como están de que tienen la razón e incorporan a su causa a un número creciente de la población. Porque, en definitiva, a la postre todos somos pensionistas, de facto o embrionarios.