martes, 25 de enero de 2022

Pensiones: un gasto virtuoso

 El Gobierno ha actualizado hoy, en el Consejo de Ministros, las pensiones para 2022, que suben un 2,5% conforme al IPC medio comprendido entre los meses de diciembre de 2020 y noviembre de 2021 según se acordó en la reforma de las pensiones aprobada con el voto en contra del Partido Popular. Las pensiones mínimas, no contributivas y el ingreso mínimo vital se incrementan un 3%. Como ajuste adicional, la nómina de los pensionistas se incrementa en un 1,6%, ya que el 0,9% que decretó el Gobierno para 2021 se quedó muy lejos de la media final del IPC. Pese a todo, un 51% de las pensiones se sitúan muy por debajo del Salario Mínimo Interprofesional. 



Gasto (del lat. vastare, devastar) significa: "Acción y efecto de gastar, es decir, emplear el dinero en algo". Se considera gasto público el que, por todos los conceptos, realizan las Administraciones Públicas conforme a las obligaciones contraídas en sus respectivos presupuestos. El capítulo de gasto social es la parte del gasto público destinado directamente a la redistribución de la riqueza en la sociedad: pensiones, sanidad, educación, etc. Es, por tanto, un gasto virtuoso.

En su despiadado ataque al gasto social, y en concreto al sistema público de pensiones, el neoliberalismo ha construido un galimatías discursivo con el objeto de confundir a la opinión pública. De forma que el gasto social es presentado como un dinero que se sustrae a la economía general por la vía impositiva para después convertirlo en humo no productivo. Un análisis torticero, pues gastar dinero del presupuesto público en medidas de protección social no significa tirarlo a la basura, sino invertirlo en el mantenimiento de la sociedad.

Los trabajadores empleados en servicios no comerciales producen verdaderos valores de uso tanto si trabajan en el mantenimiento de la viabilidad de las carreteras como si lo hacen prodigando cuidados a los enfermos. ¿Por qué razón si una clínica privada se considera un negocio productivo no habría de serlo un hospital público?

El gasto que el Estado realiza en materia de sanidad, educación u otros servicios públicos se destina, en primer lugar, a pagar los salarios de los profesionales que los atienden. Y con esta remuneración dichos trabajadores acuden al mercado general de bienes y servicios, cuya oferta se halla en manos de la iniciativa privada, que obtiene su correspondiente cuota de beneficio. Por otra parte, las administraciones públicas realizan gastos: algunos son simples compras a empresas privadas —como la construcción de una carretera— los otros corresponden a bienes no comerciales.

De este modo, las administraciones públicas realizan desembolsos que no son lucrativos como los de la empresa privada, sino que, atendiendo a las necesidades sociales, invierten, contratan y las impulsan. Muchas industrias obtienen pingües beneficios a cuenta del gasto efectuado por la sanidad pública. Ahí tienen a las compañías farmacéuticas, que en el curso de esta desgraciada pandemia se han forrado literalmente con las ventas supermillonarias de vacunas contra el Covid. 

Lo que distingue fundamentalmente un gasto de una pérdida es precisamente la contraprestación, ya que en el caso de las pérdidas no obtenemos nada a cambio de la salida de dinero, pero sí perdemos dinero o dejamos de recibirlo, mientras que con el gasto recibimos algo a cambio. En concreto, con el gasto social, en primer lugar, se aumenta el Bienestar General de la población. En segundo lugar, se dinamiza la economía a través del flujo circular de la renta.

Cuando se habla de pensiones hay que dejar de referirse a ellas como un gasto. Pues los pensionistas no hacen desaparecer su dinero del conjunto de la economía del país arrojándolo por un sumidero entrópico. Eso, en todo caso, es lo que hacen los evasores de impuestos, ya sean particulares o grandes corporaciones. Por el contrario, en el caso de los jubilados, el dinero de sus pagas es devuelto al sistema económico circular en forma de consumo inmediato: comenzando por la alimentación y mantenimiento del hogar y terminando, en los casos que pueden permitírselo, en actividades de ocio. 

Y si no, pregunten a los profesionales de la hostelería, siempre deseosos de recibir la visita de los jubilados a sus establecimientos. Pregunten también al oligopolio de suministradores de gas y electricidad que pasa puntualmente los recibos de la energía a todos los hogares, aunque en las viviendas de jubilados más humildes sufran la pobreza energética.

Tristes voceros del neoliberalismo: dejad de contar cuentos macabros. Las pensiones no son un gasto sino una forma eficaz de redistribución de la riqueza nacional. Una redistribución solidaria, puesto que durante los momentos más crudos de la última crisis originada por la delincuencia financiera, a menudo, la pensión del abuelo era el único ingreso que había en muchos hogares. A la vez que una redistribución imperfecta desde el momento en  que en la caja de reparto sólo entran las aportaciones de los trabajadores, que en el caso del gran precariado juvenil tienen poco que aportar con sus sueldos de miseria. 

Por otro lado, no hay que olvidar que la mayor parte de los pensionistas españoles percibe unas pensiones demasiado bajas. Un 51% de las pensiones tienen una cuantía muy por debajo del Salario Mínimo Interprofesional. 

Fuente: 65 y más

Estos pensionistas gastan su paga íntegramente en comprar alimentos y un modesto consumo energético destinado a cocinarlos y caldear la vivienda durante la época de frío invernal. O sea, retornando su dinero a las cajas de la industria alimentaria y energética. Un tipo de pobreza característico de las sociedades occidentales es la pobreza energética, consistente en la dificultad o la incapacidad de mantener la vivienda en unas condiciones adecuadas de temperatura a un precio justo. 

Incrementar la paga de los pensionistas más humildes, no sólo es un imperativo moral. También es un signo de astucia económica, pues incrementa el consumo de estos pensionistas dinamizando la economía general del país. La cicatería de espíritu lleva a olvidar el principio económico de la utilidad marginal. Ésta crece más rápidamente en el caso del individuo pobre, puesto que, para él, una unidad monetaria adicional significa mucho más de lo que supone para un rico. Hablando coloquialmente esto puede expresarse diciendo que "un euro en el bolsillo de un rico compra menos que un euro en el bolsillo de un pobre". Para un rico, un euro añadido a su renta habitual apenas tiene poder adquisitivo, pues no da para comprar un Vega Sicilia o un Château Lafite Rothschild. Mientras que, para una persona en situación de necesidad, un euro más significa poder comprar una barra adicional de pan. Con cuya adquisición inyectar de nuevo ese euro en el sistema económico.

Con la actualización anunciada hoy por el Gobierno, la pensión mínima de jubilación para una persona con 65 años, sin cónyuge a cargo, será de 721 euros mensuales. Muy lejos del Salario Mínimo Interprofesional, al que, en justicia, deberían equipararse estas prestaciones. Esperemos que no por la vía de bajar el SMI, como ha prometido Pablo Casado, ese desastre político del que desconfía incluso su propio partido, al que ha convertido en un apéndice de la extrema derecha.(1)


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(1) Se lo ha reprochado públicamente el ex presidente José María Aznar en plena campaña electoral de Castilla y León:  “Muchas veces oigo decir: hay que ganar para que no sé quién llegue al palacio de no sé cuántos… Oiga, la pregunta es: ¿y para hacer qué? [...]. Muchos se agarran a los populismos porque no tienen un referente fuerte en el que confiar"






martes, 18 de enero de 2022

Chad: la pobreza ignorada

Poca gente, a primera vista y sin consultar internet, sabría situar Chad sobre el mapa. Desde la perspectiva europea, este país africano, cuya mayor parte de su territorio se extiende por la desértica aridez del Sahara, es irrelevante a nivel internacional. Formalmente constituido como República de Chad es, de hecho, una dictadura militar. Su principal característica es la pobreza generalizada de sus habitantes. Se sitúa en el puesto 187 de los 189 países analizados en el Índice de Desarrollo Humano de la ONU.  


Geográficamente, pueden distinguirse tres grandes regiones en Chad: la zona desértica del norte, que incluye las montañas del Tibesti; el árido cinturón de Sahel en el centro; y la sabana sudanesa fértil al sur. El lago Chad, del que toma su nombre el país, es el segundo cuerpo de agua más grande de África.

Shaded relief map of Chad, 1991, produced by the U.S. Central Intelligence Agency.

Si ordenamos los países en función de su Índice de desarrollo humano (IDH), Chad se encuentra en el puesto 187 de 189 contemplados en el IDH, que tiene en cuenta tres variables: vida larga y saludable, conocimientos y nivel de vida digno. Por lo tanto, influyen entre otros el hecho de que la esperanza de vida en Chad esté en 54,24 años, su tasa de mortalidad en el 11,91‰ y su renta per cápita sea de 634 € euros anuales.(*)

En contraste con la pobreza generalizada de la mayoría de la población, otra característica de Chad es la de contar con uno de los ejércitos más potentes y experimentados de la región. Experiencia adquirida tanto en las guerras libradas contra Libia y Sudán como en los conflictos internos que periódicamente sacuden al país. Hasta el punto de que el último presidente de la república, Idriss Deby, murió en pleno campo de batalla, en abril de 2021, cuando inspeccionaba sus tropas en el más reciente de los episodios bélicos que son una constante en la historia del Chad. 

Comenzando, en el siglo XIX, por la conquista del territorio a sangre y fuego llevada a cabo por la Misión Voulet-Chanoine enviada por Francia (**) que en 1920 lo incorporó al África Ecuatorial Francesa. En 1960 Chad obtuvo su independencia bajo el liderazgo de François Tombalbaye. En 1965 los levantamientos en contra de sus políticas por parte de las etnias tubu del norte del país culminaron en una larga guerra civil. Así, en 1979 los rebeldes tomaron la capital y pusieron fin a la hegemonía de los cristianos del sur. Sin embargo, los comandantes de los rebeldes permanecieron en una lucha constante entre ellos hasta que Hissène Habré se impuso ante sus rivales, pero en 1990 fue derrocado por su general Idriss Déby.


La economía de Chad depende de la agricultura de subsistencia. Sin embargo, en una de las regiones fértiles del sur, la cuenca de Doba, Logon oriental, hay yacimientos de petróleo. Para obtener la financiación del proyecto extractivo del Banco Mundial, el gobierno se comprometió a emplear el 70 % de los ingresos en la reducción de la pobreza, y de ello el 5% al desarrollo del sur. En 2003 comenzó la producción, el crudo se transporta hasta el puerto de Kribi, en Camerún, por un oleoducto de 1.070 km.

Campo petrolífero de Doba

El petróleo del Chad, cuyo proyecto de extracción había despertado grandes esperanzas para el desarrollo del país acabó convertido en una pesadilla que ha transformado el paraíso en infierno. La explotación del crudo ha destruido el sistema de producción de los habitantes de la zona, privando a los agricultores de sus medios de subsistencia, contaminando las aguas, suelos y aire, dividiendo a la población y sembrando la desesperanza sobre todo en los jóvenes. Las promesas hechas por las compañías y el gobierno no se han cumplido, ni las condiciones de vida de 10 millones de chadianos ni los servicios públicos han mejorado.(***)

Entre las grandes carencias de los servicios públicos se encuentra los de salud. En las zonas expuestas a la radiación solar, las enfermedades oculares suelen tener gran incidencia. Pero para los afectados por ellas no hay otra esperanza de curación que la remota posibilidad de ser atendidos por los oftalmólogos voluntarios que acuden desde Europa.

El oscense Enrique Ripoll es uno de ellos: "Las personas que no pueden ver en Chad, prácticamente no viven", dice este voluntario de la Fundación Ilumináfrica que periódicamente envía equipos a este país para atender a los afectados enfermedades oculares. Algunas de ellas, como la triquiasis o el tracoma, que desaparecieron en Europa hace años, allí marcan la vida de las personas. Algo tan simple como la graduación de la vista y unas gafas, les cambia su perspectiva, ya que, para ellos, "la vista es la vida". 

Ripoll recuerda el relato de una mujer que padecía una patología ocular incurable. Tras comunicárselo, una monja que le acompañaba le hizo entender al oscense que la situación era más grave de lo que creía. "Su marido ahora la devolverá, porque para él no sirve, y sus padres la dejarán en un rincón, porque tampoco les hace falta". 

Al autor de este blog, que hace años realizó un viaje por las regiones saharianas de Chad (descrito aquí) el asunto oftalmológico le interpela personalmente por haber sufrido sendos desprendimientos de retina en ambos ojos. Soy plenamente consciente de que si yo fuera un chadiano del montón hoy estaría ciego. Sin embargo, en España, en los dos severos episodios pude ser intervenido con éxito por el Dr. Ramón García Cruz, un competente oftalmólogo de los servicios públicos de Salud de Madrid. Servicios que hoy se encuentran cada vez más deteriorados por las agresivas políticas contra lo público del Partido Popular. 

Lo primero que hay que reconocer es que, comparado con la existencia cotidiana de la mayoría de la gente africana, vivir en la órbita del Estado del Bienestar europeo es un privilegio a escala global. Reconocimiento que no tiene que ir aparejado con ningún complejo de culpabilidad sino con la firme reivindicación de un derecho, como es el derecho a la salud, que aspiro a que se convierta en universal. Es la primera formulación del imperativo categórico kantiano o 'regla de oro' de la ética: Actúa de tal modo que puedas igualmente querer que tu máxima de acción se vuelva una ley universal.


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(*) El Índice de desarrollo humano (IDH) es un importante indicador del desarrollo humano que elabora cada año Naciones Unidas. A diferencia de los que exclusivamente medían el desarrollo económico de un país, analiza la salud, la educación y los ingresos. 

(**) La Misión África Central-Chad, conocida como Misión Voulet-Chanoine, fue una expedición francesa de conquista colonial de Chad, dirigida desde enero de 1899, por los capitanes Paul Voulet y Julien Chanoine. Marcada por numerosas masacres y por la pérdida total delcontrol de las autoridades francesas sobre los dos oficiales, esta sangrienta expedición constituye un ejemplo paroxístico de la violencia ligada a las conquistas coloniales. Este episodio de una conquista colonial enloquecida inspiró a Joseph Conrad para escribir su obra maestra: El corazón de las tinieblas, ambientada en la cruel explotación de los recursos del Congo por la compañía particular del rey Leopoldo de Bélgica. 

(**) La mayor parte de las aldeas de la región de Doba tenían una buena producción agrícola. Las familias tenían sus bueyes, carros, bicicletas y un techo de chapa en sus casas. Hoy la prosperidad no es más que un recuerdo y las más de 4.000 familias afectadas han quedado abandonadas a su suerte. El Consorcio de explotación de ESSO ha adquirido más del 60 % del espacio cultivable de la zona para sus múltiples instalaciones que han superado con mucho las previsiones. Las infraestructuras petroleras ocupan superficies cultivables y reducen el espacio vital de la población. Se entremezclan los campos de cultivo con las infraestructuras petroleras. En 25 pueblos, hay un total de 1.112 pozos, 27 colectores, 6 unidades de recogida y 34 canteras. Las poblaciones han sido desplazadas; la superficie cultivable muy disminuida; los pueblos se han quedado enclavados en medio de las instalaciones petroleras. Los lugares sagrados han sido desacralizados. Sabana, bosques, ciénagas y terrenos en barbecho de más de un año son captados sin ninguna compensación.

Los campesinos ya no pueden practicar el barbecho, con lo que la tierra se agota y la producción disminuye. Además, sus movimientos quedan muy restringidos dentro de su propia tierra (prohibición de salir por las noches) a causa de la vigilancia de las instalaciones petroleras. Pese a las numerosas líneas de alta tensión que recorren la región, los pueblos y las aldeas no tienen electricidad e incluso las grandes ciudades están con frecuencia a oscuras. Camiones cisterna llenos de agua circulan continuamente, pero los pueblos no tienen agua potable. Informe Umoya