sábado, 13 de abril de 2019

Rebelión a bordo de la nave Tierra contra la pasividad de los dirigentes políticos ante la crisis medioambiental


Un nenúfar en un estanque dobla su tamaño todos los días. Sabiendo que necesita treinta días para cubrir toda la superficie del estanque, asfixiando toda forma de vida acuática, ¿cuándo habrá cubierto la mitad, última oportunidad para evitarlo? La respuesta, pese a su evidencia, es sorprendente: es en el vigésimo noveno día.

La parábola del nenúfar, propuesta por Robert Lattes, ilustra muy bien la magnitud de los riesgos medioambientales del planeta. La planta duplica su tamaño cada día. Si se le permitiera al nenúfar crecer sin limitaciones, cubriría completamente el estanque en el plazo de 30 días, ahogando a cualquier otra forma de vida que pudiera haber en el agua. 

Durante un largo periodo de tiempo, la planta parece pequeña, por lo que nadie se preocupa excesivamente por su crecimiento hasta que ha cubierto la mitad del estanque. Para entonces, puede que sea demasiado tarde para actuar, pues no se dispone más que de veinticuatro horas para tomar las medidas adecuadas. Dado que duplica su tamaño diariamente, el nenúfar ocupa la mitad del estanque el día vigésimonoveno. Al día siguiente lo habrá cubierto por completo.

Los actuales poderes políticos y económicos son conscientes de que se nos acaba el tiempo, pues desde hace más de treinta años las Naciones Unidas y el mundo científico vienen advirtiendo que la especie humana se dirige hacia la catástrofe si no se eliminan de forma drástica las emisiones a la atmósfera de gases de efecto invernadero. Por el contrario, estas emisiones se han incrementado en un 70% desde la primera revolución industrial, y siguen aumentando. Esto supondría un inmenso fracaso en la historia de la humanidad, en la medida en que nos enfrenta al colapso de nuestra civilización, a la muerte de miles de millones de personas en todo el planeta y a la extinción de millones de especies, incluida la nuestra.


Pese a las evidencias acumuladas en cada memorándum de información privilegiada que llega a los despachos de las élites dirigentes del mundo, estas prefieren mentir a la opinión pública. Antes de adoptar medidas correctoras, necesitan ganar tiempo para acomodar sus propios intereses. Su actitud es parecida a la oficialidad de un barco que, ante la inminencia de colisión con un iceberg, no alertara al pasaje. Temiendo que, una vez desatado el pánico generalizado, no quedaran plazas para los dirigentes en los botes de salvamento. De una forma inmoral, mientras ellos aprestan la puesta en punto de sus propios salvavidas, mantienen la navegación a toda máquina y lanzan falsos mensajes tranquilizadores a los viajeros: "No se preocupen, señoras y señores, la situación está bajo control; pasen a la sala de baile y diviértanse, el Titanic ha sido construido a prueba de colisiones".

Los pasajeros de la nave Tierra no podemos permitirnos correr la misma suerte que los desgraciados náufragos del Titanic. De nuestra capacidad de rebelión contra los espabilados idiotas que manejan el gobernalle del navío, depende que podamos modificar, o no, el futuro de una tremenda colisión con los límites físicos que aparecen en el horizonte. No es preciso aguardar a que aparezcan grandes líderes que encabecen el motín. Cada uno de nosotros, desobedeciendo desde nuestra modesta silla de cubierta, negándonos a danzar en el baile de la estupidez, podemos conseguir que una rebelión general a bordo del amenazado planeta Tierra detenga la desbocada maquinaria del actual modelo de producción. 

A la vista de la pasividad de los gobiernos del mundo ante la gravísima situación de crisis ecológica y civilización a la que estamos asistiendo, se hace evidente la necesidad de que la sociedad civil global asuma su responsabilidad y se rebele ante ellos, bajo la exigencia ética de no legar un planeta moribundo a las generaciones más jóvenes que ya habitan la Tierra.

Aquí y ahora, en España, los partidos políticos andan enredados en una campaña electoral en la que, en lugar de abordar propuestas acordes a la realidad, incluida las crisis social y medioambiental, hablan de cuestiones surrealistas como la integridad de la patria. ¿Qué clase de patria real nos quedará a sus habitantes si por falta de coraje político para tomar medidas, por ejemplo, tanto contra la desertización como contra la desertificación, la conjunción de ambos procesos acaba devastando la península Ibérica? 


Estos, Fabio, ¡ay dolor!, que ves ahora
campos de soledad, mustio collado,
fueron un tiempo Itálica famosa. (*)

Frente a esta inactividad de la política oficial, algunos sectores del activismo social comienzan a plantear acciones de desobediencia civil. Una forma legítima de actuación política por parte de la ciudadanía.

Alguien comete un acto de desobediencia civil, si y sólo si, actúa de manera ilegal, pública, sin violencia y conscientemente, con la intención de frustrar las leyes, políticas o decisiones de un gobierno.

Es el caso del grupo XR, formado por personas del territorio español que han decidido sumarse a la rebelión internacional no violenta contra la extinción de especies y las crisis ecológica y existencial. Son parte de Extinction Rebellion, movimiento que surgió en Reino Unido, impulsado por RiseUp, y que se ha ido extendiendo por numerosos países, conformando una red coordinada a escala internacional. Según manifiesta este grupo:

El pasado 8 de abril, nos declaramos en rebelión no violenta ante la negligencia criminal de nuestros Gobiernos al no abordar la crisis climática y ecológica que estamos viviendo. Anunciamos que la rebelión global contra la extinción comenzará el día 15 de abril de 2019, y se prolongará en el tiempo cuanto sea necesario hasta que los poderes políticos y económicos se decidan a tomar las drásticas y urgentes medidas necesarias.

La primera acción de desobediencia civil se llevará a cabo el próximo 15 de Abril de 2019 contra una entidad de alta responsabilidad en la actual emergencia climática. Con la acción de desobediencia civil reivindican sus tres demandas:

Verdad. Los gobiernos deben decir la verdad sobre la gravedad y urgencia climática en la que nos encontramos.

Acción. El gobierno debe promulgar medidas de política legalmente vinculantes para reducir las emisiones de carbono a cero neto para 2025 y reducir los niveles de consumo.

Democracia real. Asambleas Ciudadanas para supervisar los cambios, como parte de la creación de una democracia adecuada para el propósito.


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(*) A la Ruinas de Itálica. Rodrigo Caro (1573–1647)







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