lunes, 9 de mayo de 2011

Elecciones 2011: la parada de los monstruos


La degradación de la vida política española tiene su correlato en una campaña electoral que recuerda cada vez más el desfile de monstruos retratado por el cineasta Browning. Si antaño se consideraba monstruosa alguna dimensión corporal exagerada por un desvío de la naturaleza, la exageración del tamaño de las administraciones autonómicas han dado lugar a una clase política hipertrofiada. Y monstruosa, sobre todo, en razón de la inmoralidad y el cinismo del que hacen gala ciertos candidatos a presidir Comunidades Autónomas, que a fuerza de desmesura deberían figurar en el elenco de Freaks.


Ayer mismo, Esperanza Aguirre, candidata a repetir como presidenta de la Comunidad de Madrid, anunciaba a bombo y platillo una medida estrella de su programa electoral: "Quien no pueda pagar la hipoteca de su casa entrega las llaves al banco, y saldará la deuda". Es decir, lo que se conoce como hipotecas a la americana.

Es innegable que la dación en pago como forma de cancelar una deuda hipotecaria sería una medida de justicia para evitar la horrorosa extorsión legal que los bancos ejercen sobre las personas que, atrapadas en la crisis económica provocada por las propias entidades financieras, no pueden hacer frente al pago de la hipoteca. Pero el caso es que tanto la Ley Hipotecaria como su Reglamento son de competencia estatal. Una Comunidad Autónoma no puede reformar nada al respecto.


Esperanza Aguirre durante el anuncio de su medida estrella. Foto: Marta Jara /PUBLICO
Al día siguiente de anunciar la medida a bombo y platillo, Aguirre admitió no tener competencias sobre las hipotecas. O sea que, si la condesa de Murillo desconocía este dato es que es una pésima administradora de la cosa pública. Y si lo conocía, es que es una solemne impostora. Tanto o más que su correligionario Francisco Camps, que se presenta igualmente a la reelección como presidente de la Comunidad Valenciana, pese a estar imputado en un caso tan correoso como el de la Gürtel.

Según la investigación asumida por la Fiscalía Anticorrupción
, la red dirigida por Francisco Correa y Álvaro Pérez, El Bigotes, hizo regalos a las cúpulas del PP y el Gobierno regional (lo que supone un delito de cohecho pasivo) al tiempo que saqueaba las arcas públicas valencianas con la connivencia de altos cargos de la Administración autonómica. Y que, al mismo tiempo, la trama corrupta colaboró electoralmente con el Ejecutivo popular al servir de vehículo a las aportaciones ilegales que ocho constructoras hicieron a las dos últimas campañas electorales.

Por derecho propio, tanto Aguirre como Camps, se han ganado a pulso el mérito de figurar en un próximo remake de la película
Freaks, de Tod Browning.

Algunos personajes de Freaks.

Personajes pintorescos los ha habido siempre en política. Por ejemplo, José de Acuña, promotor y único militante de Mesocracia Universal, partido político por el que se presentó a las elecciones generales de 1936 en Jaén. Si bien, comparado con Aguirre o Camps, Acuña era un ciudadano ejemplar. Al que, mientras no se demuestre lo contrario, le cabe el honor de haber sido el primer político español defensor de un ingreso universal. Aunque sus términos no coincidieran exactamente con la actual propuesta de una Renta Básica de Ciudadanía.

José de Acuña era un rico propietario que se aburría en el campo y necesitaba una coartada sólida para instalarse en Madrid y divertirse lejos de los predios de labranza. En un breve relato biográfico, dice de él Rafael Torres (1) que: “Rico por herencia, no lo era, en cambio, de esa manera rapaz, desalmada, insultante y pistoleril de los hacendados españoles de su época, y pasaba el tiempo leyendo novelas exóticas de Pierre Benoit e inventando tractores con patas articuladas”. No nos consta que este caballero hubiera leído a Thomas Paine o a Fourier, pero el caso es que, ya fuera por haber oído campanas sobre el particular o bien de caletre propio, este conspicuo y fabulador político propuso, en los años treinta del siglo XX, una renta básica “en especie” suministrada por el Estado. Esta canasta de productos elementales venía a ser el corolario de su pintoresca teoría de la Mesocracia Universal, que Acuña resumía así:

«El vocablo mesocracia figura en el diccionario de la lengua castellana y significa dominio de la clase media. De la clase media económica, entendámonos. Al utilizarlo, le he querido dar una nueva acepción; no me refiero a la clase media económica, sino a la clase media intelectual, pues para mí las sociedades civilizadas no pueden dividirse ni se dividirán en el porvenir en más clases que las siguientes:

»1. Anormales positivos o aristócratas de la inteligencia, que son aquéllos que se distinguen de sus semejantes por una cualidad especialmente positiva. Son anormales positivos o aristócratas los genios de la Ciencia y del Arte, profesores ilustres, músicos, escritores e incluso toreros, cuando son muy buenos. Esta categoría social constituye una minoría reducidísima. Son indispensables a la Humanidad, puesto que sin ellos no podría progresar en ningún sentido, ni tampoco recrearse en lo superfluo, objetivo esencial de nuestra existencia. Y son peligrosos, si se les deja en completa libertad, por su egolatría.

»2. Normales relativos o mesocracia. Son los relativamente equilibrados. Constituyen la mayoría del género humano, más del ochenta por ciento. Son las hormigas que trabajan, piensan, sufren por vivir lo mejor posible. Y sólo aspiran a esto: conseguir vivir bien gobernados.

»3. Anormales negativos o eskatocracia, que son aquéllos que no tienen ninguna cualidad positiva, y todas negativas, y que constituyen lo que puede llamarse residuos o desperdicios de la sociedad.

»Pues bien, como teoría política, la mesocracia significa que los únicos que tienen el derecho y el deber de gobernar son los componentes de la mesocracia, pero no directamente, sino por medio de la aristocracia, teniéndola a su servicio, exigiéndole constantemente que cumpla con su deber. El día que los ministros se recluten como las cocineras, y se despidan con la misma facilidad cuando cometen algún desaguisado, será el día en que la Humanidad empezará a redimirse de las terribles angustias que le abruman ahora».


Con teorías de esta índole, Acuña se había ganado a pulso la antipatía de los círculos políticos de la época, en los que era objeto de despiadadas burlas. Nadie hubiera apostado un céntimo por su candidatura, y menos cuando el mesocrático ingeniero optó por utilizar un jeroglífico como reclamo de propaganda electoral. Pero Acuña, que podía ser todo lo fantasioso que se quiera pero no tenía un pelo de tonto, se venía gastando desde 1931 un buen dinero en pasquines, carteles y folletos. De forma que, cuando se convocaron los comicios de febrero de 1936, cualquier habitante de la provincia de Jaén sabía de sobra que el cuchillo, el tenedor y la cuchara flanqueados por las letras M y U del jeroglífico significaba Mesocracia Universal.

Y para la gente del común, la filosofía de Mesocracia Universal se traducía en un principio fácilmente entendible: «El hombre civilizado tiene el perfecto derecho de vivir sin trabajar», sentenciaba Acuña: «A simple vista, resulta sugestivo para los vagos y divertido para todos, si se piensa, como pensamos la mayoría, en la vida plena y completa del hombre moderno. Pero no es eso. El teorema habla de vivir, de subsistir, pero no de gozar. A vivir tenemos derecho todos los hombres por el mero hecho de haber nacido, pero a gozar sólo lo tienen y tendrán los que sepan conquistar los goces con su esfuerzo y con su trabajo personal». Por tanto, sostuvo Acuña que:

El derecho general a existir debería garantizarlo el Estado, proporcionando a todos un mínimo de alimento, vestido y cobijo. Para el goce se necesitaría el plus que habría de fabricar cada cual.

Es decir, mientras trabajar para vivir y luchar por lo necesario es un suplicio porque es forzoso, trabajar para gozar y pelear por lo superfluo es un placer porque es voluntario. Por cierto, las ascéticas prestaciones garantizadas por el Estado Mesocrático bastarían para tumbar el argumento de que nadie trabajaría con un ingreso básico. Pocos lujos cabían dentro de la elemental canasta diseñada por José de Acuña: «El alimento podría ser una papilla nutritiva, pero no apetitosa, puesta gratuitamente a la disposición de todos por medio de surtidores parecidos a los que ahora se usan para el suministro de gasolina a los automóviles, estratégicamente distribuidos por toda la superficie del Planeta. De tal modo que cualquier ser humano, andando por el mundo por sus propios medios, podría proveerse del alimento necesario con la frecuencia conveniente a su bienestar fisiológico. Los vestidos serán sencillos y feos, frescos en verano y de abrigo en el invierno, y no servirán, desde luego, para hacer conquistas, sino que, al contrario, estarán hechos de forma que desee uno quitárselos pronto. Las viviendas, con las habitaciones imprescindibles, serán modestas y reducidas».

G
acias a los 136.000 votos que su candidatura consiguió en la circunscripción jiennense, José de Acuña, promotor y único militante de Mesocracia Universal, obtuvo un escaño de diputado en las Cortes.

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(1) Torres, Rafael: El asesino de Sintra y otros europeos olvidados, Calambur, Madrid, 1996.

viernes, 6 de mayo de 2011

Gentuza: el lumpenfinancierato

Esa pandilla que se ha apoderado de las riendas de la economía, ante la cada vez más pasiva postura de los gobernantes, recuerda a la caterva de "timadores, saltimbanquis, carteristas, rateros, jugadores, dueños de burdeles..." que integraban el lumpenproletariado. Esa banda organizada de delincuentes financieros que ha originado la crisis actual no puede ser calificada con el noble adjetivo de emprendedores. Al igual que sus altos asesores, son una especie de lumpenfinancierato.
O, simplemente, gentuza.


Lumpenproletariado es una voz que ha caído en desuso en el vocabulario político actual. Con ella se designaba a la capa más baja del proletariado industrial, que por su falta de preparación cultural y cualificación laboral se ve obligada a aceptar los empleos más degradantes y peor remunerados. Y en razón de sus bajo nivel cultural incapacitadas para llevar a cabo una acción política. En El 18 de Brumario de Luis Bonaparte, Karl Marx traza una descripción del lumpenproletariado (lumpenproletariat) incluyendo en esta categoría a: "Vagabundos licenciados de tropa, licenciados de presidio, esclavos huídos de galeras, timadores, saltimbanquis, lazzaroni (granujas), carteristas, rateros, jugadores, maquereaux (proxenetas), dueños de burdeles, mozos de cuerda, escritorzuelos, organilleros, traperos, afiladores, caldereros, mendigos".

La figura del lumpenproletariado ha desaparecido de los discursos políticos, en los que ni siquiera se habla de proletariado. En parte, porque ya no hay proletarios en sentido estricto: esa masa de ciudadanos pobres desprovistos de otros bienes que no fueran la fuerza de trabajo de su, por lo habitual, numerosa "prole" o descendencia. De ahí el nombre (proletarius) que recibía en la Antigüedad aquel que sirve al Estado no con sus propiedades, sino con sus hijos.

Marx señaló que: "Por proletario ha de entenderse, en el sentido económico, el obrero asalariado que produce y valoriza capital, y que es lanzado a la calle no bien se vuelve superfluo para las necesidades de valorización de Monsieur Capital [...]. El enfermizo proletario de la selva virgen es una gentil fantasía [...]. El habitante de la selva virgen es propietario de ésta y la trata como su propiedad, de la misma manera despreocupada como lo hace el orangután. No es, pues, proletario. Este sería el caso sólo si la selva virgen lo explotase, en vez de explotarla él".

El marxismo creyó que el proletariado sería la principal fuerza motriz revolucionaria del proceso histórico de transición del capitalismo al socialismo: "la burguesía produce sus propios sepultureros ya que, al concentrar a los obreros, crea las condiciones para el nacimiento de una clase proletaria encargada de llevar a cabo un proceso revolucionario de emancipación".

Hoy por hoy, sabemos que el proletariado ha desaparecido como colectivo social dotado de "conciencia de clase" encaminada a dotarse de instrumentos políticos destinados a poner fin a esa explotación. Su lugar ha sido ocupado por el precariado, esa cada vez más numerosa clase social a la que pertenecen los asalariados cuyo trabajo se desarrolla en el más absoluto desamparo: contratos temporales, bajos salarios, sin derecho a disfrutar de vacaciones ni días de descanso pagados. Sujetos, a menudo, a contratos leoninos en los que les obligan a firmar la baja por despido antes de darles el alta en el empleo.

El precariado configura la nueva forma de fuerza de trabajo: intercambiable en cuanto a las tareas, inmaterial en cuanto a los contenidos y flexible en cuanto a las prestaciones. Se mueve en la inestabilidad de un escenario conformado por las transformaciones de las dos últimas décadas del siglo XX: procesos de reestructuración de los mercados de trabajo y de los estatutos de empleo, así como modificaciones tecnológicas de los procesos productivos.

En el extremo opuesto de las relaciones sociales, lo que se estila hoy es una clase detentadora del poder cuya forma de apropiación de la riqueza pasa directamente por el ejercicio de la sinvergonzonería. Grandes empresarios que se llenan la boca defendiendo las virtudes del libre mercado, pero que obtienen sus ganancias gracias a chupar del presupuesto del Estado a base de adjudicaciones de obra o servicios públicos. Banqueros que, tras llevar a sus entidades al borde de la quiebra, son salvados por el dinero del contribuyente. Hace poco citábamos aquí el caso de Rodrigo Rato, que defiende alargar la edad de jubilación de todos los españoles mientras acomete un plan de prejubilaciones a mansalva en Cajamadrid, la entidad que actualmente preside.

Por si fuera poco, en un momento en que toda la prensa económica se rasga las vestiduras ante la elevadísima cifra de paro en nuestro país, es el propio Banco de España el que acaba de instar al sector bancario a acometer mayores reducciones de plantilla para frenar el desplome de los márgenes. En su Informe de Estabilidad Financiera semestral, esta es la única receta que ofrece el supervisor para sobrevivir a un 2011 que admite que será muy complicado para el sector.

"A pesar de la moderación en los gastos de explotación, las entidades tienen que hacer esfuerzos adicionales para reducirlos, en la medida en la que son el resorte de la cuenta de resultados que puede ser más eficaz para compensar el estrechamiento del margen de intereses y unas necesidades de provisiones, decrecientes, pero todavía elevadas. Asimismo, y con diferencias entre ellas, las entidades habrán de corregir los excesos de capacidad instalada", señala el informe. No puede ser más claro: en términos contables, el principal coste de explotación es el de personal.

Esta pandilla de gestores que se han apoderado de las riendas de la economía, ante la cada vez más pasiva postura de los gobernantes, no merece el noble calificativo de emprendedores. Esa banda organizada de delincuentes financieros que ha originado la crisis actual si a algo se asemeja es a esa caterva de "timadores, saltimbanquis, granujas, carteristas, rateros, proxenetas y dueños de burdeles..." que Marx incluye en su retrato del lumpenproletariado. Podríamos considerarlos como una especie de lumpenfinancierato.

Pero no pretendo establecer nuevas definiciones. El diccionario está lleno de palabras, y una de ellas sirve a la perfección para englobar a los sinvergüenzas que, desde sus privilegiadas posiciones, contribuyen a precarizar, cada día un poco más, las condiciones sociales. Y esa palabra es gentuza, o sea, "grupo o tipo de gente que es considerada despreciable".

Hay quien establece mapas de situación de radares de control de velocidad en carretera para evitar ser sancionados. Resulta imprescindible que los ciudadanos que todavía conservamos cierto decoro moral, confeccionemos el mapa de situación de la gentuza económica española. Mera cuestión de seguridad, para transitar evitando ser asaltados.

Ruego la colaboración de los lectores de este blog, para llevar a cabo esta tarea.


PS: hablo de gentuza, no de yakuza. Aunque vaya usted a saber.