El periódico debería recordar que la artillería no se saca para aplacar, sino para aplastar al contrario (ablandar el terreno, según el eufemismo militar). ¿Recuerdan los bombardeos de la OTAN sobre Yugoslavia que duraron desde el 24 de marzo hasta el 10 de junio de 1999. En aquella operación de castigo se usaron 1.000 aeronaves operando desde bases situadas en Italia y portaaviones en el Mar Adriático. Los misiles más usados fueron los tomahawks, lanzados desde aeronaves, barcos y submarinos. Durante las diez semanas que duró el conflicto bélico los aviones de la OTAN realizaron 38.000 misiones de combate.
Eso es un ejemplo de cómo sacan la artillería los Estados cuando les conviene. Pero, aparte de lo ridículo del mentado titular, la verdadera cuestión que hay que plantear es la de por qué los Estados cuya deuda pública se encuentra amenazada por los mercados no les plantan cara haciendo uso de los poderosos medios de que disponen. Pues los mercados no son ectoplasmas, manos invisibles u otras potencias ultraterrenas e intangibles. Los mercados a los que se trata de aplacar, no con artillería sino con vergonzosos actos de vasallaje, son el gran agregado monetario constituido por los fondos de pensiones y de inversión donde, quienes pueden permitírselo, depositan sus ahorros, convirtiéndose en los principales acreedores de las deudas soberanas.
Resulta dramáticamente irónico que los fondos de pensiones que se constituyen con el ahorro de los trabajadores de unos países se destinen a precarizar la situación de los pensionistas de otros países. Y es que, en la práctica, el capital no tiene rostro: está diluido en esos pequeños e invisibles corpúsculos denominados "acciones" o "fondos de inversión". A través de los complejos mecanismos inventados por los gestores de los mercados financieros, esos corpúsculos van cambiando de manos y de forma.
Conforme a la lógica del mayor beneficio, los gestores de estos patrimonios no los administran atendiendo a criterios sociales. Persiguiendo la mayor rentabilidad del fondo canalizan el ahorro hacia las Bolsas de valores. De manera que el ahorro ya no se destina a respaldar industrias productivas, sino que, en buena parte, se convierte en materia de especulación. Y sus gestores, los bancos y sus agencias, son los que se están cebando sobre los títulos de la deuda soberana del Estado español.
Una vez que hemos comprobado que, por desgracia, los Estados no están dispuestos a combatir al poder financiero, sino a aplacar sus continuas exigencias de recortes de la protección social, nos nos dejan a los ciudadanos otra salida que la de la acción directa.
No se entienda esto como una llamada a la ruptura de lunas de las sucursales bancarias, un acto de vandalismo propio de cerebros primarios que actúan a impulsos de la herencia recibida de los reptiles: el hipotálamo. Entiéndase como un acto consciente de represalia no violenta, que se sustancia en la retirada de las cajas bancarias de nuestro dinero. "Es normal que la gente decente se plantee sacar su dinero de bancos que lo usan para hundir a las economías y extorsionar a los gobiernos", afirma el catedrático de Economía, Juan Torres López.
Una medida en este sentido es la propuesta del conocido futbolista Eric Cantona, que ha convocado en Francia, con vocación mundial, un movimiento popular para retirar el dinero de los bancos el próximo día 7 de diciembre de 2010.
Si esto se hiciera masivamente, los bancos no tendrían liquidez suficiente para devolver los depósitos a sus clientes porque la banca occidental opera con un sistema llamado de reservas fraccionarias. Esto significa que de todo el dinero que ingresa un cliente sólo conserva alrededor del 2% más algunos porcentajes adicionales dependiendo de la regulación de cada país). Retirar el conjunto de depósitos resulta engorroso para la mayoría de la gente, pero retirar al menos el saldo de la cuenta corriente con el dinero de la nómina, pensión o subsidio por desempleo, y pagar nuestros gastos en metálico, ya significaría un primer toque de atención a los bancos para que vayan pensando en pagar lo que deben a la sociedad.
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Dos premios Nobel de Economía piden que se meta en la cárcel a los banqueros
Economistas como Joseph Stiglitz y George Akelof vienen diciendo durante los últimos meses y en repetidas ocasiones que "es imposible resolver la crisis económica sin que los criminales que cometieron el fraude estén en la cárcel".
El Nobel de economía George Akerlof ha criticado que no se castigue a los delincuentes de cuello blanco y que se facilite con las nuevas medidas económicas las condiciones para comenter este tipo de delitos, lo que provocará mayor destrucción de la economía en el futuro.
El también Nobel de Economía Joseph Stiglitz denuncia que el sistema está diseñado para fomentar ese tipo de cosas, y que las personas que han tenido la mayor responsabilidad en la situación actual no están siendo sancionados, y aunque se les multara con un 5% o 10% de las ganancias que han obtenido, seguirían viviendo en sus lujosas casas y con sus cientos de millones de dólares.
"El sistema está diseñado para que si te pillan, la multa sea sólo un número muy pequeño comparado con el fraude cometido. Es como una multa de aparcamiento, a veces tomas la decisión de aparcar en un sitio a sabiendas de que podrían ponerte una multa", señala el premio Nobel, que asegura que habría que meter a muchos de los responsables en la cárcel".
"¿Vamos a confiar en quienes nos metieron en esta situación para sacarnos de ella? Ellos reconocen que no han hecho bien las cosas pero que su comprensión de la situación es buena. Si creen esto, estamos en un lío, lo siento"



